[EN LA CORTA DISTANCIA]

La libertad según Camus

La ironía y el humor se pagan con la cárcel en muchas partes del mundo, incluso del mundo libre y quienes la utilizamos con cierto estilo estético somos tildados como frívolos y superficiales.

Supongo que todos ustedes habrán leído la noticia. Hace unos días, el diario francés Le Monde rescataba del olvido un artículo periodístico de Albert Camus que la censura de la inmediata II Guerra Mundial le impidió publicar en Le Soir républicaine, diario de una sola página a dos caras que el autor de El extranjero dirigía desde Argel. Lo más relevante de este artículo es la profunda defensa que Camus hace de la libertad de prensa y de la libertad del periodista. Se distancia de cualquier censura del poder y de cualquier totalitarismo y se instala en la atalaya del francotirador que es capaz de luchar. Incluso por la libertad de sus adversarios políticos. Tal artículo nos ha devuelto otra vez a la actualidad a Camus como combatiente de la libertad frente a la inminencia de la guerra, frente a las connivencias de los medios informativos con los poderes políticos y frente al miedo o los miedos de la sociedad sometida al bombardeo del fracaso casi todos días.

Téngase en cuenta que el artículo de Camus es de finales de 1939, el fascismo triunfaba en Europa y hacia el este el espectro feroz del comunismo estalinista ya estaba mostrando sus fauces insaciables y totalitarias. “Todas las presiones del mundo no harán que un espíritu limpio acepte ser deshonesto”, escribe Camus en el instante en que una inyección de moral y ética proscribía a quien la prescribía como un bien necesario. “Lucidez, rebeldía, ironía y obstinación” son, según Camus, los cuatro elementos del periodismo libre en aquellos momentos de fragor guerrero. Y ahora nos preguntamos si no son esas, antes y ahora, las virtudes que son condiciones necesarias para el periodismo libre, para un periodista libre en cualquier parte del mundo.

Obsérvese que la lucidez, en esta larga temporada de mediocridad que estamos viviendo, es una estrella rara que brilla, casi siempre, por su ausencia. En muchos casos, en muchos periódicos, en muchos países que se dicen libres, el periodismo carece de la lucidez necesaria de la que hacía gala Camus. Tampoco nos interesa demasiado la rebeldía: compromete demasiado a quien la exhibe, el mismo que se suele llevar los palos de los lacayos del poder y el subgénero de los Judas de la palabra, entregados a la molicie de la complicidad con los peores poderes del mundo. La ironía, se sabe desde hace siglos, es el enemigo máximo del poder, de poderes que esconden todas las infamias y miserias bajo sus alfombras podridas. La ironía y el humor todavía se pagan con la cárcel en muchas partes del mundo, incluso del mundo libre y quienes la utilizamos con cierto estilo estético somos tildados en bastantes ocasiones como frívolos y superficiales. En cuanto a la obstinación es para Camus el sinónimo del esfuerzo y la esperanza, clave para que el periodismo libre no se deje nunca domesticar por los poderes terrenales y los que se dicen sobrenaturales, que tal vez no lo sean tanto.

La lección que se extrae, y no solo para nosotros (los profesionales del periodismo), de la lectura del artículo de Camus es que para aquel francés insigne la ética y la estética van de la mano y que no hay que ser un moralista empedernido para que entendamos que la honestidad, la libertad y la vida son una misma cosa.

Cuando a Balzac le preguntaron en cierta ocasión a qué ideología obedecía, el gran novelista francés contestó como lo hubiera hecho Camus en su momento, en 1939, al pie del cañón del periodismo y enfrentado a la muerte y la guerra: “Yo pertenezco a la oposición que se llama la vida”, dijo Balzac con lucidez, rebeldía, ironía y obstinación. Suelo repetir esta frase de Balzac para defenderme de la derecha cuando es diestra y de la izquierda cuando es siniestra; del cielo cuando es totalitario y del infierno cuando se convierte en una tentación necesaria.

El periodismo es un ejercicio de libertad y, por lo tanto, peligroso para quien lo ejerce en cualquier lugar del mundo, incluso en aquellos que decimos libre de todo peligro. No es verdad. El periodismo está sujeto a manipulaciones, a connivencias con elementos poco honestos y a intereses inconfesables. Hoy, el periodismo más caro y prestigiado es el de la televisión, pero hay episodios demasiado claros para saber también que es la televisión el más manipulador de todos los medios informativos. Hablar de regeneración en los medios informativos, a estas alturas y sabiendo lo que sabemos, ya se nos antoja una tarea tan hercúlea como inútil. Pero acepten que en algunos casos nobles, pertenecemos a la oposición que se llama la vida, seguimos haciendo periodismo con lucidez, rebeldía, ironía y obstinación en defensa de la libertad, según Camus escribió en 1939, sin que su texto pudiera ver la luz hasta hace unos días, en marzo de 2012.

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