Lecciones de sexo y de igualdad

La obra ‘Lecciones para un buen sexo’ aborda abiertamente temas como la insatisfacción sexual y la violencia intrafamiliar.

Temas:

Estuvo en temporada en el teatro ABA del 14 al 31 de enero. Estuvo en temporada en el teatro ABA del 14 al 31 de enero.
Estuvo en temporada en el teatro ABA del 14 al 31 de enero. Jazmín Saldaña

¿Cómo sabemos si la obra que estamos viendo está realmente buena? ¿Será cuando el diálogo nos transmite pensamientos y emociones que desconocíamos? ¿O cuando el elenco nos transporta a vidas ajenas? ¿O si el juego de luces y sonidos nos hace volver a creer en la magia?

El dramaturgo venezolano Isaac Chocrón confesaba que él sabía si había escrito una obra realmente buena solamente cuando veía que su público hacía catarsis colectiva la noche del estreno.

Desde ese criterio, Lecciones para un buen sexo es una buena obra. Escrita y dirigida por Daniel Gómez Nates, la obra parte de una premisa simple: las mujeres tienen iguales derechos que los hombres y esos derechos empiezan desde el sexo.

Con referencias al Café Coca Cola, el cine Cecilia y la visita de María Félix al almacén Salomón, la obra nos remonta a una ciudad de Panamá de la década de 1950 que es como un pañuelo donde el único problema son los “gringos esos”.

Pero poco a poco descubrimos que la sociedad del presidente Remón y el arzobispo de turno se enorgullecía en su ignorancia sobre la sexualidad y los efectos de la violencia intrafamiliar.

En una de las escenas más incómodas, Pepe (interpretado por Alí Arrocha) le prohíbe a su esposa Marta (Madelaine Guevara) moverse o expresar placer mientras tienen sexo. Para Pepe, solo las prostitutas se mueven en la cama. Las esposas hacen el amor con la bata puesta.

En otra cama, al otro lado del escenario, el policía raso (Marko) demostraba desconocimiento absoluto de juegos presexuales mientras su esposa Soledad (Mara Betancourt) le preguntaba “¿y yo qué?”

Este tema se podría presentar en escena externalizando la gama extensa de los efectos devastadores de la ignorancia y represión sexual en las relaciones de pareja. Pero Daniel Gómez Nates apuesta a la estrategia de la catarsis. Para los que conocen su estilo, no será sorpresa que esta obra involucra a su público, lo trata de tú a tú, en sus mismos términos, para que cada uno enfrente sus opiniones y experiencias sobre su propia sexualidad.

Como resultado, el público reacciona abiertamente, casi vociferando su desacuerdo con los golpes de Pepe a su esposa y recomendándole a Marta qué acciones tomar.

En un coro de murmullos, el público alienta a los personajes a decir palabras que no deben salir de la boca de una mujer decente de los años 1950, incluyendo vagina y orgasmo.

Mara Betancourt, interpretando a una vendedora de bolita que todo lo sabe y nada calla, nos regala los momentos más jocosos de la obra jugando con la cadencia del lenguaje del arrabal para esconder la decepción de un matrimonio en ruinas.

En una obra sobre represión sexual, Mara aprovecha su chal negro para convertirlo en burka, y esconder su vergüenza por disfrutar el sexo con el gallego que le vende sábanas.

El personaje más complejo de la obra, la tía Luisa, es interpretado con aplomo por Elizabeth Vargas. Desde su programa de radio sobre temas sexuales, ella nos muestra el poder de la difusión de conocimientos en el empoderamiento de las minorías.

Hay varias escenas donde regresamos al Panamá de hoy que sirven para atar cabos sueltos, pero que le restan impacto y afectan la fluidez de la obra.

El texto pierde la oportunidad de conectar el vestigio del pudor e hipocresía del Panamá de la posguerra con el debate actual sobre la educación sexual y la lucha de otras minorías.

Igualmente, las varias caras de la tía Luisa, la pitonisa, la roba maridos, la madre sustituta y la feminista, se nos muestran como lista de supermercado que nunca se explota dramáticamente.

Los personajes masculinos se presentan de manera unidimensional, dejando escapar la oportunidad de explorar integralmente este tema.

A pesar de esto, con las preguntas engañosamente simples de la tía Luisa desde la radio, como ¿cuál es tu fantasía sexual?, la obra nos recuerda que desde la cama se puede armar una revolución.

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