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BOCAS DEL TORO.Los TESTIMONIOS INDICAN QUE EL ACUSADO HA ESTADO RELACIONADO CON TODOS los CRÍMENES Y DESAPARICIONES.

Tras la pista de un asesino en serie

Los estudios sicológicos efectuados revelan que Franklin José Quintero es un sujeto perfectamente imputable. El supuesto homicida está detenido por ser responsable de, por lo menos, siete crímenes.

El buhonero Martín Araúz, de 60 años, fue asesinado por Franklin José Quintero, quien decía ser su ayudante, en 1998. Fue encontrado en este sótano que además de hogar le sirvió de tumba. El buhonero Martín Araúz, de 60 años, fue asesinado por Franklin José Quintero, quien decía ser su ayudante, en 1998. Fue encontrado en este sótano que además de hogar le sirvió de tumba.
El buhonero Martín Araúz, de 60 años, fue asesinado por Franklin José Quintero, quien decía ser su ayudante, en 1998. Fue encontrado en este sótano que además de hogar le sirvió de tumba.

La procedencia del supuesto asesino en serie, el indígena Franklin José Quintero, es oscura y confusa. Solo se sabe que está en la cárcel de Changuinola, donde las autoridades no se explican cómo un hombre aún joven, de 32 años, que aparenta ser el reo más tranquilo, puede haber sido capaz de tanta violencia.

Las autoridades de la Policía Técnica Judicial (PTJ) de Changuinola sostienen que no saben en realidad de dónde proviene, y que hasta el nombre legal con el que se le juzgó en 1998 posiblemente no sea real.

El inspector Francisco Pérez señaló que cuando se le procesó en 1998 presentó un número de cédula falso, información que confirmó el fiscal José Antonio Henríquez al decir que el acusado usa tres numeraciones de cédulas distintas.

María del Carmen Salazar González, quien lo conoce desde adolescente, asegura que proviene de las riberas del río Cricamola, en la hoy zona comarcal Ngöbe Buglé.

"Llegó a la propiedad de mi padre, en la zona conocida como Finca 42. Mi papá se llamaba José Salazar. Franklin llegó cuando tenía como 17 años, a principios de 1991. A su llegada parecía un tipo tranquilo, de los que no son capaces de hacer daño, pero de pronto fue cambiando y comenzó a cometer delitos", dijo Salazar.

El inspector Pérez coincide con Salazar: "Si usted no sabe que Franklin Quintero fue condenado a muerte, entonces quizá jamás piense que puede acabar con la vida de seres humanos".

Es UN SUJETO imputable

Los estudios sicológicos hechos, según el Ministerio Público, revelan que Quintero es perfectamente imputable.

Pero Salazar recuerda que de adolescente ya mostraba que internamente era proclive a conductas violentas.

"Lo único que me preocupaba era que Franklin tenía la afición de dibujar en un cuaderno escenas de violencia, en las que colgaban a alguien y lo acababan a golpes de garrote", recuerda Salazar.

Continuando con el relato, Salazar dice que un día sus hijos le enseñaron a andar en bicicleta a Quintero y fue entonces cuando éste empezó a salir de la finca para cometer fechorías.

"Colmó a papá cuando le hurtó la bicicleta a un policía y por eso le allanaron la casa al viejo, que en ese tiempo ya tenía 63 años. Fue al final de 1993, si no me equivoco, cuando papá lo corrió de la casa", explica.

Al salir de trabajar en la casa de su padre, fue buscado por el primer esposo de Salazar, para cuidarle la finca en la zona conocida como Guamerú Sansán, a 30 minutos de Finca 42, en Guabito.

El supuesto asesinato

Salazar asegura que la primera víctima en Guabito de Quintero fue su primer esposo, Dionisio Martínez Monroy y padre de su hijo Dionisio Martínez Salazar, quien hoy tiene 26 años.

"En ese entonces yo ya me había separado de mi esposo, Dionisio Martínez Monroy y él conservaba la custodia de mi hijo, que tenía solo 12 años", rememora.

La Prensa logró un ejemplar de la revista Apuntes de Bocas del Toro, y en ella, el hijo del desaparecido relata los hechos sucedidos en ese entonces.

Mi papá se levantó temprano [el sábado 27 de agosto de 1994], desayunamos y quedamos en que él se iba para la finca a limpiar desagües. Yo me iba hacia la casa de mamá, y que el domingo estaríamos en casa de mi abuelo José Salazar. Dijo que le solicitaría ayuda a Franklin José Quintero, pero nunca lo volví a ver, detalló el muchacho en su testimonio a la revista.

Martínez Monroy tenía 51 años. Cuatro personas, José Lezcano, Pedro Vidal Ortiz, Cosme Concepción y José Jara, lo señalan como una persona sin vicios ni enemigos y no entienden por qué lo mataron. Su cuerpo nunca ha sido encontrado.

LO MATÓ LA TUBERCULOSIS

Salazar señala que Quintero, al ser corrido por su padre de la casa, se refugió en una enramada en el monte, desde donde podía observar qué pasaba en la casa de su padre, José Salazar.

"Mi papá llamó a un indígena que había vivido en la casa mucho antes y quien ya tenía una esposa para que lo acompañara a vivir en la solitaria casa de Finca 42. A ese indígena, de cariño, le llamábamos Gordo, y su nombre era Marcelino Ábrego", dice.

