La segunda, la vencida

El nuevo presidente Juan Carlos Varela, ingeniero industrial de 50 años, se comprometió a convocar una asamblea constituyente paralela.

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En 2008, y con 44 años, Juan Carlos Varela se postuló para presidente del Partido Panameñista, elección que ganó. LA PRENSA/Archivo. En 2008, y con 44 años, Juan Carlos Varela se postuló para presidente del Partido Panameñista, elección que ganó. LA PRENSA/Archivo.
En 2008, y con 44 años, Juan Carlos Varela se postuló para presidente del Partido Panameñista, elección que ganó. LA PRENSA/Archivo.

Hasta diciembre de 2013, el lenguaje corporal del panameñista Juan Carlos Varela insinuaba más rendición que confianza. O más cautela que adrenalina. En cada acto, en cada pueblo, cuestionaba públicamente al presidente Ricardo Martinelli, pero a la vez se le percibía preocupado, con cierta inquietud en la mirada y en el tono de su voz.

Pensaría, tal vez, en la falta de recursos económicos de su campaña, que en repetidas veces acusaron los panameñistas, como el vicepresidente del partido, Alberto Vallarino; o en las amenazas que denunciaron recibir sus donantes de parte de altos funcionarios del Gobierno; o en cómo desligarse del oficialismo, al que una vez perteneció, pero sin soltar los proyectos que impulsó desde allí.

Pero a finales de año, en una residencia en Punta Barco, Varela desechó la idea de formar una alianza opositora con el candidato perredista Juan Carlos Navarro, para destronar al gobernante Cambio Democrático (CD).

Este Varela caía en cuenta de que en la campaña –su segunda– no necesitaba aliarse para conquistar el Palacio de las Garzas.

“El que se quema con leche, ve la vaca y llora”, dice el refrán, y el panameñista parece haber aprendido de la que tal vez haya sido su mayor lección política: la alianza que selló con Martinelli en un sólido estrechón de manos en enero de 2009, y las cicatrices de la ruptura de esta 26 meses después.

LA NUESTRA ESTRATEGIA

Su esposa Lorena Castillo, con quien ha criado tres hijos, ya había advertido que si no ganaban las elecciones no habría una tercera oportunidad. Sin embargo, Varela demostró que el que persiste, vence. Administró finanzas, unificó ideas, mantuvo una misma línea y confió en su discurso.

Su fusión política para la campaña fue con el Partido Popular, que preside Milton Henríquez y que le aportó unos 25 mil inscriptos. Entre ambos formaron la alianza El Pueblo Primero.

Pero su victoria va más allá de la electoral; en casi ocho años al mando del panameñismo logró lavarle la cara a un partido que parecía haber perdido el norte –o lo buscaba– en las últimas dos décadas.

LA CASA EN ORDEN

Estudioso del panameñismo desde los 11 años, cuando leyó siete libros del partido como tarea para una clase de cívica en el colegio Javier, Varela tardaría 16 años en posicionarse como una figura destacada dentro del colectivo.

Allí organizó convenciones; hizo y repartió emparedados; se encargó de comisiones; todo como parte del camino hasta la cúpula, donde viviría encuentros y desencuentros con altos dirigentes, que incluso lo llevaron a renunciar al panameñismo en 1998, año en que fue jefe de campaña de Alberto Vallarino, entonces rival en las primarias de Mireya Moscoso (presidenta del país entre 1994-2004).

Durante estas elecciones internas se registró uno de los acontecimientos que marcaría un antes y un después en el futuro del partido, y de Varela mismo, quien en 1994 estaba del lado de Moscoso.

El equipo de trabajo de Vallarino denunció que el proceso de votación fue “desleal”, aduciendo que cerraron los libros de inscripción de votantes antes de tiempo, lo que habría favorecido a la candidatura Moscoso, quien por entonces presidía el colectivo. Esto ocasionó que Varela –y Vallarino– dejase las filas del colectivo. Cinco años después, estaba de regreso.

“Este es un partido mucho más fuerte. Aunque yo gané las primarias, en el partido que liderizaba en ese momento aún se manejaban muchos intereses que no eran los intereses del Estado, y que en su momento no coincidieron, no lucharon, con la pasión y la entrega que está luchando esta nueva generación”, reconoció Varela en una entrevista a este medio a principios de 2014.

