[COMBATIR LA POBREZA ES MÁS DIFÍCIL DE LO QUE PARECE]

Proporcionando el pescado y enseñando a pescar

Las personas a las que el PMA ayuda se enfrentan no solo a la pobreza sino a situaciones extremas como desastres naturales, falta de infraestructura agrícola, o son víctimas de conflictos internos.

Quienes cuestionan la naturaleza de la asistencia alimentaria frecuentemente aluden al viejo adagio que dice “Dale a un hombre un pescado y comerá un día; enséñale a pescar y comerá toda la vida”. En una situación normal -por supuesto- es mejor enseñar a pescar al que tiene hambre, que simplemente proporcionarle el pescado, pero la realidad que a diario enfrentamos los que trabajamos en la lucha contra el hambre en América Latina y el Caribe es un poco más complicada de lo que parece.

Las personas a las que el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA) ayuda cada día en la región se enfrentan no solo a las consecuencias de la pobreza sino, también a situaciones extremas creadas por desastres naturales recurrentes, falta de infraestructura agrícola y sobreexplotación del medio ambiente, o son víctimas de conflictos internos. Recientemente, además, el número de personas con hambre ha aumentado debido a las crisis financieras y económicas, cuyo impacto sobre los más vulnerables es siempre mayor.

Básicamente y siguiendo con el símil con el que comencé, en los lugares en los que trabajamos, el río se secó -o se desbordó-, los pescados -si alguna vez existieron- hace tiempo que desaparecieron y los potenciales pescadores no pueden acercarse a la orilla porque tal vez han sido desplazados por la violencia generada por fenómenos naturales o conflagraciones humanas.

Ante esta situación tenemos dos opciones. En primer lugar pudiésemos concluir que la batalla es insalvable o por el contrario podemos continuar creyendo que es crítico seguir aprendiendo y cooperando para derrotar el hambre que todavía afecta a 53 millones de personas, en una región que produce suficientes alimentos para cubrir las necesidades de toda su población.

El PMA apuesta a la segunda opción. Por ello y en respuesta a las solicitudes de los gobiernos, seguimos promoviendo la solidaridad a través de la cooperación entre países de nuestra región, particularmente en áreas como la disminución de la vulnerabilidad de las poblaciones más pobres frente a las emergencias mediante la creación de capacidades para prevenir y enfrentar estos desastres, el mejoramiento de programas para la erradicación del hambre y la desnutrición, incluyendo la alimentación escolar, y el fortalecimiento de recursos locales para el óptimo desarrollo de la agricultura familiar.

En su conjunto, la región de América Latina y el Caribe presenta una serie de importantes ventajas comparativas para propiciar la cooperación y la solidaridad. Existen los recursos, las condiciones sociales favorables y la capacidad técnica para hacer frente al problema. Nos hermana también una historia común y fuertes lazos de solidaridad continental a través de los que, siempre que se cuente con voluntad política, se puede facilitar la cooperación y el intercambio de conocimientos que permita fortalecer nuestra capacidad para luchar contra el hambre.

Un ejemplo de lo que esa voluntad solidaria ha concretado en los últimos años es el apoyo que el Gobierno de Chile, a través del PMA, proporcionó en Haití para el establecimiento de centros de alimentación pre-escolares tras el terremoto de enero de 2010. El Gobierno de Chile también apoyó el fortalecimiento institucional del Programa Nacional de Asistencia Alimentaria Nutricional (Proan) en Paraguay.

El PMA además ha facilitado que el Gobierno de México, a través de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), intercambie experiencias y capacitaciones a técnicos de los países del Sistema de la Integración Centroamericana (Sica), brindándoles los conocimientos adquiridos durante décadas en el área de programas sociales basados en alimentos.

A su vez, Brasil, junto con el PMA, lanzó a finales del año pasado un Centro de Excelencia con sede en Brasilia, que está aprovechando las experiencias del PMA y Brasil en la lucha contra el hambre para ayudar a los gobiernos de África, Asia y América Latina a promover modelos sostenibles de alimentación escolar y otras redes de protección social centradas en la alimentación y la nutrición.

Todo ello indica que hay un espacio importante para la cooperación entre países, especialmente para aportar soluciones sostenibles al hambre, el mayor problema con respuesta al que se enfrenta el mundo y nuestra región. Aunando esfuerzos y fomentando la cooperación, juntos podemos lograr que el hambre sea solo un recuerdo.

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