[IGUALDAD]

Obama habla claro y fuerte

La eliminación del racismo, la discriminación y la segregación es tarea pendiente en EU, pero negar los avances en el tema de los derechos civiles en los últimos 50 años es una insensatez.

Sin recurrir a la exageración, los radicales de derecha y de izquierda pierden su razón de ser. El exceso les define sobre todo cuando el tema a discusión es el avance en la lucha por los derechos civiles de las minorías y de los migrantes en Estados Unidos en los últimos 50 años.

En términos generales, los extremistas que alientan la intolerancia en Estados Unidos siguen un patrón muy semejante al de los extremistas que siembran el caos en Europa, América Latina, Asia, África y Oceanía. Para los radicales de derecha, los inmigrantes y las minorías son los causantes de la mayoría de los problemas económicos, políticos, sociales y culturales de la sociedad; para los ultra de la izquierda, el racismo y la xenofobia contra los migrantes y las minorías son las causas de la desigualdad y la pobreza. Para la derecha el avance de los “otros” significa un retroceso en sus vidas; para la izquierda, los prejuicios y la intolerancia de unos cuantos impiden el progreso en la marcha hacia los derechos civiles plenos para todos.

Evidentemente, tanto los extremistas de derecha como los de izquierda están equivocados. Como bien dijo el presidente Barack Obama en un reciente discurso a los graduados del importante Colegio Morehouse, una universidad en Atlanta, Georgia, en la que la inmensa mayoría de los estudiantes son afroamericanos. A pesar de “ese 10% de la población que continúa siendo irremediablemente intolerante”, y de ese puñado de “mercaderes de la victimización” que se gana la vida lanzando arengas derrotistas, el país ha avanzado enormemente en el tema de los derechos civiles.

“En los últimos 50 años”, dijo Obama, “gracias a la fortaleza moral del Dr. [Martin Luther] King y de una generación de líderes que superó sus miedos, sus escepticismos y sus decepciones, las barreras han ido derrumbándose, nuevas puertas de oportunidad se han abierto, y las leyes, los corazones y las mentes han venido cambiando, tanto ha sido el cambio que alguien que se parece mucho a ustedes sirve hoy a la nación como su Presidente”.

A mí me hubiera gustado que en ese mismo discurso, Obama hubiera mencionado que ese mismo día, 50 años antes, el entonces vicepresidente Lyndon Johnson pronunció un discurso conmemorativo del centenario de la batalla de Gettysburg, Pennsylvania, la batalla que según los historiadores cambió para siempre el rumbo de la guerra civil inclinando la balanza en favor de las fuerzas de los estados del norte. En esa ocasión, Johnson tuvo el valor de reclamarle a la nación que a 100 años de la liberación de los esclavos, “los negros permanecen esclavizados al color de su piel”.

Un año después, cuando los avatares de la vida (y de la muerte) le colocaron en la Presidencia de la nación, con enorme audacia moral y formidable habilidad política Johnson logró que en el Congreso se aprobara la Ley de Derechos Civiles que proscribió la discriminación racial contra las minorías étnicas, nacionales y religiosas, y las mujeres, y que puso fin a la desigual aplicación de los requisitos de registro de votantes y a la segregación racial en las escuelas, en el lugar de trabajo y en todas las instalaciones de servicio público.

Utilizando al máximo los poderes presidenciales, Johnson emitió una Orden Ejecutiva para implantar los programas de Acción Afirmativa que obligaban al Gobierno a contratar a sus trabajadores sin consideraciones de raza, religión y origen nacional. En el campo de la educación, la Acción Afirmativa promovió la ampliación de oportunidades a los estudiantes minoritarios que carecen de las mismas posibilidades de aprendizaje que tienen los jóvenes de familias no solo de mayores recursos económicos sino que tampoco han tenido que sufrir los efectos discriminatorios de la segregación de facto.

Hoy, a pesar del progreso sostenido, en ningún país del mundo se ha podido erradicar ni el racismo, ni la discriminación ni la segregación, pero afortunadamente ya existen los mecanismos y las herramientas legales para mediatizar sus odiosas prácticas. Es necesario, sin embargo, que los ciudadanos responsables sigan reafirmando el legado de Abraham Lincoln, de Lyndon Johnson y de Martin Luther King, rechacen el lenguaje polarizante de los extremistas y se pronuncien públicamente en favor de la igualdad de oportunidades para todos.

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