VIDA SILVESTRE

La rara agonía de los pelícanos

Desde mayo, la Asociación Panamericana para la Conservación ha estado rescatando y recibiendo pelícanos pardos intoxicados.

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La policía ecológica recoge las aves enfermas y las lleva a la sede de la Asociación Panamericana para la Conservación en Gamboa. La policía ecológica recoge las aves enfermas y las lleva a la sede de la Asociación Panamericana para la Conservación en Gamboa.

La policía ecológica recoge las aves enfermas y las lleva a la sede de la Asociación Panamericana para la Conservación en Gamboa. Foto por: Miguel López

Evaluaciones de los activistas dan cuenta de que los especímenes jóvenes son los más afectados. Evaluaciones de los activistas dan cuenta de que los especímenes jóvenes son los más afectados.

Evaluaciones de los activistas dan cuenta de que los especímenes jóvenes son los más afectados. Foto por: Miguel López

En las costas de Coco del Mar, Panamá Viejo, calle 50 y Punta Paitilla, entre San Francisco y Parque Lefevre, se han estado reportando casos de pelícanos pardos con un cuadro de intoxicación.

Organizaciones ecológicas y autoridades coinciden en que “no es algo normal” lo que ocurre con esta especie de aves marinas, que incluso les está causando la muerte.

A raíz de esto, la Asociación Panamericana para la Conservación, una organización de rescate animal, comenzó a albergar a 30 especímenes de pelícanos, de los cuales han muerto 17.

Los síntomas que presentan las aves son: parálisis, aletargamiento, vómito, diarrea y deshidratación. Esto conlleva a que no puedan pescar y alimentarse.

Néstor Correa, director de la asociación, sostiene que ayer llegó un nuevo pelícano con síntomas parecidos. De hecho, esta organización se ha visto en la necesidad de habilitar espacios adicionales en su sede en Gamboa, Ancón, para tratar las aves.

En primera instancia, los ambientalistas presumen que la causa de esta intoxicación es una neurotoxina que contiene el alga diatomea como parte del evento marino “marea roja”, que consiste en una excesiva proliferación de microalgas en los lagos, ríos o mares.

“Los que llegaron primero se recuperaron más rápido. Los que están llegando ahora no se están recuperando tan rápido, pero puede ser porque han estado más expuestos”, comenta Correa.

A estos casos también se unen los de 13 pelícanos muertos en las costas del Casco Antiguo, en el corregimiento de San Felipe.

Patrizia Pinzón, dirigente de la Asociación de Vecinos y Amigos del Casco Antiguo (Avaca), manifiesta que desde hace varias semanas comenzaron a encontrar los especímenes sin signos vitales, lo que generó cierta “alerta”.

Enseguida, los activistas de Avaca empezaron la limpieza de la playa y retiraron los cuerpos para evitar cualquier problema sanitario. Esto lo reportaron a otras organizaciones ambientales relacionadas con el tema de aves, como la Sociedad Audubon de Panamá.

EXAMINAN AVES

Jorge Ulises García, jefe del Departamento de Biodiversidad y Vida Silvestre del Ministerio de Ambiente, dijo que aún no tiene certeza de qué causa estas muertes.

García precisó que en estos momentos toman muestras de sangre, músculos y cerebro de las aves, las cuales fueron enviadas al Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud, al Ministerio de Desarrollo Agropecuario y al Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología de Panamá.

“Los resultados nos deben estar llegando esta semana. Se trata de algo que no es normal”, agregó el funcionario, quien explicó que ya se descartó la influenza aviar.

Un aspecto que resaltó el jefe del Departamento de Biodiversidad es que los más afectados son los especímenes jóvenes. “También pedimos información a los responsables del refugio de vida silvestre Taboga-Uraba, sitio de importancia mundial para la anidación de pelícanos en el Pacífico panameño”, manifestó.

Según investigaciones de las organizaciones ambientales, casos similares se han detectado en las costas del Pacífico de Estados Unidos, México, Ecuador y Perú.

Por su parte, Zuleika Pinzón, directora de la Autoridad de los Recursos Acuáticos de Panamá, indicó que hasta el momento la industria pesquera no ha reportado anomalías al respecto en medio de este problema.

Además, mencionó que tampoco hay reporte o alerta de marea roja en el país.

Al desconocer la causa de estas muertes, las autoridades sostienen que no se puede establecer un juicio sobre si hay riesgo o no para la salud de las personas.

POSIBLE CAUSA

Por su parte, Carlos Seixas, del Centro Regional Universitario de Veraguas de la Universidad de Panamá y miembro del Grupo Algas Nocivas del Caribe y zonas adyacentes, explicó que hace cuatro semanas se detectó una marea roja en Antón que se movió hacia Aguadulce, ambas áreas en Coclé. Luego se trasladó al golfo de Parita, la desembocadura del río Santa María y en Pedasí, entre Herrera y Los Santos, respectivamente.

“Se hicieron las pruebas de aguas y se determinó la presencia de organismos que no son tóxicos, pero que sí pueden alcanzar concentraciones importantes, y estas concentraciones pueden matar a los peces por anoxia (falta de oxígeno)”, agregó.

Según el científico, el golfo de Panamá es la puerta de entrada para los organismos tóxicos que vienen del océano Pacífico a través de Costa Rica por los efectos de la corriente. Sin embargo, expresó que en Panamá siempre se monitorea, y desde Costa Rica informan cuando se da un reporte para que en el país se tomen medidas.

Por su parte, Héctor Guzmán, biólogo marino del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, aportó que lo que puede estar ocurriendo es que los pelícanos estén consumiendo estos peces que ya estaban muertos por el consumo de las algas tóxicas.

Aclaró que eso solo se sabrá por medio de muestras de animales muertos; de lo contrario, sería especular. “Se debe investigar en toda la cadena porque, sobre todo en la región de Azuero, se registra mortandad de peces ya que se arrojan residuos de pesticidas a los ríos”, añadió.

La política en Panamá es que una vez se detecte la presencia de marea roja, se debe restringir la pesca en el área perjudicada. Las mareas rojas tienen una duración entre tres y cuatro semanas.

Mientras llegan los resultados de las muestras, ecologistas atienden a los pelícanos en la sede de la Asociación Panamericana para la Conservación en Gamboa, Ancón, donde les suministran alimentos y medicamentos.

A su vez, hicieron un llamado a la población en general para que colabore con la donación de medicinas, guantes y filetes de tilapia.

(Con información de Miguel López, Aet Elisa Tejera y Ohigginis Arcia Jaramillo).

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