PARQUE NACIONAL DARIÉN PELIGRA

La palma, sin ley ni orden en Panamá

El cultivo de la palma aceitera carece de políticas de Estado que aseguren su desarrollo sostenible, preservando bosques.

El desarrollo sostenible requiere apoyo estatal

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El cultivo de la palma en Boca de Cupe está dentro del Bosque Protector Alto Darién, zona de amortiguamiento del Parque Nacional Darién. El cultivo de la palma en Boca de Cupe está dentro del Bosque Protector Alto Darién, zona de amortiguamiento del Parque Nacional Darién.

El cultivo de la palma en Boca de Cupe está dentro del Bosque Protector Alto Darién, zona de amortiguamiento del Parque Nacional Darién. Foto por: Gabriel Rodríguez

El Chucunaque, afluente del Tuira, es el río más extenso del país. La Fundación Panamá Canal de Vida planea sembrar palma en esta zona. El Chucunaque, afluente del Tuira, es el río más extenso del país. La Fundación Panamá Canal de Vida planea sembrar palma en esta zona.

El Chucunaque, afluente del Tuira, es el río más extenso del país. La Fundación Panamá Canal de Vida planea sembrar palma en esta zona. Foto por: Gabriel Rodríguez

La palma, sin ley ni orden en Panamá La palma, sin ley ni orden en Panamá

La palma, sin ley ni orden en Panamá

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La palma, sin ley ni orden en Panamá

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La palma, sin ley ni orden en Panamá

La ecuación palmícola mundial se replica en Panamá: empleos e industria en detrimento de la biodiversidad.

El monocultivo de la palma aceitera ha reemplazado las siembras tradicionales y se expande en Boca de Cupe, a solo 5 kilómetros del Parque Nacional Darién (PND), reserva de la biosfera y patrimonio de la humanidad.

“Miramos con preocupación que este cultivo esté avanzando sobre una región que es frágil ambientalmente y que no exista una política oficial que oriente a que esta actividad se desarrolle de manera sostenible”, manifestó Carlos Espinosa, representante del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés).

Primero se tomó la zona inadjudicable del mayor humedal de la región: Matusagaratí, por lo que se denunció a la empresa Agricultura y Servicios de Panamá (Agse Panamá, S.A.) y se abrieron investigaciones en el Ministerio Público y en el Ministerio de Ambiente.

“La palma es la única alternativa para el desarrollo sostenible en Darién; la promovemos solo en zonas impactadas, no en bosques”, dijo Francisco Hurtado, gerente de Agse Panamá, quien negó que sus cultivos estén en la zona del humedal, como se le señala.

Más de 50 hectáreas del Bosque Protector Alto Darién (BPAD), en Boca de Cupe, en Chupanuno, son utilizadas para el cultivo de palma aceitera, por lo que el Ministerio de Ambiente investiga a la Fundación Panamá Canal de Vida y a la sociedad Palmares de Cupe, S.A., lideradas por los esposos Carlos Iván Mantilla y Nancy Acosta, por su presunta vinculación a estas siembras.

“Desde el [río] Chucunaque para adelante”, expresó Hurtado –el proveedor de los plantones de palma, lo que incluye la zona de amortiguamiento del Parque Nacional Darién.

La comunidad darienita en Boca de Cupe señala a esta pareja como compradores de miles de hectáreas de tierra para establecer el cultivo, algo que niega su fundación.

“Panamá necesita definir una política para el cultivo de la palma aceitera, para que esta agroindustria se desarrolle bajo estándares ambientales que incluyan cero deforestación y cero contaminación de fuentes hídricas”, y para que esto se dé, debe darse un amplio diálogo entre todos los actores, autoridades y entes financiadores, sugirió el representante del Fondo Mundial para la Naturaleza.

Como pilares de esta política aún inexistente, recomendó la zonificación y prohibición de este cultivo en áreas boscosas, controlar el uso de pesticidas y vigilar las relaciones laborales con las comunidades involucradas.

