[LOGRO HUMANO]

El control del fuego

Nunca se enfatizará demasiado la importancia que supuso para la humanidad el hallazgo de la técnica que permitió encender y controlar las hogueras. La colonización de Asia y más tarde Europa, hace millones de años, no habría sido posible sin el fuego.

La detección de pruebas el uso del fuego no es tarea fácil porque una hoguera esporádica realizada con unos pocos materiales combustibles apenas deja huellas y, por añadidura, los agentes meteorológicos pueden eliminarlas en muy poco tiempo.

Las piedras calcinadas y las cenizas de los hogares habituales son indicios más sólidos, siempre que se conserven restos suficientes, y constituyen la mayoría de las evidencias que han sido aportadas por medio de interpretaciones tafonómicas de esos materiales. Una alternativa para la identificación de hogueras pequeñas y esporádicas es la de la identificación de anomalías magnéticas.

El campo magnético terrestre sufre una distorsión leve en el entorno próximo a un fuego al producir el calor de este cambios en los minerales que contienen óxido de hierro. Algunas de las partículas alteradas que inducen esa alteración mínima conservan, tras enfriarse, un magnetismo remanente aún más débil, pero cuyos efectos de alteración del campo terrestre pueden detectarse por medio de un magnetómetro portátil.

Un nuevo procedimiento acaba de añadirse a la lista de medios capaces de indicar no solo la presencia sino el carácter del fuego; algo crucial porque, ante evidencias de tierra quemada, siempre caben dudas acerca de si pudo tratarse de un incendio natural, no provocado por el ser humano.

El arqueólogo Francesco Berna, de la Boston University (Estados Unidos), al frente de un grupo internacional de colaboradores con especialistas canadienses, alemanes, israelíes y sudafricanos, ha identificado mediante análisis de microespectroscopía realizados sobre sedimentos intactos que proceden de la cueva de Wonderwerk, Sudáfrica, pruebas del uso bajo control del fuego, el primer indicio seguro de fuego de origen antrópico, con una edad atribuida de cerca de un millón de años y asociado a la cultura achelense, típica de Homo erectus.

Aunque existen muestras de tierra calcinada quizá más antiguas, como las procedentes de la altiplanicie de Gadeb (Etiopía), su origen es incierto. El de Wonderwerk resulta más claro.

Entre las muestras analizadas han aparecido huesos calcinados y cenizas de plantas, una combinación que puede originarse, cierto es, de manera azarosa pero que resulta muy difícil que se dé en el interior de una cueva si no ha sido producida allí la hoguera.

Así que hace un millón de años nuestros ancestros dieron con la invención más importante de la historia de la humanidad. Lástima que, todo ese tiempo transcurrido, aun no seamos capaces de controlar del todo el fuego. Sucesos como el de Qatar lo ponen de manifiesto de la forma más dolorosa.

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