VIOLENCIA VIRTUAL. LA ´CIBERGUERRA´.

Los cañonazos suenan cerca

La guerra cibernética más parecida a la ´real´ surgió precisamente donde el planeta está caliente: el Oriente Medio.

Parece ciencia ficción... hasta que una de esas explosiones “virtuales” se materializa abriéndote la carne.

La ciberguerra llegó. El campo de batalla ganó otra dimensión, como la televisión 3D, porque ahora los eventos en la web saltan del monitor y, literalmente, te tocan.

Son buenas y malas noticias, según la trinchera en que estés. Para los regímenes (políticos y/o económicos) autoritarios son malas, para los subyugados y descontentos, son buenas.

El caso es que la ciberguerra se está librando ya.

Las noticias no paran de llegar, se siguen reportando ataques, incursiones y sabotajes cibernéticos a los que todos recurren en defensa de sus ideales (o intereses, como diría el cínico).

Los ejemplos abundan. La llamada Primavera Árabe habría sido impensable sin las vías que proporcionaron internet y las redes sociales.

Los sátrapas no lo vieron venir. Cosa que sí previó China, que como en casi todo en la historia humana, pensó y realizó primero.

Hace años que el Gobierno chino vigila con mano de hierro, mientras muestra al resto del mundo su mejor sonrisa y ofrece su “amistad”. No hay tal cosa como una internet libre allí. En cierta forma Shi Huangdi (el primer emperador) parece a cargo. El poder chino, ahora más económico que militar, ha conseguido doblegar a los grandes de la red.

La última colina tomada ha sido Twitter, que la pasada semana anunció que instalaría “filtros” de contenido para “cumplir con la legislación vigente en cada lugar”, y aunque los usuarios se han declarado “traicionados”, el brillo del oro tras la gran muralla china es un gran aliciente para el negocio de los tweets.

Un toque de humor: los tuiteros usaron la misma plataforma Twitter para criticarla, proponer un boicot a la compañía y exigir una rectificación.

Eso es cuando la amenaza está adentro y el régimen intenta sostenerse. Pero la ciberguerra también sirve al enemigo externo y sus “quintacolumnas”.

El 30 de enero, la agencia de noticias EFE reportó que un estudio de la compañía de seguridad McAfee mostraba la preocupación que cunde entre los expertos de seguridad global.

57% de los que consultó opina que se está produciendo una “verdadera carrera armamentística” en el ciberespacio y advierte que la ciberseguridad es más importante que la defensa antimisiles. Es más, 45% de los consultados (80 expertos en seguridad de 27 países y 250 líderes de 37) dijeron que la ciberseguridad es tan importante como el control de las fronteras. Comprensible, si se toma en cuenta que un ataque cibernético es el equivalente a una invasión.

Los recientes ejemplos son elocuentes. La guerra cibernética más parecida a la “real” surgió precisamente donde el planeta está caliente: el Oriente Medio.

Piratas informáticos, que se presume son árabes, consiguieron asestar varios golpes en territorio israelí. Consiguieron neutralizar temporalmente la Bolsa de Tel Aviv, la compañía de aviación El-Al, el First International Bank de Israel, y al menos dos hospitales.

Las incursiones consistieron principalmente de ataques DDoS (Distributed Denial of Service o negación de servicio), con lo que no se dañó a los servidores.

Y esto a pesar de que Israel está considerado como uno de los países más seguros, según el informe publicado por la Security and Defence Agenda, con sede en Bruselas y reportado por el Financial Times.

En el plano de la rebelión contra el stablishment, la ciberguerra ha encontrado un terreno fértil. Los bancos se han convertido en un blanco apetitoso porque están en el corazón del sistema.

En Brasil sacaron de internet la página web del banco Itaú Unibanco, el mayor banco privado, advirtiendo que es solo el inicio de una ola de ataques a páginas de instituciones financieras.

Y el famoso Anonymous ha amenazado con abrir fuego contra las iniciativas de regular los contenidos en la red.

Los cañonazos ya suenan cerca.

Fuego virtual en Oriente Medio

La amenaza del fuego virtual en Oriente Medio se ha materializado. El primero que probó el aguijón cibernético fue Irán. La incursión del virus Stuxnet logró paralizar las centrifugadoras y ralentizar su programa nuclear. El sabotaje “complementó” la presión de occidente que teme que el interés iraní en la fuerza del átomo sea todo, menos pacífico.

El otro blanco es Israel, algunas de cuyas instituciones clave: Mossad, bancos, hospitales han sido alcanzadas con ataques DDoS (Distributed Denial of Service). Frente a esta amenaza muy real, Israel se armó con uno de los mejores escudos del mundo para enfrentar los mil ataques que sufre cada minuto, según un estudio de Security and Defence Agenda. Además, los israelíes tienen una Autoridad Nacional de Defensa Cibernética, que depende de la Oficina del Primer Ministro.

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