Hay 2 mil 344 menores de edad internados en albergues

El Estado ya no quiere ser papá

Cada vez menos orfanatos están en manos del Estado. Su administración está siendo transferida poco a poco a organizaciones no gubernamentales.

Durante los últimos 10 años, una cama en la Casa Hogar Soná, en la provincia de Veraguas, ha sido el principal testigo de los sueños de esta mujer.

Nadie conoce en realidad cuál es su edad, pero los estudios óseos que le practicaron revelan que tiene aproximadamente 26 años.

Aunque debió abandonar el orfanato al cumplir los 18 años, el retardo mental que sufre y la ausencia de parientes cercanos que puedan cuidarla la mantienen aún rodeada de otros niños huérfanos.

De cariño la llaman Elizabeth, pero legalmente no tiene nombre ni apellido, porque nunca ha sido inscrita en el Registro Civil.

Ella forma parte del grupo de 2 mil 344 panameños que cada noche duermen en los 52 albergues que funcionan en el país, según cifras de la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (Senniaf).

Hace cuatro años el Estado tenía bajo su responsabilidad administrativa seis albergues.

Hoy solo la Casa Hogar Beatriz Jaén y el Hogar de Niñas, ambos en Penonomé, en la provincia de Coclé, lo siguen estando. Los demás centros han sido entregados a organizaciones no gubernamentales (ONG) para que sean administrados por estas.

“Esas organizaciones son menos burocráticas, trabajan con donaciones y son más efectivas”, explica Nelly de Sanson, coordinadora de Supervisión y Monitoreo de Albergues de la Senniaf.

En tanto, sor Lourdes Reiss Flores, administradora del orfanato San José de Malambo, en Arraiján, dice que el problema es que la ayuda del Estado no siempre llega a tiempo.

“Ya estamos en marzo y el Mides aún no me entrega el subsidio del mes de enero”, explica la religiosa que necesita $900 mil al año ($75 mil mensuales) para poder educar, alimentar y ofrecer un techo a 160 menores de edad. De esta cantidad, $130 mil 500 es lo que aporta el Mides.

“El resto del dinero proviene de donaciones voluntarias”, añade sor Lourdes.

La idea del Gobierno es que todos los albergues sean transferidos a ONG, confirmó de Sansón.

Diferentes expertos abogan, además, para que cada vez haya menos orfanatos y en su lugar los niños sean entregados de manera supervisada a familiares cercanos o a familias que se hagan cargo de su tutoría.

Rosaria Correa, exmagistrada del Tribunal Superior de Niñez y Adolescencia, y Una McCauley, representante para Panamá del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), apoyan esta idea.

“Los niños que están en un albergue deben estar en forma temporal y no permanente, tal como está pasando ahora”, explica Correa.

“Es más costoso para el Estado mantener un albergue que supervisar el cuidado de un menor de edad que está a cargo de un familiar”, agrega McCauley.

TEMPORALES Y FIJOS

En Panamá, los albergues están clasificados de acuerdo con la población que atienden.

En los albergues temporales conviven mil 304 niños que están en riesgo social, bien sea porque tienen a sus padres encarcelados, han sufrido maltrato o sencillamente fueron abandonados.

En este grupo también están los menores de edad que son portadores del VIH/sida (34 casos), desnutridos (192 casos), o que han cometido algún delito (6 casos) o fueron víctima de abuso sexual (31 casos).

Por otro lado están los albergues que acogen de lunes a viernes a mil 40 estudiantes de poblaciones remotas, que utilizan estos hogares para no tener que caminar a diario cuatro horas hasta la escuela más cercana.

En estos casos, durante el fin de semana viene un familiar a buscar a los niños.

La supervisión de los 52 albergues está a cargo del departamento que dirige de Sansón en el Senniaf.

“Somos cinco personas: tres trabajadores sociales, una socióloga y un chofer”, confirma la funcionaria.

Para mediados de este año esperan que se incorpore a este equipo de trabajo un abogado a medio tiempo y un captador de datos.

“Antes de que se creara la Senniaf en 2009, para supervisar los albergues solo éramos dos personas y utilizábamos nuestro propio carro”, recuerda Marta de Botello, trabajadora social que acompaña a de Sansón desde la época en que esta labor era coordinada por el Ministerio de Desarrollo Social (Mides).

El trabajo de estas dos mujeres fue de cierta manera cuestionado en un reciente informe publicado por la Defensoría del Pueblo. En él se señalaba que en 35 albergues encontraron que la supervisión del Senniaf no era realizada con una periodicidad específica.

“Algunos centros los visitan una vez al mes, mientras que otros lo hacen una vez al año”, explicaba la consultora Dayra Campos, a cargo de este proyecto.

“Ese estudio fue realizado en diciembre de 2010. La situación desde entonces ha cambiado. Nosotros visitamos cada albergue al menos cuatro veces al año”, refuta de Sanson.

Según su cronograma de trabajo, este mes tendrán que ir a centros de las provincias de Veraguas, Coclé y Panamá oeste.

ALBERGUES EN CIFRAS

52

Es la cantidad de albergues que funcionan en el país.

2,344

Es el número de niños que duermen diariamente en este tipo de orfanatos.

34

Son los menores de edad huérfanos que son atendidos en albergues.

192

Son los niños desnutridos y sin padres que atienden los centros de acogimiento.

Crisis de personal calificado

Al igual que varios sectores de la economía nacional, los albergues de menores también están presentando una crisis de personal.

La construcción de nuevas áreas comerciales que experimenta la provincia de Chiriquí, ha llevado a que la mayoría de los orfanatos de esta zona tengan dificultad para encontrar personal. La crisis de personal también se presenta en la provincia de Colón. “Dos Aldeas Infantiles SOS tuvieron que cerrar sus puertas en esta provincia en 2011, porque no contaban con personal para atender a los niños”, dijo Nelly de Sanson, coordinadora de Supervisión y Monitoreo de Albergues de la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia.

ÁNGEL LÓPEZ GUÍA

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