Un día Gordo, quien se había ganado el odio de Quintero por ser ahora la compañía de Salazar, fue al campo y no regresó. Salazar empezó a buscarlo y encontró la enramada cerca de la casa en la que detectó pertenencias del desaparecido Gordo.

En su relato, Salazar enfatiza que su papá estaba en la búsqueda y de pronto sintió el roce en su cabeza de un objeto contundente que si lo golpea de lleno lo hubiera matado. "Era Franklin quien quería matar a mi padre, que se defendió como pudo con un machete y salió hasta las cercanías de la plaza de competencias de lazo que había cerca de su casa. El indígena huyó y no se le volvió a ver más por allí", agrega.

"Franklin Quintero tuvo el descaro de burlarse de la mujer de Gordo antes de irse. Se reía y le dijo: ‘ Gordo te manda saludos", cuenta.

Salazar dice que su padre murió en 1997 antes de que Quintero volviera a matar al alguien y después del incidente le contó: "Cuando me atacó me dijo, mostrando unos ojos furiosos: ‘Salazar te voy a matar, esta finca es mía".

"Por eso estoy segura de que Franklin mató al padre de mi hijo, y a Gordo", señala la mujer.

Lo más sorprendente de este caso, dijo Salazar, es que a pesar de la ira de la comunidad indígena y de la familia que vio el cadáver golpeado de Gordo, la investigación concluyó que éste murió debido a tuberculosis y no por la paliza.

Homicidios sin resolver

La familia Salazar recibió la visita de un hermano materno del desaparecido Dionisio Martínez Monroy, de nombre Humberto Monroy, quien vino a ver lo que le había ocurrido a su hermano. Dos años después, Humberto Monroy fue asesinado [en 1996] y se le encontró macheteado en una hamaca en la localidad de Manaca Civil, distrito de Barú.

"Yo recuerdo que Franklin le tenía enojo al hermano de mi esposo, pues Humberto Monroy le decía al indígena: ‘Yo creo que tú fuiste el que mataste a mi hermano", añade Salazar.

El fiscal Henríquez ahora liga la muerte de Humberto Monroy con la de su hermano Dionisio Martínez Monroy, y buscará comprobar que Quintero es responsable.

Ataca en Changuinola

En 1998, Quintero se va a Changuinola y se hace ayudante de un buhonero, de nombre Martín Araúz, de aproximadamente 60 años.

El 4 de noviembre de 1998 Araúz no salió a trabajar. Vivía en un sótano, cerca de la terminal de Changuinola y ahí fue encontrado sin vida. El inspector Pérez explica que las pesquisas para encontrar al ayudante de Araúz duraron una semana.

Quintero confesó haber asesinado a Araúz. "Lo hice porque él me faltó el respeto como hombre", dijo a la PTJ. Por ese crimen lo condenaron a 10 años de cárcel, pero solo cumplió dos terceras partes de la pena pagó solo seis y fue liberado en 2004.

"Lo encontramos viviendo en una casa ubicada en la barriada de emergencia conocida como la Quijada del Diablo, donde un mes antes habían reportado a una persona desaparecida y de inmediato conectamos un caso con el otro, pero no pudimos encontrar el cadáver del desaparecido", explica el inspector Pérez.

Se trataba de Benjamín Cárdenas Grajales, quien se había quedado en Changuinola trabajando, mientras su esposa había viajado a Chiriquí. Luego de la detención, hallamos la cédula de Grajales en poder de Quintero al igual que un televisor de Araúz, dice el inspector.

En 2004, por casualidad, se encontró una osamenta en los alrededores de la casa del desaparecido. El agente Jamison, de la PTJ, recuerda que llamaron al sistema penitenciario para pedir que no soltaran a Quintero, pensando que se habían encontrado pruebas para levantar el sobreseimiento provisional que pidió la Fiscalía en la investigación contra Quintero por la supuesta muerte de Cárdenas, pero ya había sido liberado.

SU último homicidio

Yoris Richardson, quien vive en la zona de Finca 11, junto a la Iglesia de Dios donde Quintero supuestamente ultimó a Feliciano Padilla, el pastor asesinado en Changuinola el 9 de octubre de 2005, señala que vio a Quintero ayudar al pastor a arreglar una puerta.

El fiscal Henríquez detalla que existen pruebas de que el homicidio fue premeditado. "Se trató de hacer pasar la muerte de Padilla por un suicidio. No es posible que se haya suicidado, pues el cadáver presentaba golpes en el cráneo y murió asfixiado con una almohada", menciona.

Quintero declara que él iba a robar al pastor, pero la cosa le salió mal y tuvo que golpearlo. Después le puso una almohada en la cara y escribió una nota de suicidio, pero no acepta que trató de matarlo.

Quintero espera en la cárcel de Changuinola a que las investigaciones determinen si en realidad es el primer asesino en serie de la provincia de Bocas del Toro. No confiesa ninguna de las muertes. Ni la de los hermanos Monroy ni las de Grajales y Ábrego.

Ya surgen en Guabito y Changuinola leyendas sobre el asesino en serie. Hay quienes dicen que en el área fronteriza de Costa Rica hay desapariciones similares, mientras otros señalan que su primera víctima fue su hermano menor.

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