Pero este diálogo aún no se ha desarrollado y en diciembre pasado se aprobó en primer debate el proyecto de ley que busca fomentar su cultivo en Barú y se extenderá a todo el país, pero no dedica una sola letra al aspecto ambiental, tema vital en estas plantaciones.

El Bosque Protector Alto Darién, creado mediante decreto en 1972, se traslapa en más de un 80% con la comarca Emberá Wounaan de Cémaco, delimitada por ley en 1983, y cuyas comunidades –dedicadas al cultivo de plátano y otros de subsistencia– fueron convencidas por Mantilla –de la citada fundación– de que la palma aceitera combatiría la pobreza, por lo que están dejando los cultivos tradicionales para incursionar en la palma aceitera.

“Es un cultivo que reemplazaría totalmente la biodiversidad existente en el parque [Nacional Darién], en un área que no permitirá la regeneración con otra especie, y eso podría alterar su ecosistema”, advirtió Martín Caicedo, del Grupo para la Educación y el Manejo Ambiental Sostenible (GEMA), oenegé que trabaja con comunidades dentro del parque para promover su conservación.

La palma “puede generar riqueza, pero a costa de biodiversidad”. Sus espinas afectarían el paso de grandes mamíferos del bosque, añadió Irma Ávila, de GEMA.

Darién carece de agua subterránea, por lo que los bosques son importantes en los sitios de recarga acuífera y si se tala para sembrar palma se secará la tierra, subrayó María Soledad Porcell, del Centro de Incidencia Ambiental.

En la comunidad, las opiniones están divididas. “Esas palmeras le han servido mucho a la comunidad, ahí se ganan su salario... Eso es desarrollo para la comunidad”, opinó Luis González Largacha, agricultor de 73 años de Boca de Cupe, quien describió su experiencia como trabajador durante dos años en el cultivo de la Fundación Panamá Canal de Vida, donde, dice, le pagaban $20 diarios.

González Largacha asegura que le vendió seis hectáreas –a $300 cada una– a Mantilla, como representante de la fundación, pero este lo niega.

En el Registro Público no se reflejan las transacciones, ya que, como en el caso de González Largacha, son personas dueñas de derechos posesorios, sin título de propiedad.

“Varios le vendieron, los que le vendieron a él todos tenían sus derechos posesorios... Donde está el cultivo [en Chupanuno] es terreno de él [Carlos Mantilla]”, agregó González Largacha, aunque Mantilla lo niega.

No obstante, Mantilla admitió que el cultivo en Chupanuno, en Boca de Cupe, lo tienen “a buen recaudo”.

¿Por qué toda una comunidad se pone de acuerdo para decir que usted compró tierras desde Boca de Cupe hasta Púcuro?

“Tienes razón, yo compré hasta Púcuro, ¿quiere que le diga que compré hasta Púcuro?”, preguntó con sorna.

Curiosamente, la Fiscalía Decimoprimera de Circuito le formuló cargos de estafa a Mantilla y le impuso impedimento de salida del país por una supuesta venta ilegal de tierras en otro lugar, a través de su sociedad anónima: Fundación El Hijo del Carpintero.

Mantilla acusa a Hurtado –quien provee los plantones de palma– de ser el promotor palmícola en la zona de amortiguamiento del Parque Nacional Darién, porque, según él, les prometió comprarle el fruto. “Engañaron a todo el mundo, desde Metetí hasta allá. Hay pequeños cultivos de palma, pero no van a poner la planta extractora [de aceite] ni les han dado el asesoramiento”, afirmó Mantilla.

