Estudian al tiburón punta blanca de arrecife

Con esta investigación los científicos aportan nuevos datos sobre esta especie, su ecología, genética y evolución.

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El tiburón punta blanca de arrecife se mantiene en la arena y se mete en cuevas y entre las rocas. CORTESÍA El tiburón punta blanca de arrecife se mantiene en la arena y se mete en cuevas y entre las rocas. CORTESÍA

El tiburón punta blanca de arrecife se mantiene en la arena y se mete en cuevas y entre las rocas. CORTESÍA Foto por: Hector Guzmán y Kevin Mantel

Dr. Edgardo Díaz Ferguson. Dr. Edgardo Díaz Ferguson.

Dr. Edgardo Díaz Ferguson. Foto por: T.Del Moral

Hace 20 años, las poblaciones se estudiaban a nivel de especie, comunidad o ecosistemas. Hoy día, los estudios genéticos juegan un rol clave en materia de conservación de las especies, ya sea en entornos naturales, en zoocriaderos y hasta en los bancos de germoplasma.

Al conocer la diversidad genética, es posible saber el potencial evolutivo de una población, su capacidad adaptativa, su resistencia a enfermedades o la resiliencia a un estrés natural o inducido (como el cambio climático, huracanes, terremoto, etc.), es decir, cómo esa población se puede renovar si ocurre un desastre, explica el Dr. Edgardo Díaz Ferguson, investigador asociado al Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología (Indicasat) y a la Universidad de Auburn en Alabama, Estados Unidos.

Díaz Ferguson es el investigador principal del proyecto “Diversidad y conectividad genética del tiburón punta blanca de arrecife en el Parque Nacional Coiba”, en conjunto con el Dr. Héctor Guzmán, del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales.

En este trabajo estudiaron el comportamiento y la diversidad genética de los tiburones punta blanca de arrecife (Triaenodon obesus) que habitan en las costas del Parque Nacional Coiba, en el Pacífico panameño. Los hallazgos fueron presentados esta semana en la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, que financió el proyecto con 54 mil 500 dólares.

COMPORTAMIENTO

El tiburón punta blanca de arrecife es una especie demersal, es decir, que en algún momento su historia de vida está asociada al fondo del mar. Se mantiene en la arena o se mete en cuevas y entre las rocas. Es un depredaor nocturno que se alimenta de crustáceos y peces cirujanos.

Héctor Guzmán, quien en el pasado ha marcado ballenas para estudiar sus migraciones, narra que, utilizando transmisores acústicos en el Parque Nacional Coiba y en el golfo de Chiriquí, se determinó que los tiburones punta blanca de arrecife se limitan a recorrer distancias máximas de 15 a 30 km y a veces regresan al mismo sitio.

En el estudio con Díaz Ferguson hizo varias expediciones y se capacitó en el manejo de animales y en pesca deportiva para la captura de los ejemplares y extracción de una pequeña muestra de tejido de los tiburones. Los más grandes que vieron eran de 1.20 m a 1.40 m.

Las muestras se obtenían desde el bote, sacando a los tiburones del agua. Les tapaban la cara para calmarlos, les quitaban el anzuelo y les colocaban un tubito de PVC en la boca que bombeaba agua para que respiraran. Medían y censaban a los ejemplares, tomaban una muestra de tejido de la aleta y les ponían un transmisor antes de liberarlos.

En otros casos, bajo el agua, les ponían trampas con peces y cuando se acercaban a comer, les disparaban con una arbaleta y con esta extraían el pequeño segmento de tejido que contiene el material genético.

DIVERSIDAD GENÉTICA

Antes y aún existen marcadores físicos, como una etiqueta, una herradura, una marca, etc., pero cuando se trata de una etiqueta a nivel de ADN se llama marcador molecular. Para estudiar la diversidad genética usaron marcadores moleculares, que son secuencias de ADN o los productos de una secuencia, que permiten identificar un organismo de una forma inequívoca, detalla Díaz Ferguson.

Hay marcadores nucleares, que transmiten la herencia genética del padre y la madre y permiten ver la diversidad y conectividad contemporánea, es decir, en una generación cercana; y marcadores mitocondriales, que permiten ver la diversidad y conectividad histórica, o sea, muchas generaciones atrás.

Al estudiar esas pequeñas secuencias se puede conocer cómo está constituida una población y a cuáles otras se asemeja. “Vemos si ese pool de genes se mueve o simplemente está asociado a una sola área, y calculamos valores de diversidad y espacialmente, o sea, cómo se distribuye esa diversidad en diferentes puntos de la isla”.

Con los marcadores mitocondriales se encontraron tres haplotipos, de los cuales dos son únicos para Panamá y se hallaron en el norte y noreste de la isla de Coiba.

Un haplotipo se refiere a que dentro de una población de la misma especie, algunos individuos sufren variaciones o mutaciones en su ADN a través de un largo tiempo y se llegan a diferenciar de los demás.

Los haplotipos indican cómo se distribuyen los tiburones en diferentes sitios de la isla y así se pueden determinar patrones de diversidad y conectividad.

“Encontramos mayor diversidad genética en el norte y noreste de la isla de Coiba. Creemos que esto se debe a que en esos puntos tienen pequeñas islitas a través de las cuales se pueden ir moviendo y las poblaciones se mantienen conectadas”, añade Díaz Ferguson.

La pequeña diferencia que se vio entre poblaciones del noreste y el oeste se debe, probablemente, a la distancia, ya que en ese tramo no existen pequeñas islitas que les permitan comunicarse cómodamente, sostiene el científico. “Si no tienen dónde llegar, no van a tomar el riesgo, porque se mueren por la falta de sustrato y recursos, además, no hay otros individuos de la misma especie para reproducirse”.

A futuro, plantea Guzmán, sería interesante comparar los hallazgos con otras islas como Malpelo, Cocos o Galápagos, para ver si los haplotipos descubiertos en Coiba son comunes en poblaciones o subpoblaciones de otras islas oceánicas. Y de ser así, “sería bueno saber cómo llegó ese haplotipo a Cocos, por ejemplo, o incluso, si Cocos tiene haplotipos nuevos que sean únicos para las islas oceánicas o que no estén aquí representados en Panamá”.

Díaz Ferguson coincide en que sería interesante continuar el estudio para evaluar parentesco y establecer si existe una conectividad directa con otras poblaciones. “Si ya tenemos los marcadores desarrollados, probablemente podría tomar un año”.

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