De Irakere a los tríos

Chucho Valdés es uno de los responsables de Irakere, una de las mejores bandas de música bailable de Cuba.

Cuando Chucho Valdés era alumno de música en La Habana y estudiaba en una clase a los impresionistas franceses y en otro salón a los músicos cubanos, descubrió la mayor de las verdades: música solo hay una.

Sí, admite, hay géneros, pero las notas son las mismas, da lo mismo si lo tuyo es la samba o el chá chá chá.

Por eso, unió todos los elementos de sus raíces musicales, o sea los sonidos de África y Cuba, y los mezcló con el jazz y el rock.

Con esta motivación apareció en 1973 Irakere, colectivo en el que Chucho fue su cofundador y director. “Ahora, cuando han pasado tantos años, es que me doy cuenta lo que hacíamos con aquellos arreglos e interpretaciones de esos grandes músicos”.

“Estos músicos siguen siendo todavía geniales. Por ejemplo, escucha los solos de saxo de Paquito D´Rivera o los solos de trompeta de Arturo Sandoval o la percusión de Enrique Plá”.

Pide perdón por la falta de modestia, pero considera que Irakere estaba más allá de cualquier otra agrupación bailable en Cuba.

“Escucho nuestros temas y es como si estuvieran hechos mañana, no hoy o ayer. Fuimos el grupo que cambió, para bien, la música bailable en mi país en el siglo XX y hoy los jóvenes reconocen la influencia de Irakere”.

Admite que nunca se vieron como vanguardistas los que ensayaban tres o cuatro horas diarias y después se quedaban otras tres horas haciendo jam session.

En la década de 1990, compartió su tiempo y su creatividad entre su compromiso con Irakere y el conformar cuartetos y tríos.

Más de una vez sus colegas y admiradores le comentaban que su trabajo como pianista se veía un poco reducido en medio de una orquesta de tantos integrantes como Irakere, y “que me había perdido como pianista, de cierto modo”.

IDEAS PROPIAS

No importa cuántos lo acompañen en el escenario o en un estudio de grabación, lo indispensable es que sean músicos con ideas propias.

En el jazz, por encima de la técnica o la facilidad que tengan con un instrumento, “la creatividad es importante porque el jazz es música para recrear. Cuando lo veo, trato de convencer de que vengan a trabajar conmigo”.

Chucho define al jazzista como un “ser súper apasionado, un soñador que lleva las cosas a la práctica y lucha hasta conseguirlo”.

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