encuentro de ideas en el modelo educativo

El dilema de la educación

La educación por competencias empezó en la década de 1990. En Panamá, recién se está implementando en el nivel medio de enseñanza.
RETO. Las autoridades apuestan por el enfoque por competencias y los detractores critican la propuesta por ?mercaderista?. En medio, las nuevas generaciones. LA PRENSA/Ana Teresa Benjamín RETO. Las autoridades apuestan por el enfoque por competencias y los detractores critican la propuesta por ?mercaderista?. En medio, las nuevas generaciones. LA PRENSA/Ana Teresa Benjamín
RETO. Las autoridades apuestan por el enfoque por competencias y los detractores critican la propuesta por ?mercaderista?. En medio, las nuevas generaciones. LA PRENSA/Ana Teresa Benjamín

Para el sector empresarial, son las habilidades necesarias para ocupar una vacante; para los humanistas, es la formación capaz de crear a un ser humano solidario y democrático, propiciador de un desarrollo sustentable.

La propia Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) ha establecido que la llamada educación por competencias –o enfoque de competencias– es aquella que busca “el desarrollo de las capacidades complejas que permiten a los estudiantes pensar y actuar en diversos ámbitos”.

La viceministra de Educación de Panamá, Mirna de Crespo, dijo en una entrevista reciente que el logro de “ciertas competencias” que busca la transformación curricular de la media es el “enfoque moderno de la educación”, porque ya no se trata del aprendizaje memorístico, sino de aquel que hace al muchacho “capaz de hacer y de utilizar lo que aprende”.

Es, sin duda, una discusión pedagógica, filosófica y hasta ideológica, porque diversos gremios magisteriales, como la Asociación de Profesores de Panamá y la Asociación de Educadores Veragüenses, han mostrado sus aprensiones a la transformación porque –aducen– busca reducir la educación a una mera capacitación para satisfacer al sector productivo.

Julián Fernando Trujillo Amaya, docente colombiano, planteó en un artículo publicado en la revista El Hombre y la Máquina –“Formación humanística o formación por competencias: Dilemas de la educación en el contexto actual”–, que el problema con la educación por competencias es “que no ha sido suficiente para cambiar las formas de enseñanza tradicionales y el adoctrinamiento autoritario de los docentes”.

Más aún, desde que apareció a finales de los años de 1990, no se ha notado “su aporte a la construcción de una sociedad pacífica con justicia social”, pese a que el planteamiento teórico de este enfoque también apuesta por una formación humana integral (autonomía, libertad, valores).

Sin embargo, Trujillo Amaya también destaca que la formación humanística (para crear al mejor ser humano posible) “no impidió la estupidez de la guerra [en Alemania]”, ni ha logrado “construir una sociedad equitativa”.

Así las cosas, ¿cuál es la alternativa? ¿Estamos copiando un modelo destinado al fracaso? ¿Creando autómatas para el crecimiento del producto interno bruto? ¿Ayuda la educación por competencias a pensar?

Para el catedrático universitario y aspirante a rector en las pasadas elecciones de la Universidad de Panamá, Eduardo Flores Castro, el problema en Panamá es que la educación por competencias parece haberse concentrado en preguntarle al mercado sus necesidades –por ello el énfasis en el inglés y las tecnologías–, y por esta razón se han reducido las horas de historia, por ejemplo.

“No se le está preguntando a la sociedad qué quiere ser en el futuro”, asegura el catedrático. “Si la educación por competencias se hace en forma mecánica, estaremos creando una sociedad para la producción y el consumo”, agrega.

FALLAS DEL SISTEMA

MÉTODO La transmisión de conocimientos de forma fragmentada se impone. Muchas fechas y teorías, con poco análisis o aplicación.

EVALUACIÓN Como la memoria es la principal “arma”, la medición del aprendizaje se realiza fundamentalmente con ejercicios “cerrados”.

FORMACIÓN Los docentes tienen posturas conservadoras y son poco abiertos al debate. Además, aunque existen adecuaciones curriculares, los niños con necesidades especiales reciben poca ayuda.

