ENTREVISTA a ELÍAS PINO ITURRIETA

´El retorno del republicanismo es inevitable´

PERSONALIDAD. Pino Iturrieta dirige actualmente el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Católica Andrés Bello. También es columnista del diario ‘El Universal’. LA PRENSA/David Mesa PERSONALIDAD. Pino Iturrieta dirige actualmente el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Católica Andrés Bello. También es columnista del diario ‘El Universal’. LA PRENSA/David Mesa
PERSONALIDAD. Pino Iturrieta dirige actualmente el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Católica Andrés Bello. También es columnista del diario ‘El Universal’. LA PRENSA/David Mesa

Elías Pino Iturrieta (Maracaibo, 1944) es uno de los historiadores más importantes de Venezuela. Egresado de El Colegio de México, hizo la mayor parte de su carrera en la Universidad Central de Venezuela (UCV), donde llegó a ser decano de la Facultad de Humanidades. Tras jubilarse de la UCV, actualmente dirige el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Católica Andrés Bello.

Escritor prolífico y columnista del diario El Universal, Pino Iturrieta se ha especializado en la historia de las ideas y las mentalidades. Para él existe en el fondo de la idiosincrasia venezolana una histórica lucha entre las ideas liberales (que él llama “republicanismo”) y la fuerza del caudillismo. Esa lucha es fundamental para entender la historia de este país y, por supuesto, las elecciones presidenciales del próximo domingo.

Denos un diagnóstico histórico de la sociedad venezolana.

Hay como dos valencias de la sociedad venezolana desde su fundación: el republicanismo y el antirrepublicanismo. La búsqueda de un camino liberal, partiendo de instituciones liberales; y el militarismo, los factores eclesiásticos y tradicionales, que han impedido que se lleve a cabo esa realidad.

Tenemos que esperar a 1945 cuando, a través de un golpe militar, se inicia el camino de la democracia liberal. Comienza a florecer la ciudadanía, pero es un proceso muy corto, de tres años, que no se reanuda sino hasta 1958, con la caída del general Marcos Pérez Jiménez.

Ese proceso empieza a languidecer, a su vez, en la medida que los partidos políticos, fundamentalmente Acción Democrática y Demócrata Cristiano se convierten en gestores de una cúpula que cada vez se aleja más de la sociedad. Y surge un período de desesperanza que sirvió de colchón, de fundamento, para que se proclame la posibilidad del retorno de un hombre fuerte, del Mesías, que siempre había existido, pero que en este momento parecía desaparecido del mapa. La nueva encarnación del personalismo es el teniente coronel Hugo Chávez. Él emprende este proceso, de casi tres lustros, que conduce a la elección de próximo 14 de abril.

El fenómeno del caudillismo no es exclusivo de Venezuela. ¿Cuáles son sus raíces a nivel latinoamericano?

Hay un factor esencial que se puede aplicar a toda Hispanoamérica: la conquista de América no es una operación del Estado español. No depende de las instituciones monárquicas, sino de los intereses personales. Yo, Hernán Cortés. Yo, Francisco Pizarro. Yo, Diego de Almagro, hago la conquista a título personal y después pacto con el rey. En la medida que los intereses personales llegan primero, se establecen e imponen sus condiciones, la institucionalidad monárquica pasa a segundo plano.

De ese predominio de intereses particulares nace el caudillismo, que va a convertirse en realidad cuando falta la figura del rey. Contra el rey no se puede realizar un levantamiento eficaz, y compartido por toda la sociedad, porque es enviado de Dios. Cuando falta ese monarca hay que crear, a los ojos del público, a un superdotado que pueda ocupar el vacío del rey. Entonces, la corona se la ponen al hombre fuerte, generalmente hombre de armas, que tiene la posibilidad de controlar a la multitud.

Eso cunde en toda Hispanoamérica, y en Venezuela se crea toda una legitimación de lo que se empieza a llamar “el César democrático”, que en ese momento es un tirano tenebroso llamado Juan Vicente Gómez. Esa legitimación del hombre fuerte, ante la ineptitud del pueblo permanece, subyace en algunos lugares del inconsciente colectivo, pese a la siembra de instituciones de naturaleza liberal y democrática.

¿Y por qué es tan difícil sacarla de ahí?

