[FALLO DE LA CORTE SUPREMA]

Un triunfo de la libertad de expresión

La materia del litigio fue un comentario del entonces subdirector de la revista ´Letras Libres´, quien denunciaba la editorialización positiva de ´La Jornada´ con la organización terrorista ETA.

La Suprema Corte de Justicia de México ha emitido una sentencia de gran importancia para el futuro de la libertad de expresión en este país. Las partes en conflicto fueron el periódico La Jornada, dirigido por Carmen Lira, y la revista que dirijo, Letras Libres. Si bien la resolución de la Corte ha favorecido a Letras Libres, para nosotros no ha habido vencedores ni vencidos: ha triunfado la libertad de expresión.

La materia del litigio (que llevó más de siete años en los tribunales) fue un comentario titulado “Cómplices del terror”. El texto, publicado en Letras Libres (en marzo de 2004) y escrito por el entonces subdirector Fernando García Ramírez, denunciaba la editorialización positiva de La Jornada con la organización terrorista ETA.

Estos son los antecedentes. El 28 de enero de ese año, el juez Baltasar Garzón se había presentado en el Reclusorio Norte de la ciudad de México para asistir a la ampliación de la declaración en el proceso de extradición de seis detenidos vascos, acusados de pertenecer a la organización terrorista ETA. Ante la cobertura de esos hechos por La Jornada, Garzón publicó una carta en la que acusaba al diario “de manipulación informativa” y agregaba: “me preocupa que presenten como paladín de la libertad y de la dignidad restaurada a una organización terrorista que tantas muertes ha causado...” (La Jornada, 31 de enero de 2004).

Siete años atrás, el filósofo Fernando Savater se había quejado en términos similares de un reportaje sobre ETA publicado en La Jornada: “Es difícil encontrar una celebración más partidista y mendaz de un País Vasco afortunadamente imaginario y de un terrorismo desgraciadamente real que la realizada en estas páginas” (La Jornada Semanal, 13 de junio de 1997).

Aunado a estos hechos, a García Ramírez le llamó la atención la noticia aparecida en el diario español La Insignia (febrero de 2004) en el sentido de que el diario Gara –cercano a la organización Batasuna, brazo político de ETA– había firmado un acuerdo de colaboración con La Jornada. Se preguntó por qué, si La Jornada había dado a conocer los acuerdos firmados con The Independent y Le Monde, ocultó su convenio con Gara. Esos y otros elementos (como el hecho público de que Josetxo Zaldúa, coordinador general de Información de La Jornada, tuviese dos procesos abiertos en España por terrorismo) le parecieron suficientes para escribir su artículo.

En agosto de 2004, La Jornada presentó una demanda penal contra Fernando García Ramírez, y otra demanda civil contra Letras Libres. A partir de entonces, se sucedieron varias sentencias y amparos. En enero de 2011, la Corte decidió atraer el caso. Al hacerlo, buscó sentar jurisprudencia sobre un tema trascendente: los límites a la libertad de expresión entre medios de comunicación.

En su sentencia, el ministro Arturo Zaldívar hizo una exposición sobre el sentido de la libertad de expresión en las sociedades democráticas y fundamentó “la posición preferencial” que esa libertad debe gozar en ellas. “El valor constitucional de una opinión –dice el texto– no depende de la conciencia de jueces y tribunales”, sino de su “competencia con otras ideas” en lo que se ha denominado “el mercado de ideas”. Es esa competencia y el consecuente “debate de ideas” que ella genera lo que a la postre “conduce a la verdad y a la plenitud de la vida democrática”. El razonamiento concluye así: “El debate en temas de interés público debe ser desinhibido, robusto y abierto, pudiendo incluir ataques vehementes, cáusticos y desagradablemente mordaces sobre personajes públicos o, en general, ideas que puedan ser recibidas desfavorablemente por sus destinatarios y la opinión pública en general... Estas son las demandas de una sociedad plural, tolerante y abierta, sin la cual no existe una verdadera democracia”.

A partir de estas premisas, la Corte inscribió el comentario editorial dentro de un debate de ideas y posiciones ideológicas, y no como una imputación de terrorismo. Y decidió no conceder el amparo que había interpuesto La Jornada, decisión que absuelve de una manera inapelable a Letras Libres.

Por siete años, mismos que duró el litigio, La Jornada se dedicó a denostarme, a veces por el origen judío de mis dos apellidos. Lo lamenté, pero no los demandé. Días antes y días después de conocida la sentencia, La Jornada me llenó de descalificaciones, asociándome a todas las fuerzas antimexicanas y antipopulares del mundo. Lo lamento pero tampoco los demandaré. Lo que ahora he propuesto a La Jornada es abrir un nuevo capítulo. No se trata de diluir nuestras diferencias, se trata de discutirlas públicamente con respeto mutuo y en la más absoluta libertad. Y que cada medio se haga cargo de la responsabilidad de servir al lector con transparencia y verdad.

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