UN PROBLEMA MUNDIAL

“Cuando los químicos de las palmeras dañaron el agua de los ríos donde antes bebíamos, entonces llegaron los proyectos para hacer pozos y poner agua entubada en las comunidades, pero esto llegó después de que las palmeras envenenaron los ríos. Por eso en las comunidades entendemos que palma, proyectos y fundaciones son inventos del mismo amo, el capital”, indica una cita del libro Territorios ancestrales, identidad y palma: Una lectura desde las comunidades afroecuatorianas, editado por la Fundación Alternativas para el Desarrollo Sostenible en el Trópico, que relata la devastación de grandes extensiones de bosque en el Chocó ecuatoriano.

La región del Chocó Biogeográfico –una de las más diversas del planeta– se extiende desde Darién, pasando por la costa pacífica de Ecuador y Colombia, hasta culminar en el norte de Perú.

“Grandes extensiones de tierra” de protección forestal y territorios colectivos fueron comprados por las palmicultoras, legalizadas y convertidas en zona agrícola, en Ecuador”, dice el libro. Las palmicultoras llevaron carreteras, proyectos y fundaciones, a cambio de perjuicios al ambiente y la salud, y desplazaron a cientos de familias como consecuencia de la venta de tierras, añade.

Precisamente, en octubre pasado Perú ordenó detener el cultivo palmero a causa de la deforestación de 13 mil hectáreas en la selva amazónica, provocada por empresas que compraban terrenos para sembrar palma.

Asia produce el 89% del aceite en el mundo, seguido por Latinoamérica, con 6%, según la WWF. En Indonesia y Malasia se quemaron grandes extensiones de bosques para propagar el cultivo y, debido a la destrucción del hábitat en Sumatra (Indonesia), la población de orangutanes se redujo a la mitad en los últimos 10 años.

Para la Fundación Panamá Canal de Vida, “Malasia es un caso exitoso de desarrollo socioeconómico” para replicar en Darién, según sus comunicaciones corporativas.

El desarrollo sostenible requiere apoyo estatal

Sería  imposible comprender la apuesta de las comunidades a orillas del río Tuira por la palma aceitera –un cultivo que requiere miles de  hectáreas– propuesto por la Fundación Panamá Canal de Vida sin analizar sus necesidades  y   el abandono estatal. Desde la comarca Emberá Wounaan, en el distrito de Cémaco, que se traslapa con el Bosque Protector Alto Darién, hasta el corregimiento de Boca de Cupe, área de amortiguamiento del Parque Nacional Darién, dependen  de la agricultura de subsistencia.

Comunidades del río Tuira piden al MIDA comprar la cosecha de manera directa. Expandir Imagen
Comunidades del río Tuira piden al MIDA comprar la cosecha de manera directa. LA PRENSA/Gabriel Rodríguez

El principal producto que cultivan es el plátano. Mensualmente se envía un millón 50 mil unidades de plátano, contó Tilila Valdespino, nokó o autoridad tradicional de Unión Chocó, cabecera de la comarca. “Le pedimos apoyo al titular del MIDA [Ministerio de Desarrollo Agropecuario] que tenga un enlace con la comarca”, dijo. Hace meses solicitaron cita con él y aún esperan ser atendidos, aseguró. Los lugareños recorren hasta cinco horas  por el río, con la cosecha en piragua, para llegar a Yaviza, por lo que la representante de Boca de Cupe, Rumalda de Culiolis, afirma que se requieren caminos de penetración, pero no está de acuerdo con que sea la Fundación Panamá Canal de Vida la que los construya, promoviendo la palma y comprando terrenos hasta llegar a Púcuro, comunidad dentro del Parque Nacional Darién.

“Nuestros agricultores están trabajando para los intermediarios”,  les compran el ciento de plátano entre $3 y $6, cuando en Yaviza se vende en $8 y $9, y en el Mercado de Abastos en la  capital  puede costar hasta $22, manifestó de Culiolis. Solicitó al MIDA reabrir el mercado público   en el corregimiento de El Real o en Yaviza, lo que “ayudaría a las 12 comunidades del Tuira”.

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