Siendo el presidente más joven en la historia del panameñismo, cargo que ganó en elecciones internas 2006, cuando venció en los votos a quien entonces presidía el colectivo, Marco Ameglio, se dedicó a “democratizar” el partido lo más posible.

En julio de 2008, y luego de varias pugnas internas entre dirigentes, él y Vallarino, su antiguo aliado, se enfrentaron para decidir cuál sería el candidato presidencial en los comicios del año siguiente.

Varela se ganaría ese derecho con el respaldo del 54% de los panameñistas.

Pero las aspiraciones presidenciales quedarían en eso, aspiraciones. A pocos meses de las elecciones del 3 de mayo, las encuestas ponían por delante a la candidata oficialista Balbina Herrera. Por eso surgió desde la oposición la idea de formar una alianza para desbancar al Partido Revolucionario Democrático (PRD).

LA PRIMERA CICATRIZ

Era 27 de enero de 2009.

En la hacienda San Isidro, de la familia Varela, el panameñista y el candidato de CD, Ricardo Martinelli, sellaban la alianza opositora después de una semana de intensas negociaciones.

Con ella, Varela bajaba un escalón y se conformaba con la Vicepresidencia. Igualmente, y según lo pactado en la alianza, Martinelli gobernaría los primeros cinco años y el panameñista los cinco siguientes.

Pero las diferencias ideológicas entre él y Martinelli dentro de Palacio de las Garzas se acentuaron a medida que pasó el tiempo, hasta que a finales de agosto de 2011 Varela le dio un ultimátum al presidente.

“O ellos o yo”, recuerda haberle dicho a Martinelli. Con “ellos”, Varela se refería a los que considera parte del “círculo cero” que rodea al presidente, como los empresarios Gabriel Btesh o Riccardo Francolini.

Una semana después, hubo resolución. Varela dejaría a disposición su cargo como canciller y se pasaría a las filas de la oposición, aún siendo vicepresidente del país.

Años después, desde su centro de campaña, ubicado en Marbella, Varela confiesa que no se arrepiente de haberse aliado con CD porque quedaron proyectos sociales como 100 a los 70, la beca universal o el Proyecto Curundú.

Además de estos proyectos de los que se enorgullece Varela, y en los que basó parte de su campaña para las elecciones que ganó ayer, su paso por la alianza le dejó una demanda de $30 millones, que el propio Martinelli presentó en mayo de 2012 acusando que su vicepresidente lo llamó corrupto y aseveró que cobró coimas, cuando aún estaban del mismo lado de la cancha. Al menos en los papeles.

Su esposa, Lorena Castillo, recuerda que cuando se rompió la alianza vio a “un Varela humillado, arrastrado, atacado, amenazado, su familia, nosotros, todo”.

Igualmente, enfatiza en que fue la mejor lección que recibieron.

En ocho años desde que se reintegró al partido que lo atrajo durante su adolescencia, potenciado por el regreso al país en 1978 del expresidente Arnulfo Arias Madrid, Varela no solo se enfrentó a diferencias internas dentro de su propio colectivo, sino que se ganó un duro enemigo para las elecciones presidenciales de 2014: la maquinaria estatal, comandada por Martinelli.

ELECCIONES 2014

El liderazgo que logró construir Varela desde que tomó las riendas del panameñismo en 2006 se vio reflejado en las primarias de su partido, en mayo de 2014, que definirían quién sería el abanderado a la Presidencia en las elecciones de ese año.

Mientras en 2008 ganó el derecho a ser candidato presidencial con el 54% de los votos, en su segunda postulación el 99% de los panameñistas lo vieron como la mejor opción para enfrentar al que una vez fue una cara amigable para todos.

Con el mérito de haber limado asperezas internas y logrado unificar a su partido, Varela comenzó su segundo intento presidencial con un inconveniente no menor, capaz de limitar cualquier campaña electoral: financiamiento.

“Mi campaña es como la vida del pueblo: es una lucha diaria para salir adelante”, dijo el panameñista a principios de este año, cuando aún no había decidido quién lo acompañaría en su nómina presidencial.

Según él, el desgaste económico que significaron las primarias de su partido marcaron el ritmo lento de los primeros cuatro meses de su campaña. Eso y las presiones y amenazas “inmediatas” que recibieron sus donantes privados cada vez que se reunía con uno de ellos.

