HISTORIA. LAS SALAS DE CINE EN PANAMÁ.

Los cines, en el tiempo

Desde los sencillos teatros de hace 100 años hasta los complejos de salas de hoy, los cines tienen un lugar especial en la vida del panameño.

El recién clausurado cine Alhambra de vía España era como el último mohicano del escritor estadounidense James Fenimore Cooper.

Era el único en la ciudad que seguía en pie (o de rodillas) bajo el concepto del puñado de cines/teatros de hace un centenar de años, concebidos para proyectar exclusivamente lo mejor y lo peor del séptimo arte.

Los complejos de cine que quedan manejan otra fórmula; forman parte de la oferta de los centros comerciales modernos.

Así, con el cierre del Alhambra, se termina una etapa en la historia de las salas de cine panameñas.

Cronología

La primera sala que se abrió en la vida republicana del país fue en 1910. Sara Bernard era su nombre, según recoge el libro Breve historia del cine panameño, de Edgar Soberón Torchía y César del Vasto.

Unos años después fueron apareciendo más cines/teatros. Hasta entonces, la magia y la quimera que suponían las imágenes en movimiento, solo se proyectaban en carpas.

En las páginas amarillentas y deshechas del ejemplar del Diario de Panamá del 1 de septiembre de 1913, el más añejo de todos los periódicos de la hemeroteca de la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero, no figuraba nada que se pareciera a la cartelera de hoy con sus cines, pero en junio de 1915, en La Estrella de Panamá sí aparecían anuncios a media página de los teatros Aurora, Variedades y del Amador y Alhambra, invitando a ver títulos como Shorty y Sherlock Holmes y Las aventuras de Kathlyn.

Para principios de la década de 1920 se agregaban los nombres de los teatros Cecilia y América, y 10 años más tarde ya se publicaba a una columna el epítome de lo que ofrecía el cine por aquellos años. “De teatros” se llamaba el espacio en Diario de Panamá y “Hoy en los teatros” en La Estrella de Panamá.

Para las décadas de 1940 y 1950 casi no fallaba la propaganda de los teatros en los rotativos y la oferta era plural: Teatro Panamá, Strand, Palace, Tropical, Ideal, El Dorado, Tívoli, Cinelandia, Presidente, Capitolio, Victoria, Roosevelt, Encanto, Iris, Hispano, Excélsior, Roxy, Pacífico, Vista Hermosa, París, Edison, Edén, Trixie, Río, Rex, Colón, Atlántico, Caribe, Astoria, Ansonia, Bolívar y Central, además de los pioneros Cecilia y Variedades.

También estaban los del Club de teatros de la Zona del Canal: Balboa, Ancón, Diablo, Cocolí, Heights, Margarita y Cristóbal.

La publicidad hacía la convocatoria para ver las actuaciones de Humphrey Bogart, Katharine Hepburn, Ingrid Bergman, Eli Wallach, Paul Newman y Charlton Heston, entre otras luminarias del cine, y los precios iban desde 15 y 20 centésimos (en las salas populares) hasta 60 y 75 centésimos (en los teatros de más alcurnia).

Entre 1960 y 1970 la cartelera figuraba con las tiras cómicas de varios diarios, mientras que otros empezaban a darle página entera.

Por esos años se hablaba de los teatros Lux, Bella Vista, Ópera, Metro y Savoy, y de varios de décadas atrás, incluyendo el Variedades.

También se pautaba un espacio para el autocine No. 1. En la década de 1980 aparecerían autocine No. 2, autocine Olímpico y autocine Pacífico, mientras que por el lado de los teatros/cines había nuevas opciones como el Astor, Brasil, México, Cinema Arte, España, Plaza, Universal, multicines No. 1 y No. 2, Obarrio, Lido y el Cine Universitario. En el grupo de los sobrevivientes estaban el Presidente, Central, Río, Iris, Tropical, Roosevelt, Edison y el longevo Variedades.

En 1990 la novedad eran los cines Aries, California, Moderno, Cineplex y Alhambra. En esa recta final del siglo XX, las salas de los cines Metro, el Dorado, Bella Vista y Ópera todavía atraían a espectadores.

Con el nuevo milenio llegaron las multisalas dentro de los centros comerciales y son las que dominan la cartelera actual.

En un sondeo no científico hecho en prensa.com, los cines Central y Variedades y los autocines fueron de los más mencionados por los participantes, que evocaron aquellos tiempos en que “iban a pie al cine”, de “tragos entre funciones”, de matinés y de premios en efectivo que otorgaban los bancos en algunas funciones.

Asistencia, de récord en récord

¿Al panameño le gusta ir al cine? No le gusta, le encanta, según reflejan los números ascendentes de los recientes informes anuales sobre la concurrencia a los cines de la localidad, elaborados por la Asociación de Distribuidores de Películas de Panamá.

En 2008 fueron 3 millones 575 mil 990 personas las que pagaron su entrada para ver películas, lo que representaba un récord de taquilla que superaba por unas 38 mil personas la cifra de 2007.

En 2009 el registro fue mejor, con una asistencia de 3 millones 840 mil 600.

Pero esa nueva marca taquillera de 2009 solo duró un año, tras sumarse las cifras de 2010 que dieron un total aproximado de 4 millones de espectadores.

El último conteo de 2011 arrojó un mayor logro: unos 4.2 millones de amantes del séptimo arte se dieron cita en las salas. Falta ver qué pasa en 2012.

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