Cuando la urbe es hostil

El hombrecito blanco sentado sobre el fondo celeste era claramente visible desde lejos. Pero él eligió no verlo.

El vehículo era una 4x4 gris, relativamente nueva (no del año) y los estacionamientos del supermercado estaban llenos. Él no vio problema y lo aparcó justamente allí.

La señora, de unos 70 años, avanzaba trabajosamente con un bastón por la acera. Ella miró al hombre. Sin decir nada le señaló lo que estaba escrito sobre su flamante vehículo. Decía el letrero: “Me has ocupado mi estacionamiento ¿quieres también mi discapacidad?”.

Él hizo como que no había visto y apretó el paso.

La ciudad de Panamá ha empezado a ser una ciudad consciente de la población discapacitada que, en todo el país, suma en la actualidad unas 370 mil personas.

Centros comerciales, hoteles y hospitales ya han incorporado estacionamientos, rampas, baños, espacios para discapacitados. Una batería de leyes, disposiciones y manuales apoya la construcción y adecuación de un entorno urbano más amigable con esta población. Pero entre tanto la ciudad (y muchos ciudadanos) siguen siendo incomprensivos con aquellos que no pueden desenvolverse como el resto.

El tema de los estacionamientos es quizás el más visible.

La campaña de la Defensoría del Pueblo lanzada en 2008 parece estar calando poco a poco en la población, haciéndola consciente de que debe respetar los espacios destinados para las personas con discapacidad.

Así lo ve Apolonio Leones, abogado y quien trabaja con el tema de discapacidad en la Defensoría del Pueblo de Panamá.

“La campaña ha sensibilizado a la sociedad. El martillar constantemente sobre lo mismo nos hace cambiar, pero hay que seguir insistiendo”, dice Leones, quien es invidente. Pero hay otras áreas donde el asunto no anda tan bien.

Dice el arquitecto Rodrigo Mejía Andrión que, por ejemplo, las aceras están plagadas de obstáculos, como hidrantes, tirantes para sostener postes, medidores de agua y alcantarillas sin tapa que son más peligrosos justamente para las personas con discapacidad.

El propio Ramón Alemán, director de la Secretaría Nacional de Discapacidad (Senadis), lo ha aceptado: “Estamos muy verdes en la adecuación de la ciudad para las personas con discapacidad”, señalaba recientemente.

NORMAS

Formalmente, al menos en el papel, hay disposiciones concretas para tener una ciudad más amable con las personas con discapacidad.

Existe la Ley 42 de 27 de agosto de 1999, por la cual se establece la equiparación de oportunidades para las personas con discapacidad y que dice, en su capítulo IV, sobre el acceso al entorno físico y a los medios de transporte, que “las construcciones nuevas, aplicaciones o remodelaciones de edificios, parques, aceras, jardines, plazas, vías, servicios sanitarios y otros espacios de uso público, que impliquen concurrencia o brinden atención al público, deberán efectuarse conforme a normas de diseño que respondan a los requisitos físicos y requerimientos mínimos necesarios para ser usados por las personas con discapacidad”.

La ley es específica sobre plazos, sitios y definiciones.

También existe, desde 2008, el documento Acceso. Desarrollo de la normativa nacional de accesibilidad en temas de urbanística y arquitectura, que define cómo debe ser el mobiliario urbano, interno y externo que permita el desplazamiento y funcionamiento cómodo de las personas con discapacidad. Detalla medidas, dimensiones, materiales y otras especificaciones para estos ambientes.

Y el Plan Estratégico Nacional Para la Inclusión Social de las Personas con Discapacidad y sus Familias 2011-2014 tiene un “Eje Estratégico sobre Accesibilidad para la Igualdad de Oportunidades. Acceso al Entorno Físico, a la Comunicación y a la Información”, que busca, entre otras cosas, “Asegurar a las personas con movilidad reducida y a su acompañante los espacios y mecanismos para su tránsito peatonal y uso del transporte terrestre”.

¿Entonces, qué ocurre? Según Mejía Andrión, a pesar de las leyes, “estamos a años luz” de tener un entorno amigable con las personas discapacitadas.

“Creemos que por construir una que otra rampita ya está solucionado el problema”, expresa.

Según Leones, lo que falta es fiscalización. “Sí hay un avance, pero no hay que descuidarse. Hay que mantener la fiscalización para que las leyes se cumplan”, dice.

Cómo usar los estacionamientos

El uso correcto de los estacionamientos para personas con discapacidad está definido en la Ley 42 del 27 de agosto de 1999. Según esta ley, quienes pueden usar estos estacionamientos son aquellas personas con incapacidad para caminar sin la asistencia de una ayuda técnica u otra persona; quienes usan sillas de ruedas, oxígeno portátil, son invidentes, padecen de insuficiencias respiratoria o cardiaca severas, y quienes tienen limitación importante para caminar por condiciones neurológicas y ortopédicas. Para poder usar estos estacionamientos además se requiere de un carnet emitido por la Secretaría Nacional de Discapacidad (Senadis) que se adquiere en la Dirección de Equiparación de Oportunidades, que certificará la discapacidad y además le dará una calcomanía que deberá ubicar en un lugar visible de su vehículo.

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