Las Bóvedas con aires de bohemia

Es el nombre con el que se conoce a las obras que forman la muralla que rodea la Plaza de Francia en el barrio de San Felipe. Pero lo que hoy es un paseo romántico, sobre todo al atardecer, está cargado de historia, de lucha por los ideales y principios, sangre, sudor y lágrimas.

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Eran antiguas cárceles de la época colonial y del siglo pasado, verdaderas salas de tortura, ya que al subir la marea, el agua les subía hasta el cuello a los prisioneros y eran mordidos por crustáceos. Hoy albergan un fino restaurante francés y la galería de arte del Inac. Eran antiguas cárceles de la época colonial y del siglo pasado, verdaderas salas de tortura, ya que al subir la marea, el agua les subía hasta el cuello a los prisioneros y eran mordidos por crustáceos. Hoy albergan un fino restaurante francés y la galería de arte del Inac.

Eran antiguas cárceles de la época colonial y del siglo pasado, verdaderas salas de tortura, ya que al subir la marea, el agua les subía hasta el cuello a los prisioneros y eran mordidos por crustáceos. Hoy albergan un fino restaurante francés y la galería de arte del Inac.

Los sábados por la noche se escucha música en vivo. Los sábados por la noche se escucha música en vivo.

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Anoche se inauguró la Expo Plástica dentro del marco del Macrofest. Anoche se inauguró la Expo Plástica dentro del marco del Macrofest.

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Hoy queda aquí la Plaza de Francia; a la derecha, se reconocen Las Bóvedas. Tomada de ‘El Casco Antiguo de Panamá’ de Cultura Metropolitana Hoy queda aquí la Plaza de Francia; a la derecha, se reconocen Las Bóvedas. Tomada de ‘El Casco Antiguo de Panamá’ de Cultura Metropolitana

Hoy queda aquí la Plaza de Francia; a la derecha, se reconocen Las Bóvedas. Tomada de ‘El Casco Antiguo de Panamá’ de Cultura Metropolitana

En sus nueve calabozos, los cientos de presos sufrieron las peores penurias. A través de pequeñas ventanas veían el mar que traía consigo la imagen de la libertad, al igual que la inminente llegada de la muerte. Al crecer la marea, el agua les subía hasta el cuello a los prisioneros y eran mordidos por crustáceos.

En la época colonial

El 28 de enero de 1671 el pirata inglés Henry Morgan y su tropa de mil 400 hombres saquearon la vieja ciudad de Panamá. A partir de ese día, se evaluaron dos posibilidades: reconstruirla o reubicarla en un área protegida naturalmente y con las características de una ciudad puerto. Antonio Fernández de Córdoba y Mendoza, sargento mayor de Batalla de la Corona española, partió de Cádiz, España, con la misión de designar el sitio donde se asentaría la ciudad de Panamá. Después de cuatro meses y múltiples expediciones, informó al rey Carlos II (1665-1700) que la ciudad debía trasladarse a las faldas del cerro Ancón, donde se localizaba una península al sureste.

La nueva ciudad se circunscribiría dentro de una muralla que la rodeara y la protegería. Se edificaría con artillería de bronce, se dispondrían garitas cada 200 o 300 pies y se le dotaría de sólidos baluartes, todo ello encaminado a facilitar su defensa. Tres de sus costados daban al mar y el cuarto a tierra. Las costas en los lados sur y este eran de poco calado y fondo rocoso, y en el norte se encontraba una pequeña bahía que permitía el acceso de los navíos. En la nueva ciudad prevalecían los conceptos de arquitectura militar sobre la civil.

Las obras de fortificaciones se iniciaron en 1675, dejando la ciudad amurallada de 10 pies de espesor y una altura entre 20 y 40 pies. En las décadas de 1760 y 1770 se amplió, quedando como luce actualmente.

El panorama bélico internacional cambió y el océano Pacífico dejó de ser confiable. Era preciso reforzar la Punta de Chiriquí hasta dar con lo que conocemos hoy como Las Bóvedas.

Ubicadas en el extremo sureste, en la Punta de Chiriquí, Las Bóvedas forman parte del sistema amurallado de la ‘nueva ciudad de Panamá’. Se pensó instalar las Casas Reales, sedes de las instituciones de la corona, debido a su ‘sitio casi inexpugnable por su rocoso litoral’. En su lugar, se edificaron depósitos y un cuartel.

En el siglo XVIII se construyó el edificio que conocemos hoy como Las Bóvedas. Su nombre se debe a los arcos o bóvedas que, vistas desde un plano, siguen una línea curva. Pero si se observa desde la fachada, se aprecian los arcos apoyados sobre columnas.

La Punta de Chiriquí terminó reservada para funciones militares del período colonial, oficiaba la Real Audiencia, la Cárcel de las Cortes y el Cuartel Militar de Chiriquí, donde se alojaban las tropas españolas y prisioneros, y como depósito del oro y la plata. Las murallas construidas eran gruesas para contener la ciudad de ataques con cañonazos de piratas y para que no se escaparan los reos, agrega el Dr. Orlando A. Hernández, director de museos del Instituto Nacional de Cultura (Inac).