Un sistema para crear ´soldados sociales´

Alexandra Schjelderup es gestora cultural y especialista en formación de públicos en el cine. Coordinadora de la fundación EnRedArte, cree en el arte comunitario, en el desarrollo del ser humano y en la cultura como eje de ese desarrollo. Actualmente es coordinadora del proyecto I+D en Cultura, que promueve la cultura como herramienta para el crecimiento social.

¿Qué entiende usted por educación?

La educación es el conjunto de herramientas que debería recibir un ser humano para poder resolver los problemas de su tiempo, prepararse para poder encontrar un espacio en el mercado laboral y para aportar como ciudadano al desarrollo.

¿Cumple el sistema educativo con su misión de educar a la población?

El sistema escolar pareciera más diseñado para crear un soldado social (alguien que sigue reglas); tiende a ser conservador y tiene dificultades para adaptarse a los cambios culturales.

La población no es tonta: sabe que la educación está dejando de ser (sobre todo en las clases populares y para los varones) un vehículo de movilidad social, y parece mentira que, en estos momentos, donde ya se habla de sociedad del conocimiento, la educación sea el ítem menos pertinente en inversión; o, cuando lo es, es para comprar computadoras o remodelar escuelas, y no para enseñar a los chicos a pensar.

´Urge una escuela para pensar´

Con un título de maestra y otro de trabajadora social, Ileana Gólcher ha laborado en el Ministerio de Educación, en Canal Once y en varias universidades del país. Comunicadora social, docente, investigadora y editora, la educación siempre ha estado entre sus preocupaciones.

Cuando hablo de educación, ¿a qué me estoy refiriendo?

Al respecto hay mucha confusión. La educación es hoy un patrimonio universal, uno que se recibe a lo largo de toda la vida con sus pilares básicos: aprender a ser, aprender a conocer, hacer y convivir pacíficamente.

A lo largo de la historia, las sociedades han tenido diversos conceptos de los fines y significado de la educación. Por ejemplo, para la clase empresarial es el paradigma de la educación como eficiencia y utilidad: graduar profesionales para que ingresen al sistema con las competencias que requiere el mercado laboral. Los planes y programas de estudio se estructuran [entonces] para que los estudiantes tengan un concepto pragmatista del conocimiento, mientras que las clases cívicas han disminuido su carga horaria.

Esto explica por qué carreras humanistas están desapareciendo de las universidades...

Para otros sectores sociales, la educación es un paradigma que equivale a concebirla como herramienta para transformar la sociedad; los grandes países desarrollados (Finlandia, Japón y Alemania para señalar a los más sobresalientes) han apostado e invertido en esta propuesta que permite vincular la educación con el trabajo productivo y con altos presupuestos destinados a ciencia, tecnología e innovación. Esto hace posible que surjan ciudadanos creativos, críticos de su realidad y que reclaman una educación integral.

El ejemplo más cercano en América Latina es Chile, país en el que los estudiantes comprenden el valor estratégico de la educación y reclaman que los programas de estudio no les permiten ser ciudadanos de primera. Están convencidos de que la educación es la base de todo cambio social y les garantiza un mejor futuro. La principal materia gris de un país es su gente, no sus edificios.

El Estado no debe subsidiar a la empresa privada en materia educativa.

En Panamá, aún no nos ponemos de acuerdo sobre qué tipo de educación necesitamos y cuáles son las prioridades. Primero regalamos laptops o nos preocupamos por capacitar a los docentes para que cambien sus prácticas educativas, cuando lo que urge es crear una escuela para pensar, no para repetir.

¿Cumple el sistema educativo panameño con educar a la población?

Las estadísticas indican con claridad meridiana que hay grandes sectores de la población que no logran recibir una educación de calidad: los indígenas y las familias rurales, que tienen los peores indicadores de permanencia en el sistema, con altas tasas de repetición, deserción y fracaso. El letargo que vive el sistema educativo lleva más de tres décadas, y Panamá dispone del presupuesto más alto per cápita de América Latina.

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