Entrevista con apuntes

´Una vida póstuma´

Fernando Berguido publica su autobiografía en una obra que como bien reseñó la directora de la revista ´The Hard Review of Latin American´, June Erlick, ´entrelaza lo personal y lo político, lo histórico y lo íntimo, con un hilo en común: la búsqueda de la verdad´.

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Fernando Berguido se ligó al diario ‘La Prensa’ a los 17 años. LA PRENSA/Ana Rentería. Fernando Berguido se ligó al diario ‘La Prensa’ a los 17 años. LA PRENSA/Ana Rentería.
Fernando Berguido se ligó al diario ‘La Prensa’ a los 17 años. LA PRENSA/Ana Rentería.

“Yo estaba supuesto a morirme en octubre de 2009”. Es la primera frase de la primera línea en la primera página de la autobiografía de Fernando Berguido. Así, bajo el mazazo rotundo de los hechos que se ven irreversibles, comienza el recuento de su vida un hombre que apenas cumplidos los años 47 decide aceptar que está en los predios de la muerte.

De eso trata Una vida póstuma, libro que con prólogo de Guillermo Sánchez Borbón será presentado este 20 de noviembre en el American Trade Hotel por María Mercedes de Corró e I. Roberto Eisenmann. La recaudación de la venta de esta obra será donada en su totalidad a la Fundación de los Niños con Leucemia y Cáncer (Fanlyc).

“La idea de conocer la fecha aproximada de nuestra muerte es espantosa. Por fortuna, los médicos son, como todos los mortales, falibles. Y el instinto de conservación suele jugarles bromas pesadas. Cuatro años después del diagnóstico, Fernando sigue vivito (y con un envidiable aspecto de buena salud)”, dice en su prólogo Sánchez Borbón al recordar los años compartidos con Berguido desde su llegada a La Prensa, una vinculación que para este “se inició cuando tenía 17 años de edad. Y duraría el resto de mi vida”.

Desde 1994 Berguido es miembro de la junta directiva de Corporación La Prensa; entre 2004 y 2011 fue su presidente, y en varias oportunidades director de La Prensa. En 2011 fue invitado por la universidad de Harvard como Nieman Fellow en Periodismo.

Fernán Molinos: ¿Por qué una autobiografía, o libro de memorias?

Fernando Berguido: En algún momento de mi enfermedad contemplé escribirle una carta a mi familia sobre decisiones médicas que tomé, entre ellas la de no someterme a un trasplante de médula ante el convencimiento estadístico de mis relativas posibilidades de sobrevivir.

La génesis del libro, sin embargo, eso de mezclar anécdotas autobiográficas con la convalecencia del cáncer, ocurrió a raíz de un ejercicio por el que tienen que pasar los Nieman en Harvard, quienes deben narrar su vida frente a sus colegas.

F.M. ¿Qué biografías lo marcaron como lector?

F.B. Que recuerde, la primera autobiografía que leí fue Confieso que he vivido de Neruda. Le han seguido muchas.

F.M. Unas memorias son, de hecho, un ajuste de cuentas. ¿Lo es Una vida póstuma? ¿Con quién, el ajuste?

F.B. Lo son con uno mismo, porque uno se vuelve espectador de su propio recorrido, enfrentado a sus propios demonios.

F.M. Las memorias le imponen al autor, más que a un escritor de biografías, ser objetivo frente a sus propios hechos; inclemente consigo mismo, ¿o no? Si no, cómo la credibilidad...

F.B. Así es. Hay que reconocer errores y también confesar secretos.

Una vida póstuma no es un relato de autoflagelación dolida, ni un recuento complaciente de lo que se ha visto pasar, o el mismo autor ha hecho con su vida. Unas memorias verdaderas exigen la sinceridad del confesionario para descarnar el texto hasta el hueso; la radícula: la verdad de la desnudez plena ante el espejo. De eso va este libro, sin concesión piadosa alguna.

Si alguna vez las citas de autores célebres han sido bien traídas al texto, esta es una de ellas. Berguido remite a Manuel Vicent: “En la vida corriente de cada uno el sortilegio de Dorian Gray se produce al revés, el cuarto oscuro es nuestro pasado y en él permanecen intactos el niño, el joven, el adulto, el ser fuerte que fuimos un día, mientras a pleno sol nuestro cuerpo con los años se va destruyendo, esos seres maravillosos que nos habitaron sucesivamente, si uno no los ha asesinado, siguen vivos en el espacio oscuro de nuestra memoria”.