El siglo XIX se caracteriza por las guerras independentistas. Las bóvedas que antes protegían a los habitantes de la ciudad de amenazas externas comenzaron a albergar a los presos políticos. Ahí estuvieron encerrados Victoriano Lorenzo (1867-1703), el poeta panameño León A. Soto y el presidente del Estado Federal Soberano de Panamá, Buenaventura Correoso, entre otros.

Guerra de los mil días

Victoriano Lorenzo nació en 1867 en Penonomé, Coclé. Sus padres lo enviaron a los nueve años con el sacerdote jesuita Antonio Jiménez para que aprendiera a leer y escribir, además de instruirse en la fe religiosa. Al volver a su pueblo, tuvo un altercado con el regidor mestizo Pedro Hoyos, y lo mató en defensa propia. Se entregó voluntariamente a las autoridades y fue condenado a nueve años de prisión en el penal de Las Bóvedas, en Panamá.

En 1899 estalló una prolongada y sangrienta guerra. Victoriano Lorenzo salía de la cárcel, y se involucró casi de manera accidental cuando aceptó ayudar a desembarcar un cargamento de armas en el puerto de Chame que le había pedido Belisario Porras, viejo amigo de su padre. Sin saberlo, acababa de sumarse al bando liberal.

Los conservadores saquearon los ranchos de los liberales, violaron a las mujeres y destruyeron todo lo que encontraron de paso. Después de esta masacre, Victoriano Lorenzo invitó a sus hermanos a unirse a las filas del ejército restaurador para vengarse del ultraje. Se inicia entonces la batalla de las guerrillas o los montañeros que se sentían atraídos por promesas como tierra, libertad y exención del pago de diezmos.

En septiembre de 1901 Victoriano Lorenzo ascendió al rango de general con el cargo de jefe supremo de Operaciones Militares de la Revolución Liberal, pero su triunfo duró poco. En 1902 se firmó un acuerdo de paz entre liberales y conservadores en el buque estadounidense Wisconsin.

Aunque la guerra había terminado, los jefes conservadores aún querían vengarse de los guerrilleros liberales. Benjamín Herrera entregó al general cholo. Aunque intentó escapar, lo capturaron y fue acusado de no acatar el Tratado de Paz, mantener armas en su poder y la posibilidad de realizar robos y asesinatos.

El 14 de mayo de 1903 fue juzgado ante un Consejo de Guerra. Se encontró culpable de cinco homicidios, y le aplicaron la pena máxima por ser un “símbolo de rebeldía”. El concilio dispuso fusilarlo sentado y no de pie para humillarlo y prolongar su agonía. El 15 de mayo de 1903 fue acribillado en la Plaza de Chiriquí frente al Cuartel de Las Bóvedas. Estaba atado a una silla con los ojos vendados con un paño negro.

Galería Juan Manuel Cedeño

Aunque el espacio estaba destinado para las Casas Reales, se utilizó para construir uno de los puntos defensivos de la ciudad, el Baluarte de Chiriquí.

Hernández explica que eran nueve bóvedas, que albergan hoy el restaurante Las Bóvedas y la galería Juan Manuel Cedeño.

Juan Manuel Cedeño (1914–1977) fue uno de los pintores panameños con más trayectoria, junto con Guillermo Trujillo y Alfredo Sinclair. Sus obras reflejan la vida cotidiana y las costumbres panameñas. Sus trazos limpios y precisos eran muestra de un hábil retratista y paisajista.

Hernández comenta que en el siglo XIX, sobre las bóvedas se construyó un adarve que se transformó en lo que conocemos hoy como el Paseo Esteban Huertas.

A sus alrededores

El conjunto fue declarado Monumento Nacional mediante la Ley No. 2 de 8 de enero de 1920, y fue restaurado en 1983. Al frente hay una plaza honrando a los franceses. En el centro de la plaza se encuentra un obelisco de 18 metros con la figura del gallo galo, símbolo de Francia. A un lado de las bóvedas están los bustos de los precursores del Canal de Panamá y escrita su historia sobre 10 lápidas de mármol. Junto a la galería de arte está el restaurante de comida francesa e internacional que lleva su nombre, Las Bóvedas, y el teatro Anita Villalaz, que anoche celebró los II Premios Culinarios de El Buen Tenedor. Anexado al teatro, está el Inac, antiguo Palacio de Justicia, y la estatua del quinto presidente de Panamá, Pablo Arosemena (1910-1912).

Este sitio le ofrece al turista una de las mejores vistas de la nueva y moderna ciudad de Panamá con sus imponentes rascacielos, mientras a su alrededor se aprecia el raspadero con radio y los buhoneros que venden pulseras, llaveros y plumas pintadas, con el sonido de los pájaros que posan sobre el Altar de la Patria, donde fue fusilado el cholo Victoriano Lorenzo, que luchó por los liberales durante la Guerra de los Mil Días.

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