[CUBA]

Camila y Yoani, no tan paralelas

´Critico la falta de libertad de expresión porque hay tantas cosas bonitas por la revolución, que encarcelar a un agente 20 años porque habló dos o tres mierdas no se concibe´: Pablo Milanés.

Si Camila Vallejo hablara con otros interlocutores que los que las autoridades [cubanas] ponen en su camino, sabría que, a diferencia de Chile, en Cuba “no hay derecho a la huelga y las manifestaciones se permiten solo si son organizadas por el propio Estado o sus organizaciones de masas”, como lo denuncia otra bloguera cubana, la abogada Laritza Diversent. Es cierto que en Cuba casi no vuela una mosca. Pero eso tiene una explicación. La represión allí no es solo a lo que se hace, sino a lo que se piensa hacer.

El Código Penal cubano, además de ser uno de los más duros del mundo –aplica el doble de pena a cualquier reincidente e incluye la sentencia capital–, castiga la peligrosidad social predelictiva, copiada de la franquista Ley de Peligrosidad Social. En concreto, para el “derecho” cubano la presunción no es de inocencia, sino de culpabilidad. “Se considera estado peligroso la especial proclividad en que se halla una persona para cometer delitos, demostrada por la conducta que observa en contradicción manifiesta con las normas de la moral socialista”, reza el Código Penal cubano.

Cualquiera puede percibir de inmediato que la única “peligrosidad” visible es la que reside en esta ley, que permite condenar sin pruebas y habilita a las autoridades a encarcelar por anticipado a los disidentes, como lo hicieron en vísperas de la visita de Benedicto XVI. Camila Vallejo viaja, escribe y opina porque su país le garantiza el goce de derechos que a los cubanos –como si fuesen menores de edad que deben ser tutelados– les son negados desde hace más de medio siglo.

En una entrevista con CubaDebate, posterior a la reunión con Fidel, la joven chilena persistió en la apología al sistema cubano y las críticas a su país: “Nuestra organización convive en un modelo absolutamente neoliberal y todo es un mercado con intereses privados y no hay nada en el ámbito social, económico o político que esté respondiendo a los intereses de la gran mayoría. En Cuba, a pesar de las dificultades, todo está pensado [...] para beneficiar al pueblo”.

“En Cuba hay errores que tenemos derecho a criticar [pero] cuando uno lo hace se siente solitario”, dijo hace un tiempo el exjuglar de la revolución Pablo Milanés, quien parece no creer, como Vallejo, que algunos logros sociales de su país ameriten el sacrificio de la libertad de los cubanos. “Hay miedo y tensión y es absurdo, porque no se puede seguir siendo revolucionario y teniendo ideas estalinistas de presiones sobre el pensamiento y la libertad. A Fidel le critico la falta de libertad de expresión porque hay tantas cosas bonitas aseguradas por la revolución, que cuando ves que es capaz de encarcelar a un agente durante 20 años porque habló dos o tres mierdas no lo concibes”, dijo también Milanés.

En la entrevista antes citada, CubaDebate le pregunta con cinismo a Camila Vallejo por la importancia de las redes sociales, que los cubanos casi no pueden usar: está prohibido internet en las casas, salvo expresa autorización del Estado, y en los pocos sitios donde se puede acceder a la red hay que empeñar el sueldo por una hora de conexión.

Aun así, Camila responde: “Usamos muchísimo las redes sociales”. Habla de Chile, claro. “A pesar de que es una herramienta del capitalismo [sic], nos hemos apropiado de esos espacios”, agrega. “Los grandes medios de comunicación de nuestro país responden a un ´dúo-polio´: son dos grandes familias, golpistas, que responden a los intereses de la derecha y del gran empresariado”, dice la joven, olvidando que esos medios chilenos que denuncia son los que la lanzaron al estrellato y que está en Cuba, donde los medios responden a un monopolio. En este caso, estatal.

Muchos opositores o simplemente críticos al régimen castrista no tienen acceso a los pocos medios oficiales y tienen muchas dificultades para acceder a las redes sociales. Además, lo que divulgan a través de estas no les llega a sus compatriotas, sino que se difunde en el exterior. Los disidentes cubanos no pueden tomar un megáfono como hace Camila Vallejo para arengar a las masas, dirigir una marcha, presidir una asamblea estudiantil o denostar al modelo “absolutamente liberal” en el cual vive y que le permite expresarse libremente.

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