TALENTO CULINARIO

Las torrejas de Gastón

Las torrejitas de El Ciruelo llegarán este domingo a la capital de la mano experta de Gastón De Bello, un apasionado cocinero de 52 años.

Temas:

En El Ciruelo, los productos más buscados son las torrejitas, la lechona, el sancocho de gallina de patio y el pollo guisado. CORTESÍA En El Ciruelo, los productos más buscados son las torrejitas, la lechona, el sancocho de gallina de patio y el pollo guisado. CORTESÍA

En El Ciruelo, los productos más buscados son las torrejitas, la lechona, el sancocho de gallina de patio y el pollo guisado. CORTESÍA

En días regulares, Gastón prepara entre 400 y 500 torrejitas. CORTESÍA En días regulares, Gastón prepara entre 400 y 500 torrejitas. CORTESÍA

En días regulares, Gastón prepara entre 400 y 500 torrejitas. CORTESÍA

Al escuchar la entusiasta voz de Gastón De Bello a través de la línea telefónica, es fácil imaginárselo sobre el fogón preparando las torrejas de maíz nuevo de las que con tanto cariño habla.

A El Ciruelo Gastón llegó luego de una dificultad familiar: llevaba años viviendo en la capital del país cuando su mamá, Bienvenida, sufrió un derrame. Gastón renunció a su trabajo sin más y regresó a su tierra dispuesto a empezar de nuevo con tal de apoyar a la mujer a la que siente que le debe todo.

Pronto consiguió trabajo en aquella histórica fonda que desde 1973 se ubica al borde de la vía Interamericana, a la altura de El Ejido de Los Santos. Allá, donde la mayoría de los visitantes paran con esta frase en la punta de la lengua: “una torrejita con lechona”.

Empezó como salonero limpiando mesas, luego de que los comensales partían satisfechos, hasta que un buen día le preguntaron si se atrevía a atender a los clientes. Desde entonces, cada vez que en El Ciruelo le presentan un reto distinto, Gastón contesta rápidamente con una frase que parece ser muy particularmente suya: “sí, como no”.

Pronto aprendió a preparar torrejas y carimañolas con la guía de Gumercinda, una señora mayor con numerosos secretos culinarios escondidos debajo de la manga, quien ha sido su teacher durante todo el proceso. Todavía recuerda lo nervioso que se sintió las primeras dos semanas que le encargaron la preparación de tan preciada fritura y cómo el miedo de no hacerlo se fue esfumando, poco a poco, junto con cada feliz cliente.

Su voz amable y aquella entonación interiorana se cuelan por la línea y, con ellas, el cariño que siente por lo que hace. Hace cinco años que se dedica a la producción de torrejitas –buñuelos, como se les conoce propiamente en el área– y la tarea despertó en él una pasión a la que nunca se había dedicado profesionalmente, pero que siempre había sido parte de su vida.

Para él, todo empieza en su niñez. En las veces que su mamá lo llevaba a la fonda y en los momentos cuando, paradito cerca de ella, se empapaba de conocimiento culinario, viendo cómo se preparaba cada cosa. “Yo siempre me quedaba mirando”, recuerda.

En su familia, el asunto de la cocina, esa cocina panameña donde la leña es protagonista, ha sido siempre tradición y se mantiene de generación en generación. Su mamá, cuando su salud no le había fallado, cocinaba los más deliciosos platillos y su tía, quien ahora cuida a su mamá los días que él trabaja, es, para él, “una fuera de serie”.

Ahora, él ha tomado el bastión y ha hecho de la cocina su profesión: de jueves a domingo cocina con esmero en El Ciruelo y de lunes a miércoles, cuando la fonda permanece cerrada, ayuda a su madre y a su tía en cuanto mandado o faena necesite realizarse.

DETRÁS DE SU PRODUCTO INSIGNIA

Para Gastón, un día normal en El Ciruelo empieza a las 7:00 a.m., cuando llega y se dedica a acomodar las mesas de la popular fonda.

Pronto releva a la compañera en la preparación de los buñuelos, una tarea de cuidado que no le permite hacer mucho más. La madera que alimenta la llama del fogón es de nance y, con las manos calientes en plena faena, Gastón se cuida de los cambios de temperatura.

Ha repetido tantas veces la tarea, que ya tiene los números grabados en la memoria: en un día normal prepara entre 400 y 500 torrejitas. En las fechas especiales, cuando hay ferias o durante los carnavales, la cantidad de frituras que prepara le parece inconmensurable: “es un exabrupto, eso no tiene nombre”, asegura.

Consultado sobre el secreto detrás de una buena torrejita, Gastón explica de manera didáctica: “se tiene que comprar un maíz que no esté duro ni tampoco muy suave, por que sino, no sirve, no trabaja. Entonces, la mazorca se selecciona, se abre, se pela y se limpia bien”, señala.

Una vez realizado este proceso, se le echa un “puñito” de sal y se pone a moler en la máquina, prestándole atención para que, como dicen ellos, “no quede muy afrechuda”.

Además, la producción siempre va ligada al acompañamiento: si la lechona o el pollo se acaban, Gastón también cesa de hacer torrejitas en la cocina.

“A mí me encanta. Le voy a ser sincero, para mí la cocina es un arte. Yo me debo al público”, cuenta ya al final de la llamada con la voz de algún familiar a la distancia.

Quizá, algo de ese cariño y empeño del que habla hacen de sus torrejitas tan delicioso bocado.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

PROCESO Comienzan los trámites para lograr la canonización de la panameña Ana Moreno

Anita Moreno nació en Macaracas y falleció en La Villa de Los Santos el 11 de noviembre de 1977.
Especial para La Prensa/Vielka Corro Ríos

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

15 Oct 2017

Primer premio

6 0 4 8

BDDC

Serie: 7 Folio: 8

2o premio

5559

3er premio

9849

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código