CULTURA. LEGADO HISTÓRICO DE LOS INDÍGENAS.

El emberá que tocó la Luna

El cacique Antonio Zarco capacitó en técnicas de supervivencia a los astronautas que por primera vez pisaron la superficie lunar en 1969.

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Antonio Zarco capacitó a los tripulantes de la misión Apolo 11: Neil Armstrong, Edwin Aldrin Jr., y Michael Collins en la escuela de Supervivencia, en la antigua zona del Canal. CORTESÍA Antonio Zarco capacitó a los tripulantes de la misión Apolo 11: Neil Armstrong, Edwin Aldrin Jr., y Michael Collins en la escuela de Supervivencia, en la antigua zona del Canal. CORTESÍA
Antonio Zarco capacitó a los tripulantes de la misión Apolo 11: Neil Armstrong, Edwin Aldrin Jr., y Michael Collins en la escuela de Supervivencia, en la antigua zona del Canal. CORTESÍA

El espíritu del cacique emberá, Antonio Zarco, se abraza todas las noches con la Luna. De ello no tienen duda sus descendientes.

La relación de este hombre con el astro se remonta a su infancia, cuando desde pequeño se movía entre la espesa selva de Darién y a oscuras observaba cómo aquel gran círculo amarillento variaba de forma con el pasar de los días.

Nadie sabe con precisión cuándo nació Zarco, ni siquiera su última esposa e hijos. De lo que sí tienen certeza quienes lo conocieron, es que perdió a sus padres cuando era niño y le tocó hacerse hombre de la mano de sus tíos.

Con ellos aprendió los secretos de la caza, la pesca y las mil formas de comunicarse con la naturaleza. Conocía en detalle el poder de las plantas y los árboles de bosques de esa zona, en la frontera de Panamá con Colombia.

Como pocos, Zarco era un diestro con el arco y la flecha. Llegó a convertirse en un jaibaná, una especie de médico o guía espiritual entre los emberá.

Su hija, Natalia Zarco, cuenta que su padre llegó a la escuela de Supervivencia, en la antigua Zona del Canal, gracias al antropólogo Morgan Smith, quien era el director de ese centro que preparaba a quienes querían adentrarse en la selva. ¿Quién mejor capacitado para ese trabajo que un hombre adulto, hijo de ese laboratorio viviente que es la selva tropical?

Zarco, literalmente, volvió a conectarse con la Luna. Le tocó capacitar a los tripulantes de la misión Apolo 11: Neil Armstrong, Edwin Aldrin Jr., y Michael Collins.

Estos personajes se volvieron famosos cuando en 1969 se convirtieron en los primeros hombres que llegaron a este gran satélite. Casualmente, el pasado 20 de julio se cumplieron 46 años de esa histórica hazaña.

El rol de Zarco era hacer que Armstrong, Aldrin Jr., y Collins fueran capaces de sobrevivir en caso de que el cohete en el que viajaban cayera en una zona selvática, una vez regresaran a la Tierra. Aunque finalmente fueron rescatados en el océano Pacífico.

Pero no solo los miembros del Apolo 11 se vieron beneficiados con las enseñanzas de este cacique ignoto del corazón de las Américas.

En Panamá, la doctrina de Zarco llevó a que su hija Natalia se volviera una guía turística, quien recuerda que su padre le enseñó que cuidar los recursos naturales no es un trabajo, sino una obligación moral.

“El era un amante de la naturaleza. Nos brindó mucha educación ambiental y eso nunca lo podré olvidar. Era un hombre de una gran sonrisa para todos”, sostiene la chica, quien hoy colabora en la Fundación Avifauna.

Otro alumno insospechado de Zarco fue Abdiel Batista, quien lo conoció cuando era miembro de la Cruz Roja. “No entendí la magnitud del personaje al que me presentaron. La relación docente-estudiante fue muy valiosa, ya que hablar de ecología hace 30 años no estaba de moda, pero Zarco lo hacía. Fue uno de los primeros ecologistas, ya que enseñaba a respetar a todos los seres vivientes desde el más chico hasta el más grande”, resalta. Batista, quien forma parte del Sistema Nacional de Protección Civil, lamenta que, tras su muerte, la memoria del gran jefe emberá haya quedado en el olvido.

SU ÚLTIMO VIAJE

Cuando la escuela de supervivencia cerró, Zarco continuó con su trabajo en el Canal de Panamá, donde su voz en favor de la protección de los bosques y las cuencas hídricas que dan vida a la vía interoceánica se hizo escuchar. Hoy, este reclamo -la necesidad de cuidar las cuencas hídricas para producir suficiente agua- es el gran debate pendiente del país.

En el Canal Zarco se hizo viejo y se jubiló. Murió en marzo de 2010 en el Complejo Hospitalario de la Caja de Seguro Social.

“Le dio un buen ejemplo a sus hijos”, asegura Dayra Cabezón, la mujer de la etnia wounaan que compartió su vida con él, y con quien tuvo 10 hijos.

Dayra dice que su esposo era un hombre muy fuerte pese a tener unos 90 años, por lo que le extraña que falleciera repentinamente. Por eso a veces cree que pudo ser causa de algún hechizo contra su esposo, que en su pueblo era un referente espiritual.

Otra de las creencias de esta etnia, y que según Natalia le contaba su papá, era que la Luna y el Sol representan dos ojos que observan tanto de día como de noche a toda la humanidad.

También hay quienes cuentan que el espíritu de un emberá cuando muere va a la Luna. De ser así, los que conocieron a Zarco sostienen que el espíritu del “gran jefe” visitó el astro aquella vez con los astronautas y luego en 2010, cuando optó por no estar más en la Tierra.

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