CRIMEN ORGANIZADO. CAE UNO DE LOS MÁS BUSCADOS

La derrota del último capo

Con la captura de Michele Zagaria, el último gran capo de la camorra napolitana, parece terminar un sangriento ciclo criminal. Pero no es el fin.

Lo dijo: “Ustedes ganaron. Ha ganado el Estado”. Michele Zagaria habría pronunciado estas palabras con inocultable ironía al ser presentado ante el juez antimafia, luego de que la Policía italiana lograra hacerlo salir de su escondite. Llevaba 16 años huyendo de la justicia.

Delgado, con el pelo blanquecino, pero aún con la mirada desafiante. Así apareció ante la prensa el último de los grandes capos del clan Casalesi, uno de los más poderosos y sanguinarios de la camorra napolitana.

En las imágenes difundidas el miércoles por las televisoras europeas se ve un helicóptero que sobrevuela la casa, grande, lujosa, vacía, en cuyo subsuelo, a cinco metros de profundidad, estaba el refugio del capo. Decenas de policías, vehículos, funcionarios, gente, se arremolinan en torno a la residencia de Casapesenna, al norte de Nápoles.

Los agentes que lo capturaron posan para la prensa a cara descubierta. Ya no hay temor.

Zagaria, condenado a varias cadenas perpetuas por asociación mafiosa, homicidio, posesión ilegal de armas y extorsión, era el último gran nombre del clan de los Casalesi, luego de la detención en 2010 de Antonio Iovine y de los capos Nicola Schiavone, arrestado en junio de ese año, y el padre de este, Francesco Schiavone, apodado “Sandokan”, preso desde 1998 y del que se cree que aún mueve los hilos de la camorra desde la prisión.

Zagaria era uno de los dos hombres más buscados de Italia. El otro es el jefe de cosa nostra, la mafia siciliana, Matteo Messina Denaro. El capo es uno de los personajes que aparece en la obra del periodista y escritor italiano Roberto Saviano, Gomorra, la cual desnuda la interioridad de la camorra, y en particular la saga de los Casalesi.

Saviano vive con protección policial permanente. Uno de los que había puesto precio por su cabeza era, precisamente, Zagaria.

El escritor explica en su obra lo que representa la región donde dominaba el capo:

“Casal di Príncipe, San Cipriano d´Aversa, Casapesenna: un territorio con menos de 100 mil habitantes, pero con mil 200 condenados por el delito de asociación mafiosa, y un número exorbitante de investigados y condenados por colaboración externa en asociación mafiosa. Esta tierra sufre desde tiempo inmemorial el peso de las familias camorristas, una burguesía violenta y feroz que posee en el clan su vanguardia más cruenta y potente”.

A Zagaria se le llamaba el “Rey del cemento”, pues se dedicaba a conseguir ilegalmente contratos en el sector de la construcción, no solo en la región de Campania, de la que Nápoles es capital, sino también, en otras regiones de Italia y en el extranjero, recuerda la agencia EFE.

Los Casalesi se habían valido del narcotráfico y la extorsión para invertir en negocios legales, desde la recolección de basura a la construcción.

Empero Saviano, al igual que las autoridades, sabe que no es el fin . “La batalla contra estos delincuentes está lejos de terminar”, dijo, tras la captura, a la agencia de noticias Ansa.

Y en su libro, ya lo había explicado:

“Los boss no pueden ser eternos. Cutolo deja paso a Bardellino, Bardellino a Sandokan, Sandokan a Zagaria. La fuerza económica del sistema de la camorra reside precisamente en el continuo recambio de líderes y de opciones criminales”

Y añadía:

“En este sentido, todo arresto, todo macrojuicio parecen más bien una manera de reemplazar capos, de interrumpir fases, antes que una acción destinada a destruir un sistema de cosas”.

Los poderes subterráneos

Que los capos escojan esconderse bajo tierra en vez de huir cuando se sienten acorralados, parece más que un símbolo. En Italia los llamados grupos mafiosos tienen profundas raíces en la historia y la cultura del país, que en ocasiones se remontan a siglos de existencia. Casi siempre, como poderes alternos, paralelos al poder formal, a la sombra, pero a la vez presentes en la vida cotidiana de sus comunidades. Por ello es a veces tan difícil desarticular sus intrincadas redes.

La camorra napolitana, por ejemplo, parece haber existido al menos desde el siglo XIX, con distintos grados de influencia social. Sus estructuras actuales se habrían definido a partir de la década de 1960. No es una organización jerárquica y piramidal como la de la mafia siciliana, sino que está difusa entre distintas familias y clanes que pueden pactar o hacerse la guerra entre sí.

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