F.M. ¿Hubiese sido otra la historia de La Prensa de haber tenido origen distinto al de nacer para luchar por la democracia?

F.B. Absolutamente distinta. Es más, si su origen hubiera sido otro, seguramente ese periódico no existiría ya.

En Una vida póstuma se cuenta mucho de la historia reciente del país, vista desde la conducción de La Prensa, circunstancia que permite un enfoque especial de las relaciones entre el poder y los medios de comunicación. “Viví en carne propia el enorme poder que tienen las palabras, la fuerza de un medio de comunicación y la responsabilidad que hay detrás de una publicación”, dirá Berguido en un aparte al hablar sobre horas tensas vividas como presidente y director del periódico.

Son muchas las revelaciones de carácter político que trae el libro; no sería de buen gusto anticipar alguna aquí.

Entre otros momentos determinantes, el autor da testimonio de interioridades del refugio buscado por Manuel Antonio Noriega en la nunciatura y de cómo este fue beneficiario de la “caridad cristiana”, según la entendía el obispo Laboa; del papel que en esto jugaron las bocinas dispuestas en el sitio por Marc Cisneros. Y también de las llamadas sorpresivas e insistentes de personajes que por ocupar la presidencia creen poder dictar no solo los titulares, sino hasta los contenidos de los medios independientes.

F.M. La autobiografía no es género favorecido en Panamá. ¿Hasta qué punto esto ha contribuido a que nuestra historia lo sea más por referencias de terceros que de sus protagonistas?

F.B. Eso es cierto. Hay un enorme vacío en el país que priva a nuestra historia del testimonio en primera voz de sus protagonistas más sobresalientes.

F.M. Algunos se niegan a escribir sus memorias por temor a incomodar a otros...

F.B. Hay un par de personas, que aprecio muchísimo, y a las que, sin embargo, no creo que les gusten algunos de los episodios que cuento. Pero no veía otra forma ni momento de contar esos eventos.

F.M. ¿De cuáles personajes de la historia de Panamá hubiera querido leer sus memorias personales?

F.B. De Manuel Amador Guerrero y de Arnulfo Arias Madrid.

F.M ¿Cómo está la salud de la libertad de prensa?

F.B. Muy deteriorada, completamente amenazada. Pero se va a reponer, no me quedan dudas.

F.M. ¿Terminará por consolidarse la democracia en Panamá?

F.B. La democracia panameña tiene que darle una lección ejemplar a Ricardo Martinelli; tiene que hacerse respetar. Después, hay mucho por hacer, empezando por recomponer la administración de justicia. Es el reto más importante que tenemos por delante.

F.M. ¿Es consciente nuestra sociedad del valor de la libertad de expresión?

F.B. Espero que lo seamos, porque si no la defendemos, estamos a punto de volver a perderla.

F.M. Estamos en campaña política. Así que, conteste ¿por quién votó en 2009?

F.B. Por Ricardo Martinelli.

F.M. ¿Por quién piensa votar en 2014?

F.B. Por el que le gane a Martinelli o a su candidato.

F.M. Después de todo, lo que debió ir al principio: ¿Y el título, Una vida póstuma?

F.B. Creo que le quedará claro al lector que llegue al primer capítulo.

PERFIL DEL AUTOR

FERNANDO BERGUIDO

Es abogado graduado con honores de la Universidad Santa María la Antigua. Como becario Fulbright obtuvo una maestría en derecho de la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA) y fue Nieman Fellow de la Universidad de Harvard. Además de ejercer el derecho en Panamá, ha sido presidente de Corporación La Prensa, S.A. (2004-2011) y director del diario ´La Prensa´ en dos ocasiones. 

Fue miembro de la Comisión de la Verdad (2001) y presidente del capítulo panameño de Transparencia Internacional (2000-2005), en cuyo período redactó el proyecto original de la actual Ley de Transparencia y promovió su aprobación. 

Es vicepresidente del Instituto Latinoamericano de Estudios Avanzados (Ildea); fue catedrático de derecho constitucional de la Universidad Santa María la Antigua y miembro fundador de las juntas directivas del Museo del Canal de Panamá, de la Fundación Calicanto para la preservación del Patrimonio Histórico, del Museo de la Biodiversidad y de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana.

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