[DERECHO A LA INFORMACIÓN]

No hay democracia sin una prensa libre

Bajo el lema ´si controlas a la prensa controlas el país´, los gobiernos siempre han intentado someter la información a sus propios intereses para lograr mayor margen de movimiento.

La libertad de prensa en el mundo atraviesa un momento crítico en un año marcado por las revueltas en los países árabes, los cambios de gobierno en muchos estados de América Latina y el control que tratan de ejercer las élites políticas y financieras sobre los medios de comunicación. Los utilizan como plataformas para desprestigiar y silenciar a la oposición y a los sectores más críticos con el gobierno en el poder. Varios organismos y asociaciones han mostrado su preocupación ante la falta de pluralidad y de calidad en los contenidos informativos de muchos países.

Bajo el lema “si controlas a la prensa controlas el país”, los gobiernos siempre han intentado someter la información a sus propios intereses para lograr mayor margen de movimiento. Esta pugna parece ahora decantarse a favor del poder, que encuentra en la precariedad del mercado de la comunicación una oportunidad para pujar y hacerse con el control de los medios.

El Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) sostiene que “en países de América Latina con altos niveles de polarización política como Venezuela, Ecuador y Nicaragua, los líderes electos han invertido en grandes medios, generando enormes conglomerados de prensa oficiales que promueven sus agendas políticas personales”. Carlos Lauría, del programa de las Américas del CPJ, advierte de la tendencia de algunos gobiernos de generar medios que supuestamente sirven al interés público, pero que en realidad tienen una agenda de propaganda gubernamental. De este modo, se utiliza a los medios de comunicación para marginar, silenciar e incluso atacar a periodistas y medios independientes y críticos. El estudio explica también cómo “esos presidentes –en alusión a Hugo Chávez y Rafael Correa– describen a los ejecutivos de medios privados como la ´oligarquía´ y ´la élite empresarial´, decididos a sesgar la cobertura periodística a favor de la oposición política. Los gobiernos de estos países justifican su accionar contra la prensa, a quien se le suele negar el acceso a funcionarios y a eventos públicos, al acusar a los medios de ser el enemigo del pueblo”. El objetivo último es conseguir el desprestigio y la neutralización de cualquier voz crítica con las políticas del Gobierno. Algunos grupos criminales con gran influencia y poder también se sirven de estas tácticas con el propósito de ocultar sus delitos.

Los gobiernos de algunos países árabes desarrollan nuevas técnicas para controlar la información y silenciar así las protestas. Así ocurrió en el bloqueo informativo en Siria o el apagón de internet en Egipto. Un informe de Reporteros Sin Fronteras señala que por lo menos 20 periodistas fueron asesinados y 553 agredidos o amenazados en la primavera árabe.

En Europa, Hungría ha desarrollado una nueva Ley de Medios que, bajo el pretexto de proteger al público de contenidos ofensivos puede intervenir las computadoras de las redacciones de los periódicos y acceder a sus secretos comerciales. Muchos ven intencionalidad en coartar la libertad de expresión de la prensa “no alineada” con las políticas del presidente húngaro Viktor Orbán, máxime cuando el consejo encargado de supervisar el cumplimiento de la ley está integrado exclusivamente por simpatizantes de su partido.

Pero no solo Hungría vulnera la libertad de prensa. Andris Mellakauls, del Council of Europe´s Steering Committee on the Media and New Communication Services, advierte que está en peligro en toda Europa. “Solo hay que ver las cuestionables leyes de difamación y el uso indebido de las leyes antiterroristas en Gran Bretaña o al ministro francés de Industria pidiendo a los proveedores de internet bloquear Wikileaks”.

La mayoría de las constituciones de los países que viven en democracia reconocen el derecho a la información como una libertad fundamental para el desarrollo de todo ser humano. Conocer y comprender los problemas que aquejan el mundo es una de nuestras obligaciones como ciudadanos. Pero si la información carece de calidad o se encuentra bajo el yugo de la censura resulta imposible adquirir una perspectiva real de nuestro entorno. Como decía Albert Camus: “una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad, la prensa nunca será otra cosa que mala”.

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