JOSEFINA DE CORREA

‘El trabajo ayuda a sobrevivir’

Pese a las circunstancias de la vida, lo importante es dejar una huella positiva, un legado que inspire a las futuras generaciones.

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La profesora Josefina de Correa muestra los insumos con los que analiza la morfología de los glóbulos rojos. Pronto presentará los resultados del estudio de más de 40 años que ha realizado con algunos colegas. La profesora Josefina de Correa muestra los insumos con los que analiza la morfología de los glóbulos rojos. Pronto presentará los resultados del estudio de más de 40 años que ha realizado con algunos colegas.

La profesora Josefina de Correa muestra los insumos con los que analiza la morfología de los glóbulos rojos. Pronto presentará los resultados del estudio de más de 40 años que ha realizado con algunos colegas. Foto por: Luis García

Parte de la colección de cráneos que sirve como material didáctico. Parte de la colección de cráneos que sirve como material didáctico.

Parte de la colección de cráneos que sirve como material didáctico. Foto por: Luis García

Los animales preservados son útiles para estudios taxonómicos y sistemáticos. Los animales preservados son útiles para estudios taxonómicos y sistemáticos.

Los animales preservados son útiles para estudios taxonómicos y sistemáticos. Foto por: Luis García

Josefina de Correa es profesora titular en la Escuela de Biología de la Facultad de Ciencias Naturales, Exactas y Tecnología de la Universidad de Panamá (UP). Sus padres eran italianos y sus abuelos habían llegado al istmo para la construcción del Canal de Panamá.

De estatura pequeña, camina de un lado a otro con su bastón, emocionada, pidiéndole a sus estudiantes que la ayuden a sacar algunos animales disecados para que aparezcan en la foto de este artículo.

Después de graduarse en la primera promoción de bachilleres en ciencias del colegio que hoy se llama Pedro Pablo Sánchez, en La Chorrera, quería ser doctora en medicina. Pero, comenzando la década de 1960 no existía el puente de las Américas, y como vivía en La Chorrera, debía viajar a diario en un ferri para llegar a la universidad. Era un viaje tedioso en el que invertía tres horas en llegar y otras tres en volver a su hogar. “Perdía siempre las horas de la mañana, tuve que estudiar la licenciatura en biología y química, porque aún levantándome a las 4:00 de la mañana no llegaba a tiempo para las clases en medicina”. Para esa época, según recuerda, el hecho de ser una mujer en el campo científico no fue tan difícil como el trato “poco grato” que recibían los estudiantes por ser “del interior”.

Ya graduada, estudió el virus de la encefalitis equina. Cuando tenía unos 26 años, el doctor Octavio Sousa, quien fuera director de la Escuela de Biología de la UP, le preguntó si le gustaría dictar clases. Así comenzó su trayectoria de 48 años en esa institución académica.

PASIÓN POR LOS ANIMALES

La profesora De Correa dicta el curso de Preparación y Conservación de Material Biológico a los estudiantes de tercer y cuarto año de la carrera de Biología. Entre mesas, sillas y animales disecados apiñados, entre ellos un águila harpía, perezosos, tortugas y algunos cráneos, explica que se trata de una colección de los mejores especímenes del curso.

“Aclaro que no matamos a ningún animal. Son especímenes donados por parques, decomisados o recogidos de las carreteras que han muerto por accidentes, pero jamás permitimos que ningún estudiante mate un animal. Aquí los guiamos y ellos los preparan”.

En el año 2000 se formó el Centro de Conservación y de Exhibiciones Biológicas, que permite a los estudiantes de biología hacer estudios taxonómicos y sistemáticos cuando no pueden ir al campo y ver los animales en su hábitat natural.

Estos animales conservados también se usan con fines educativos en colegios de secundaria, públicos y privados. Algunas iglesias han pedido prestados algunos para hacer docencia sobre la protección de la fauna. El centro también colabora con una universidad privada en el Día del Medio Ambiente, y con la Policía de Turismo Ecológico, como facilitadores de los especímenes para hacer docencia en las barriadas.

