Los senadores brasileños deciden destino de Rousseff

La cantidad necesaria de senadores para iniciar el juicio a la presidenta se había completado alrededor de la 1 de la madrugada.

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Un Senado semivacío reflejaba ayer la lentitud del debate sobre la destitución de Dilma Rousseff.AP Un Senado semivacío reflejaba ayer la lentitud del debate sobre la destitución de Dilma Rousseff.AP
Un Senado semivacío reflejaba ayer la lentitud del debate sobre la destitución de Dilma Rousseff.AP

La mayoría del Senado brasileño se pronunció esta madrugada a favor de iniciar un juicio político a la presidenta Dilma Rousseff, lo que pondría fin a 13 años de gobiernos de izquierda en medio de una crisis que aqueja al gigante latinoamericano.

Cuarenta y un senadores votaron a favor de enjuiciar a Rousseff, quien será suspendida del cargo mientras se realiza el juicio, y el vicepresidente Michel Temer ocupará su puesto hasta por seis meses, mientras se decide si la presidenta será, o no, destituida permanentemente.

El presidente del Senado, Renan Calheiros, dijo que deseaba que la votación ocurriera anoche, pero la sesión fue lenta. Tras el pronunciamiento de los senadores, la votación ocurriría más tarde, esta madrugada.

Un recurso judicial de última hora, interpuesto por el gobierno para intentar detener el juicio político a la presidenta, fue rechazado por la Corte ayer.

Ambiente desolado en pasillos del poder

Un vacío fantasmal invadía ayer, miércoles, el Gabinete de la presidenta Dilma Rousseff en Brasilia, en las horas previas a que el Senado aprobara, casi con toda seguridad, la suspensión de su mandato.

Si bien el Senado continuaba con sus deliberaciones anoche tarde, la mayoría de los senadores se había pronunciado a favor de su destitución y muy pocos en contra, y aunque la presidenta aseguró que lucharía por su mandato con uñas y dientes, el ambiente en Brasilia era de despedida. Se anticipaba el fin de una era.

La impresionante Plaza de los Tres Poderes en Brasilia, que reúne tres edificios diseñados por Oscar Niemeyer -el Palacio de Planalto (sede del Ejecutivo), el Congreso y la Corte Suprema-, estaba completamente vacía, rodeada por una valla policial que impedía el acceso. Las avenidas estaban silenciosas, y el asfalto resplandecía ante las altas temperaturas de Brasilia.

Aparte de la Policía que custodiaba los recintos, tan solo un puñado de personas deambulaba en las afueras de los inmensos edificios modernistas, algunos protegidos del sol con sombrillas. Dos guardias de seguridad, vestidos con sus uniformes típicos, chaqueta azul y pantalón blanco, se mantenían erguidos en las afueras del monumental Palacio de Planalto.

El estacionamiento estaba casi vacío y apenas un grupo de funcionarios del Gobierno entraba y salía.

“El ambiente es muy triste aquí”, comentó una mujer que trabaja en el Gabinete de Rousseff, al ingresar al recinto en el que será probablemente su último día de trabajo en el Gobierno. “Muchos de nosotros estamos buscando un nuevo empleo. No queremos trabajar para el vicepresidente”, dijo en referencia a Michel Temer, quien asumirá las riendas del gigante sudamericano cuando Rousseff sea suspendida por hasta 180 días, mientras el Senado la somete a un juicio político.

“Hay una sensación de incertidumbre sobre nuestro futuro”, indicó la mujer, que pidió el anonimato.

Rousseff ya había retirado objetos personales de su despacho, dijo un responsable de la Presidencia a la AFP. Debate si retirarse de Planalto de la manera más discreta posible o con la actitud guerrera que siempre la ha caracterizado, rodeada de simpatizantes.

Dentro del Congreso, el ambiente era de frenesí: los senadores exponían sus argumentos en favor y en contra de la destitución de Rousseff, tanto en el hemiciclo como en los pasillos. Todo indicaba que la oposición superaba con creces los votos necesarios para suspender a la presidenta, acusada de maquillar las cuentas públicas para disfrazar el déficit del país, lo que según ellos agravó la profunda recesión económica que atraviesa Brasil.

En las calles, incluso las personas que manifestaban su repudio a Rousseff creían que habrá pocos motivos para celebrar si Temer asume el poder.

Una gran empalizada de metal fue montada frente al Congreso para dividir a manifestantes a favor y en contra del juicio político, una señal más de la profunda división que vive el país.

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