RELATOS. CUATRO GUERRAS, CUATRO FRANCOTIRADORES LETALES.

La muerte en un disparo

El estadounidense Chris Kyle parece haberse convertido en el tirador más mortal de los Navy Seal. Admite que mató a 255 personas en Irak.

Desde que comenzó a acuñarse el término en español, a partir de la guerra entre Prusia y Francia entre 1870 y 1871, han sido muchos los francotiradores que han engrosado las filas de ejércitos y cuerpos policiales, y que con el solo accionar del gatillo han liquidado a su enemigo.

Pero en la historia contemporánea –es decir, desde la Segunda Guerra Mundial hasta esta fecha– son cuatro los nombres de francotiradores que resaltan. Quizá porque sus vidas fueron llevadas al cine y con ello se les mitificó como héroes, o quizá porque la cantidad de enemigos liquidados excede la capacidad de asombro de la mayoría de las personas.

A Chris Kyle se le atribuyen 255 “bajas” en los 10 años que estuvo en Irak, entre 1999 y 2009. Kyle afirma no arrepentirse de ello.

Según una publicación de BBC Mundo, Kyle tiene varios apodos: La leyenda, El exterminador, El diablo de Ramadi, y gracias a sus “hazañas” es considerado el francotirador más letal de la fuerza élite estadounidense.

Como miembro del pelotón Charly, el tercer grupo de los Navy Seals, afirma haber matado a 40 enemigos tan solo en su segunda batalla en la población iraquí de Fallujah, en 2004. Oficialmente se le atribuyen 150 “bajas”, pero él asegura que son 255.

“Me gustó lo que hice. Todavía me gusta. Si las circunstancias fuesen diferentes, si mi familia no me necesitase, volvería en un abrir y cerrar de ojos”, escribió en el libro American Sniper, publicado por la editorial HarperCollins y citado por BBC Mundo.

En ese libro, Kyle narró que solo una de sus víctimas fue una mujer no combatiente, a quien mató a finales de marzo de 2003.

“Era mi deber. No me arrepiento [...] mis balas salvaron a varios estadounidenses, cuyas vidas valían claramente mucho más que la de aquella mujer de alma retorcida [...] puedo enfrentarme a Dios con la conciencia tranquila en relación a mi trabajo”, narró.

Más adelante, explicó que así como avanzaba su servicio en Irak, asimismo se incrementaba su odio por los combatientes de ese país y de allí el gran número de bajas que provocó.

Su reputación le valió ser bautizado como “al-Shaitan” (el diablo) por los soldados iraquíes, que aún hoy ofrecen una recompensa por él.

Hoy día, Kyle vive en su natal Texas y entrena a futuros francotiradores para la fuerza armada de su país.

Vida de película

Mucho antes que él, el ruso Vasili Záitsev se convirtió en el francotirador más famoso del momento, después de matar a 242 alemanes en la batalla de Stalingrado, en 1942.

Záitsev, cuya vida fue interpretada por el actor británico Jude Law en la película Enemigo a las puertas, de 2001, tenía 26 años de edad cuando empuñó por primera vez un rifle con mira telescópica en la guerra.

Y en poco tiempo sería temido por los nazis, pues igual mataba soldados que oficiales. Entre estos últimos, se dice que liquidó al mayor Heinz Thorvald, jefe de una escuela de francotiradores del Ejército alemán.

Nacido en 1915 en Los Urales, Siberia, Záitsev murió a los 76 años de edad, en 1991, siendo el director de una escuela de ingeniería.

Después de él, la historia de los francotiradores se traslada a Vietnam, entre 1964 y 1975, donde el estadounidense Carlos Hathcock, apodado Pluma blanca, causó oficialmente 93 “bajas”, pero se dice que en realidad mató a 300 personas.

Hathcock mantuvo por 30 años el récord mundial de matar a una persona a larga distancia: 2.25 kilómetros.

Con el rango de sargento, se le atribuyó una letal precisión y eficacia pese a la espesa jungla vietnamita. Los relatos sobre su desempeño destacan el hecho de que casi siempre andaba solo.

Un tirador fuera de serie

Antes que Záitsev, Hathcock y Kyle estuvo el finlandés Simo Häyhä, considerado, sí, el francotirador más letal de la historia, por asesinar a 505 soldados soviéticos en la llamada guerra de invierno, entre la URSS y Finlandia, la cual se prolongó un año, entre 1939 y 1940, de acuerdo con Wikipedia.

Cuenta la historia que Simo Häyhä causó todas esas “bajas” como francotirador, y otras 200 como soldado regular, en apenas tres meses de 1940.

Se le apodó La muerte blanca, pues siempre vestía de camuflaje blanco, para evitar ser descubierto en la nieve. No usaba mira telescópica para evitar que el reflejo de esta delatara su posición, y masticaba hielo para evitar el vaho de su aliento.

En marzo de 1940 fue herido en el rostro y cayó en coma, del cual se recuperó luego. Murió en 2002 en Finlandia, a los 87 años.

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