Estas limitantes obligaron a su equipo de campaña a administrar y optimizar los recursos lo mejor posible, a fin de llegar a la recta final de la campaña con los fondos suficientes para el último envión.

UNA MISMA LÍNEA

Durante 18 meses, un grupo de 250 personas trabajó en darle forma al plan de gobierno “El pueblo primero”, con el que Varela intentaría ganarse su despacho en Presidencia.

Varela siguió al pie de la letra lo que establecía su plan, que se elaboró bajo la supervisión de la entonces todavía profesional independiente Isabel De Saint Malo.

Control de precios de los alimentos, agua potable para todo el país, sanidad básica en 300 mil hogares, barrios seguros, renovación de la ciudad de Colón, la construcción de más de 50 escuelas, educación bilingüe, 120 a los 65, extender la beca universal, construir las líneas 2 y 3 del Metro y crear una autoridad metropolitana de transporte son algunos de los pilares en los que Varela basó su discurso.

Repetía el mismo discurso en cada una de sus apariciones televisivas, radiales o en persona en cada poblado que visitaba. Hasta diciembre de 2013, las encuestas de intención de voto lo situaban tercero, con cierta distancia de sus dos principales rivales.

Otra promesa que hizo, pero de la que no solía hablar durante sus giras, es la de convocar una asamblea constituyente paralela dentro de los dos primeros años de gobierno, para fortalecer la separación de poderes. Según él, la convocará en julio de 2015 para poder hacer un período de consulta y pedagogía nacional con el fin de que la población entienda de qué se trata.

Sus palabras y proyectos calaron hondo en los pueblos y ciudades del interior, donde históricamente su partido ha contado con el mayor respaldo del electorado. Desde allí y hacia la capital, su campaña comenzó a ganar adeptos.

En cada acto político o religioso, las masas de simpatizantes “varelistas” se hacían sentir cada vez más a medida que se acercaban las elecciones.

Ya su postura no se percibía encorvada o cansina. Sonrisas, besos, abrazos, fotos, autógrafos, cánticos, gritos de respaldo y largas filas de personas, que siguen sus pasos por las calles angostas de los poblados interioranos marcan el ritmo de las giras.

A unos cuatro meses del 4 de mayo, Varela comenzaba a recortar la distancia con el segundo en las encuestas.

Ahora, faltaba nombrar a su candidato a vicepresidente y ganarse la confianza de los sectores indecisos de la provincia capital.

EL EFECTO DE SAINT MALO

Durante la convención extraordinaria del panameñismo, a finales de enero pasado, Henríquez y Varela anunciaron que Isabel De Saint Malo sería la compañera de fórmula del ingeniero industrial, que este año cumple 51 años.

Después de varios meses de debatir y de descartar nombres, como el del civilista Aurelio Yeyito Barría, que definió con De Saint Malo, Henríquez y Varela se decidieron por la experta en asesoría, desarrollo e implementación de políticas públicas.

Si bien en el nombramiento causó cierto asombro en la mundo político panameño, entre los empresarios y los independientes la noticia se vio con buenos ojos. Incluso, atrajo a miembros de otros partidos.

Desde que De Saint Malo se unió a la causa, el grupo Molirena Vive, integrado por fundadores del Movimiento Liberal Republicano Nacionalista (Molirena), manifestó su apoyo a la fórmula presidencial de la alianza “El pueblo primero”.

Además, el Movimiento Independientes con Varela, que integran figuras como Alfredo Motta o el exdefensor Juan Antonio Tejada, también se inclinó por dicha alianza.

Miembros de estos dos grupos señalaron que la designación de De Saint Malo como vicepresidenta fue un factor importante en su decisión de apoyar a Varela.

Además de las buenas sensaciones que causó el nombramiento en la sociedad civil organizada, sobre todo en términos de transparencia, le dio sentido a las intenciones y proyectos que prometió Varela durante su campaña.

Quien estuvo al mando del grupo de trabajo que ideó el plan de gobierno, ahora era la compañera de fórmula que fiscalizará y se asegurará que los proyectos que surgieron de decenas de mesas de trabajo se cumplan, según dijo De Saint Malo a este medio durante la campaña.

Ya con una compañera de fórmula, sin experiencia en el ruedo político pero que sabe lo que es trabajar con gobiernos, Varela pisó el acelerador y enfocó sus esfuerzos en reafirmar su respaldo en el interior del país, sumar los seguidores que pueda en la provincia capital y atacar de frente al candidato oficialista, José Domingo Arias.