En el caso venezolano puede haber una explicación. La guerra de independencia nos convirtió en un escombro, y ese ambiente tan hostil impidió el establecimiento de una república liberal democrática. ¿Qué hacer para que esas instituciones se arraigaran? ¿Qué hacer para que el sueño del paraíso liberal se convirtiera en realidad? Los republicanos hicieron un pacto con el diablo. Buscaron al hombre fuerte de entonces, el general José Antonio Páez, e hicieron un negocio: nosotros hacemos las instituciones liberales, y usted las controla y las custodia.

Y ese pacto operó hasta que dejó de funcionar. Cuando comienzan los problemas, el hombre fuerte reemplaza a las instituciones, y le abre el camino a las dictaduras personales, que echan a la basura el proyecto liberal.

Pero el proyecto queda. Como credo, como propuesta, y sube a la cima y vuelve a caer. Justo en este momento se está viviendo ese pugilato. El proyecto liberal democrático pugna por llegar a la cima, y desde allí el personalismo trata de impedirlo. Es un fenómeno histórico que no se puede explicar hablando tonterías de (Hugo) Chávez, (Nicolás) Maduro o (Henrique) Capriles.

Hábleme del fenómeno de Hugo Chávez

El fenómeno Chávez sale de la última década de gobierno representativo, la debilidad de los partidos políticos, el alejamiento de esa cúpula partidista del resto de la sociedad, la desilusión que eso provoca, los empujones terribles que les dan a los partidos políticos los medios de comunicación social, y un fenómeno cada vez más creciente de desprestigio de la política y de los políticos. Esa es la comida que engorda a Chávez, y que le permite llegar al poder.

Es un proyecto que se desarrolla partiendo de la debilidad de la democracia representativa, y que se fundamenta en el prestigio de Chávez. Ese prestigio, a su vez, es mítico, y todo mito tiene pies de barro. Y ese barro se le comienza a ver en 14 años de gestión. ¿Cómo prolongar el mito cuando este mito empieza a tambalear? Asociándolo con la religiosidad popular. Eso es lo que está sucediendo ahora: el engorde de la santería para meter a Chávez en el altar popular.

Pero. Hay un pero. En Venezuela, en términos generales, jamás la religión ha influido en la política. De ahí que esa pueda ser una traba para este culto del Cristo de los pobres que está fomentando el chavismo, y para el ascenso al cielo del apóstol llamado san Nicolás Maduro.

Y sin embargo, Capriles lleva un rosario en la campaña...

Sí, y me parece que es un retroceso. Es desandar un camino que se había superado. Venezuela hizo una propuesta de república laica desde el mismo momento de su fundación. Creo que cuando Chávez se proclama como obispo de una nueva religión, la religión invade el mundo de lo laico, y nadie ha quedado libre de esa invasión. Y en ese barquito de la invasión, por algún lugar llegó una gotera que le cayó a Henrique Capriles.

¿En qué momento llega el chavismo al 14 de abril?

El proyecto populista está descompuesto, pero no sé si lo suficiente. Eso lo sabremos el lunes 15.

Mira, la escogencia del candidato es una evidente muestra de descomposición. Ningún aspirante presidencial, no solo en el siglo XX sino desde antes, ha sido tan mediocre, tan ayuno de ideas y tan ausente de carisma como Maduro. Entonces, una organización poderosa, un partido político naciente y fortalecido no va a convertir en su abanderado a la mediocridad si no tiene problemas internos que sean indicativos de un proceso de desmoronamiento interior, que no conocemos en profundidad, pero que está por allí.

Tomando el pasado como base, ¿qué espera usted que suceda?

Yo creo que el retorno del republicanismo es inevitable. Primero, porque hay voceros más atractivos y flamantes que están conectando con grandes masas de la sociedad. En segundo lugar porque el mito de Chávez se terminará desplomando. Y en tercer lugar porque hay muchísimos aprietos económicos, muchísimas situaciones de incomodidad en torno a las cuales va a haber una fila de acreedores.

Más de la mitad de la sociedad venezolana ya está en fila para cobrarle al personalismo. Serán muchos más. Y es muy probable que esa cola se moleste mucho ante la taquilla si no le pagan. Si no le dan lo que ella ha dado en impuestos, en sacrificios, en expectativas. Y eso, sin ser adivino, es lo que se puede suponer que ocurra a partir de la próxima semana, o a partir de los próximos años, gane el que gane la elección.

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