“Hay que respetar la flora y la fauna”, sostiene la docente que a través de los años ha ayudado a su hijo menor, Néstor, a rescatar y cuidar muchos animales. Y en un año y medio, después de su jubilación, planea seguir colaborando con él en la Asociación Panamericana para la Conservación.

LEGADO

A lo largo de su carrera, la docente panameña ha hecho estudios con la mosca de la fruta (Drosophila melanogaster) y tiene un cepario de más de 40 años que le brinda servicios a escuelas públicas y privadas y a los cursos de la UP, para alimentar ranas, arañas, etc., de otros centros de la universidad.

Otro de sus trabajos fue sobre los endoparásitos y ectoparásitos de las 10 principales especies comestibles de la bahía de Panamá, en el cual comprobó que todos los peces estaban parasitados. “El problema es la etapa de huevo o quiste en la musculatura de la columna. Consumimos esos huevos, proliferan en el tubo digestivo y se mandan de regreso a la bahía”.

Pero quizás el que ha sido más relevante para ella es el que comenzó en 1970, sobre la anemia falciforme, el cual ha dividido en varias etapas: de 1971 a 1981, de 1982 a 1995 y de 1996 a 2015. En la primera etapa se detectó una alto índice de portadores en la población nacional.

Durante la época militar, el general Omar Torrijos pidió a los profesores de la UP que ayudaran a solucionar los problemas de la República, narra. “Yo estuve en la comisión de alfabetización y salud. Fuimos por todos los colegios nocturnos, haciendo el examen de anemia falciforme y había un porcentaje muy alto”. En 1982 se hizo la primera publicación en la revista médica de la Caja de Seguro Social.

Trabajos como este contribuyeron a que se lograra disminuir el porcentaje de portadores a la mitad, respecto a 1970. Se empezó a pedir exámenes en las pruebas preliminares de los hemogramas en hospitales y se convirtió en un requisito para las parejas que deseaban contraer matrimonio.

Con su esposo, el microbiólogo Agenor Correa, fallecido en 1992 y quien también trabajaba en la UP, la docente estudió la relación del tipo sanguíneo y el factor Rh con la anemia falciforme, en 2 mil 528 personas, probando que estos no tenían relación con la morfología alterada de los glóbulos rojos, la cual se debe a una mutación genética.

El próximo año proyecta publicar los resultados del estudio de más de 40 años en el cual también han colaborado los profesores Arnold Russell y Roberto Masters, así como el doctor Gaspar Robinson, quien ha investigado sobre la anemia falciforme en la isla de Ailigandí, comarca Guna Yala.

La bióloga y docente destaca la importancia de los avances en el campo de la genética para encontrar nuevos tratamientos y curar enfermedades. Idealmente, dice, todos debieran poder conocer sus antecedentes familiares para prevenir muchas enfermedades.

Pero en su camino también ha tenido escollos.

En 1983 le dio cáncer. Los médicos le habían dado cinco años de vida. Fue operada, recibió quimioterapia en el quinto piso de la Caja de Seguro Social y se apoyó en la medicina natural, tomando “hierbas”. Pero no dejó de trabajar. Esta experiencia también reafirmó su fe. “Clamé a Dios porque mis hijos aún eran muy pequeños”.

Al pasar los años fue operada de la columna, de la vista y en sus manos, porque el túnel carpiano le impedía seguir el curso de conservación, ya que le paralizaba los dedos. Pese a estos inconvenientes, ella se ha mantenido activa y laborando.

Manifiesta que su mayor orgullo son sus tres hijos: Rosaria, Agenor y Néstor, que le han dado cinco nietos. “Ser docente a tiempo completo en la UP y manejar a tres hijos en los colegios no era fácil, pero se lograba. Mi esposo me ayudaba y los tres se convirtieron en profesionales”.

Como sobreviviente del cáncer, cree, siente y piensa que “el trabajo ayuda a sobrevivir”.

“¡No se dejen, que nos vamos!”.

TRAYECTORIA

PERFIL.

Es bachiller en premedicina, tiene una licenciatura en biología y química y un posgrado en docencia superior. Ha laborado durante 48 años en la Universidad de Panamá, donde dirige el Centro de Conservación y de Exhibiciones Biológicas.

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