eliminatoria mundialista. EL PRECIO DE JUGAR EN LUGARES ALTOS

Cuando La Paz se vuelve pesadilla

Maradona, confiado por el equipazo que tiene en sus manos, no tomó las providencias del caso para jugar en La Paz. Finalmente recibió su merecido.

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LA CASA DEL DOLOR. El estadio Hernando Siles, de La Paz, ubicado a 3 mil 577 metros de altitud, siempre será una pesadilla para los jugadores visitantes. EFE/Martín Alipaz LA CASA DEL DOLOR. El estadio Hernando Siles, de La Paz, ubicado a 3 mil 577 metros de altitud, siempre será una pesadilla para los jugadores visitantes. EFE/Martín Alipaz
LA CASA DEL DOLOR. El estadio Hernando Siles, de La Paz, ubicado a 3 mil 577 metros de altitud, siempre será una pesadilla para los jugadores visitantes. EFE/Martín Alipaz

La altitud de la ciudad de La Paz, en Bolivia, siempre se vuelve un tema de controversia cuando en los partidos de fútbol se dan resultados extraordinarios que favorecen a los locales.

Es el caso de la goleada (6-1) que le infligió la escuadra de Bolivia al seleccionado de la Argentina el pasado 1 de abril, en el estadio Hernando Siles, durante la eliminatoria sudamericana para el Mundial de fútbol de Sudáfrica 2010.

Tal vez el silencio del técnico Diego Armando Maradona, que no mencionó para nada el tema de la altura, causó más sorpresa que el mismo resultado a la hora de dar las explicaciones de la derrota. En su defecto, solo pidió felicitar a su rival y reconocer que este había sido mejor en la cancha.

Era obvio. El pelusa había respaldado al presidente boliviano, Evo Morales, cuando la FIFA quiso impedir que se jugaran partidos a más de 2 mil 500 metros de altura sobre el nivel del mar, en las eliminatorias mundialistas.

En su época de jugador, Maradona siempre fue un acérrimo crítico cuando las condiciones para jugar un partido de fútbol no eran las más propicias y resultaban siendo infrahumanas, como sucedió en el Mundial de México 1986, en donde los partidos se disputaban a pleno mediodía.

Veintitrés años después es imposible esconder el sol con una mano cuando se repiten esos mismos escenarios, aunque con diferentes facetas, pese al respaldo que le dio Maradona a Morales para que se continuara jugando la eliminatoria en la ciudad de La Paz. Es obvio que la altura de la capital boliviana seguirá siendo un tema de conflicto, por el hecho de facilitarle las cosas al equipo local.

Mucho se ha hablado y se seguirá hablando: que la altura es un mito o que los jugadores van predispuestos a los estragos de un partido diferente a cualquier otro; pero es un hecho que la altura seguirá pasando la factura.

El resultado del 1 de abril, aparte de sorpresivo, por haberse dado ante un equipo que, jugador por jugador, es inmensamente superior al boliviano, es una clara lección de lo que representa jugar a 3 mil 600 metros sobre el nivel del mar. El que llegue mal parado a la capital boliviana y no tome las providencias del caso –como lo hicieron en esta oportunidad los argentinos al querer jugar con un planteamiento abierto y sin miramientos al rival de turno–, puede recibir este tipo de palizas.

Pero también hay mérito en la contraparte. El técnico Erwin Platini Sánchez, a sabiendas de la ventaja que tienen de jugar en casa, planeó mucho antes el partido contra Argentina. En su compromiso del 28 de marzo en la altura de Bogotá frente a Colombia, Sánchez no convocó a cuatro de sus principales jugadores, tal vez con la intención de tenerlos más enteros para los argentinos: Raldes, Reyes, Botero y Martins no estuvieron ante los cafeteros, y se notó la diferencia el 1 de abril. Los dos últimos marcaron cuatro de los seis goles contra la albiceleste.

De los 23 jugadores convocados por Maradona, 16 no habían jugado nunca a 3 mil 600 metros.

El preparador físico del seleccionado argentino Fernando Signorini está en desacuerdo con que se juegue en La Paz. “A la altura hay que tomársela en serio, sino no se puede explicar el resultado; nos fundimos corriendo. Que vayan preparando a quién le van a echar la culpa si siguen jugando en la altura y pasa algo irreversible”, afirmó el preparador después del compromiso ante los bolivianos.

“No hay posibilidades de que sea un partido normal, porque hay ventajas deportivas para quien está aclimatado”, afirmó el preparador físico, que consideró como “un despropósito deportivo” jugar en esas condiciones.

Jugadores, como el paraguayo Nelson Haedo, dijeron en una ocasión que jugar en La Paz era inhumano. “Es inhumano. Es como si alguien te cortara el aire. Eso no es fútbol. Uno tiene que adivinar dónde está la pelota”, se lamentó en su último partido en La Paz.

Los 3 mil 600 metros de altura de La Paz no son un mito, son una realidad. Pero aún así, Bolivia no ha sido invencible en su guarida. Por ejemplo, las últimas dos veces que los argentinos jugaron en La Paz para las eliminatorias de un mundial, fueron para el de Corea y Japón 2002, donde empataron (3-3), y para el de Alemania 2006, donde vencieron (1-2).

El 1 de abril, sin embargo, Maradona se pasó de confiado. Fue atrevido.

El síndrome de las alturas

Falta de aire, dolor de cabeza, vómito, mareo, son síntomas que se sienten estando en las alturas.

Todos estos males se hacen más notorios y se convierten en una pesadilla cuando un futbolista juega en el estadio Hernando Siles de La Paz, a 3 mil 600 metros de altitud; allí el jugador se siente pesado. Fue evidente en los argentinos el 1 de abril cuando enfrentaron a Bolivia.

Pero no todos sufren las inclemencias de la altura, a unos les da más que a otros, aunque se aduce que también hay algo de psicológico porque el jugador llega predispuesto.

Hay formas de contrarrestarlo. Una, viajar 25 días antes para aclimatarse. También, viajar con dos horas de antelación, porque se dice que los efectos de la altura tardan al menos entre 6 y 12 horas en aparecer. Para impedirlo y que la realidad sea otra en la cancha, se recomienda comer liviano, y sobre todo tomar mucho líquido.

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