Fundir la experiencia con la libertad

‘Intento escribir poemas limpios, directos, objetivos, líricos, antipoéticos, con humor y magia’: Moisés Pascual.

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‘El poemario ‘Palabras de humo’ posee una coherencia estructural y formal, que mis otros libros no tenían’, Pascual. ‘El poemario ‘Palabras de humo’ posee una coherencia estructural y formal, que mis otros libros no tenían’, Pascual.

‘El poemario ‘Palabras de humo’ posee una coherencia estructural y formal, que mis otros libros no tenían’, Pascual.

‘Escribo para comunicarme con el mundo, la gente, los otros poetas, conmigo mismo, con lo invisible’, Pascual. ‘Escribo para comunicarme con el mundo, la gente, los otros poetas, conmigo mismo, con lo invisible’, Pascual.

‘Escribo para comunicarme con el mundo, la gente, los otros poetas, conmigo mismo, con lo invisible’, Pascual.

Moisés Pascual, poeta, docente, soñador, idealista y luchador. Este 15 de octubre, a las 7:00 p.m., presenta su poemario Palabra de humo, publicado en Colombia por Cuadernos Negros Editorial.

El encuentro con sus lectores será en la Casa del Soldado, ubicada en Las Bóvedas, en San Felipe.

El libro lo presenta su colega Consuelo Tomás, quien se hizo cargo del prólogo de Palabra de humo.

Mientras ese día llega, el ganador del premio nacional Ricardo Miró en la sección poesía por Conjugando (2010) y Traganíquel (2004) recuerda sus inicios en el oficio de los versos.

VIAJE EN EL TIEMPO

¿Qué destacarías del ambiente cultural durante tus primeros años como poeta?

En los años de 1970, el movimiento cultural era muy dinámico, muy politizado. Todo el arte, incluida la poesía, estaba marcado por la denuncia, la rebeldía, la protesta. Luchas contra dictaduras y mucha solidaridad. Casi toda mi poesía era panfleto, social, directa, protesta, no pensada tanto para el libro, sino para la voz, el ya, para la acción, para la plaza, el mitin, el sindicato, la calle. Era un lirismo arrebatador.

¿Cómo se definían por aquellos años?

Éramos una especie de soñadores que queríamos ser como el Ché Guevara. Poesía, música y pintura iban de la mano. Éramos entre hippies, nacionalistas, marxianos, anarquistas. Soñábamos con cambiar el mundo, pero la poesía no era suficiente. Me vienen a la mente los hermanos Santizo, el Trópico de Cáncer, el teatro Taller Universitario, Ologuaidi, Rómulo Castro...

¿Ha cambiado ese ambiente cultural?

Habría que hacer un viaje en el tiempo. Existen. Quizás los medios de comunicación y las nuevas tecnologías han permitido impulsar, y hasta democratizar la cultura. El mundo ha cambiado y también la conciencia de los artistas con respecto a sus tareas. Ahora hay más oportunidades, pero siempre depende de la energía del artista, de seguir y sobrevivir.

Ser artista y ganarse la vida, ¿misión fácil?

No es fácil. Seguimos huérfanos de apoyos y políticas de Estado que promuevan el trabajo de los artistas, su dignidad, el acceso que la gente puede tener al arte. Se hacen cosas, pero todavía estamos lejos, si lo comparamos con Costa Rica o Colombia. En Medellín hay pequeñas bibliotecas en algunas estaciones del metro. La cultura forma parte de la calidad de vida de la gente. Aquí se piensa más en malls, vender y esas cosas.

Publicas poco, ¿razones?

No es una decisión tomada a conciencia. Se ha fortalecido con el tiempo. Escribo mucho, tengo mucho material inédito, pero no publico, porque no hay quién te publique, y no estoy dispuesto a invertir lo poco que gano trabajando en un negocio, en el que tengo que escribir, poner el dinero, pelear con las imprentas, salir a vender, y además yo soy mal vendedor, de todo, para al final, perder, regalando los libros a los amigos, a la gente, porque además, la gente no lee ni compra poemas, y sí en cambio periódicos sensacionalistas, programas de carreras de caballo y Atalayas.

CAMINAR SOLO

¿Hay otra salida?

Prefiero participar en concursos a ver si la suerte y el jurado determinado por mi destino me conceden la dicha de ganar una medallita, un pergamino, algo de dinero, y ver publicado el libro, sin que yo tenga que poner ni un real. Ahora me cuestiono. Debería invertir más en mi literatura o conseguir un mecenas, una empresa con “responsabilidad social”, que sepa cómo hacer buen negocio con los libros.

¿Un editor entusiasta?

Tengo mala suerte. Ningún “editor” local me invita a ser parte de su comparsa. Voy y camino solo. No tengo prisa, aunque a veces me digo debo apretar el acelerador, publicar más, una antología de mi poesía completa, mis cuentos, mi novela. Este es mi legado. Quiero compartirlo con otro que quiera oír y sentir.

Son poemas breves los de ‘Palabras de humo’, ¿son más complicados de hacer que un poema extenso?