En los foros o debates donde asistían los candidatos presidenciales, Varela no perdió oportunidad de lanzar una recta a Arias. Hasta diciembre de 2013, en sus discursos el panameñista solo se dedicaba a mencionar los proyectos que haría de ganar la Presidencia.

La denuncia sobre el supuesto uso de recursos del Estado para atacarlo a él y para favorecer a la campaña de Arias fue lo que marcó la tónica de los últimos meses de la campaña de Varela. Eso y la injerencia que buscaba tener el presidente Martinelli desde Twitter.

Como lo pronosticaban desde el entorno de Varela, los últimos dos meses de campaña estuvieron matizados por ataques personales e intentos de difamación del candidato.

Uno de esos casos –y el más reciente– fue el que publicó un periódico extranjero y que hizo eco en Panamá, en el que denunciaba que la campaña de Varela habría recibido dinero de fondos ilícitos.

Durante el año que duró la campaña, Varela y compañía lograron mantenerse de pie confiando en el mensaje y espíritu de sus propuestas y pudieron sacar la máxima ventaja al fantasma de haber pertenecido al gobierno que ahora intentaba destronar.

“El dinero no gana elecciones”, había dicho el vicepresidente panameñista Alberto Vallarino, en un momento de la campaña. Y el desenlace de una de las elecciones más agitadas de la historia política panameña le terminaría dando la razón.

Varela ya no camina doblado; es el nuevo Presidente de la República. El 1 de julio recibirá la banda presidencial de la mano de un antiguo aliado y reciente enemigo: Ricardo Martinelli. Cruzarán miradas, se sonreirán y se estrecharán la mano. Los roles cambiaron y ahora es al panameñista a quien le toca gobernar un país.

Después de la tormenta viene la fiesta

Incluso antes de que el Tribunal Electoral (TE) anunciara de manera oficial que Juan Carlos Varela se convertiría en el próximo Presidente de la República, la presencia de sus simpatizantes ya se hacía sentir en la calle.

Carros adornados con banderas alusivas tanto al Partido Panameñista como a su aliado el Partido Popular daban vueltas alrededor de representativos centros de votación, tocando bocinas y gritando “Varela Presidente”, mientras fuegos artificiales iluminaban el cielo.

Sin embargo, la caravana no tuvo su recorrido habitual por calle 50, la avenida de la capital donde normalmente se llevan a cabo estas muestras de celebración. Aunque esa vía sí mostró un inusual movimiento para ser domingo en la noche, se encontraba casi desierta: ocasionalmente carros pasaban repletos de simpatizantes que se dirigían a un destino en particular: el Hotel Sheraton, donde se encontraba un triunfalista Juan Carlos Varela y su equipo de trabajo, que festejaban la culminación de una larga y difícil campaña electoral.

Este sería el punto de encuentro: cientos de personas se alistaban para acompañar a su líder a la sede del TE, donde este se dirigiría no solo a los magistrados de esa entidad sino al país entero, que esperaba escuchar a quien lo representará los próximos cinco años.

Pero la celebración no terminó en el TE. Los eufóricos varelistas se tomaron la avenida Perú y los alrededores del centro del colectivo fundado por Arnulfo Arias, punto final del encuentro donde los ganadores esperaban con ansias la llegada de su líder para continuar con las fiestas hasta la madrugada.

Lejos de la capital, los pueblos de Pesé y Parita –de la provincia de Herrera, tierra que vio crecer al próximo mandatario– se hicieron eco del triunfo y salieron a las calles a celebrarlo.

Con gritos de “Varela presidente” y “tenemos un presidente herrerano”, una muchedumbre se agolpó frente a la escuela Hildaura Vieto, de Pesé, donde en la mañana emitió el voto el hoy Presidente electo.

Mientras, en Parita, los fuegos artificiales se dejaron escuchar, al tiempo que las personas festejaban, bandera panameñista en mano, el triunfo obtenido.

“Ganó el pueblo panameño”, dijo entusiasmado Franklin Cedeño, un residente del área, mientras que con su mano derecha hacía el signo de victoria característico de los varelistas.

Otras provincias, como Colón y Chiriquí, también se volcaron a las calles para celebrar la victoria de Varela.

María Cristina Ramírez

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