La pregunta es interesante. Lo complicado no se conecta necesariamente con la extensión. Se trata de otros ingredientes. He escrito poemas largos, medianos y cortos. Depende del tema, la estructura, el ritmo, el momento. Voy aterrizando a una forma de “poética” que me indica que el poema largo se puede extraviar en el camino, mientras el poema breve puede llegar a su destino con más efectividad. Es una cuestión de economía, impulso, influencias, gustos.

Menos siempre es más.

Hay mucha poesía que es bla, bla, bla. Estoy explorando esta vía de ser cada día más sencillo y transparente, y menos retórico, artificioso, rebuscado, hermético, barroco y rococó, al límite de perderme en un mar de palabras y musicalidades, sin significados. Ando buscando… pero no guayaba. Me interesa lo visual, lo gráfico del poema, los espacios, las pausas, los silencios, sin perder de vista, la sonoridad, el ritmo y la estructura. En esto la tecnología me está haciendo casi adicto. Es como chatear. Escribir hoy ya no es como ayer. Algo pasó.

¿Poemas breves en tiempos de sobreinformación?

Hay un exceso de información que produce entropía, te pierdes, te desvías. Te enredas. Hay poemas que quieren ser infinitos. Pierdes centro, pues hay muchos intereses y aristas. Quiero un poema más concentrado, sintético, limpio. No sé si lo consigo. Te puedes perder en un largo reportaje o en una novela empalagosa escrita como en los finales del siglo XIX. En cambio, un título puede decirlo todo, un solo verso, un sonido, un epitafio, un epigrama, un eslogan publicitario, un diálogo de cine o el estribillo de una canción que repiten al unísono millones de adolescentes.

¿Cómo definirías los versos de ‘Palabras de humo’?

Palabras de humo es la continuidad de otros libros o poemas no publicados a partir del año pasado, de mis vivencias en Medellín, mi estado de salud, el estrés y de muchos poemas que tengo en el horno, y que tienen que ver con el uso del ciberespacio, el Twitter, y otros formatos, pensados para el minitexto, el poema breve con caracteres contados, para ser leído y sentido al momento. Como no necesitar libros ni esperas. Es instantáneo. Y el resultado es un lector o cibernauta que del otro lado enseguida te dice: “lo estoy leyendo y me gusta” o te ignora.

¿‘Palabras de humo’ reconstruye la forma de hacer poesía?

Hay mucho de experimento y de cuestionamiento de las formas tradicionales o trilladas de las vanguardias poéticas. La poesía está cambiando. Miro hacia el futuro, sin dejar de alimentarme de los grandes de la poesía de todos los tiempos.

Abrir el corazón

¿Por qué leer ‘Palabras de humo’?

Primero, que es poesía. Es un lenguaje, entre natural y depurado. Diferente, pienso, a lo que se hace en nuestro medio. Coincide mucho con poetas de otras latitudes. Está muy trabajado, pero no es obsesivo. Es el resultado de un largo camino de 40 años tejiendo y esculpiendo versos y palabras, de todas las formas y colores. No es un golpe de suerte. No nació como un libro pensado, se fue construyendo a sí mismo.

Cada obra es un mundo propio, ¿no?

Todos los libros responden a motivos y contextos diferentes. Palabras de humo retrata mi visión de la poesía, el mundo, la vida, hoy, pero de una forma más sosegada, tranquila, no optimista, pero tampoco derrotada. Siempre lírica, trascendente, fina, atrevida, que nace del corazón, la mente y el espíritu. Son poemas que conjugan belleza y significado. Son el producto de una “epifanía”, aunque cause risa. Este libro funde experiencia con libertad. Mientras lo escribía, sentía que me moría.

‘Monólogo del náufrago’ lo publica Ediciones de Baile del Sol, de Tenerife, España. ‘Palabras de humo’ en Colombia.

Me ha sido más fácil publicar lejos, que en mi patria. Ambos libros nacieron a través de la comunicación en internet con editores que nunca había conocido, que les gustó mi poesía, llegamos a acuerdos, compartimos confianzas, temores, y trabajamos. Ha sido una odisea hacer este libro. Ganó la voluntad.

¿Dónde está el secreto de la poesía en mayúscula?

Creo como Kung Fu Panda, que no hay secretos. Todo está ahí, adentro y afuera, solo hay que percibirlo, juntarlo. Es como un rompecabezas. Aprender la magia. Juntar la vida con la palabra. Volar. Abrir los ojos y el corazón. Y trabajar como loco noche y día, año tras año, sin parar, hasta encontrar la palabra deseada, el vellocino de oro, la piedra filosofal, lo que te llena y te conmociona, tu verdad, tus alegrías y dolores, el aprender a vivir entre el amor y la muerte, sin dejarse vencer por el pesimismo de otra vida que no existe como promesa del Edén. Todo está aquí. Es meter las manos en la tierra y en el sueño, y descubrir que todos somos humanos, imperfectos, pero motivados por el entusiasmo de mover el mundo hacia adelante y no hacia la barbarie.

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