Mujeres fatales

Una pariente me contó, hace años, de una allegada a la que, al coincidir ambas en un avión, vio llenar la carta de embarque de forma poco ortodoxa.

Ojos: dos.

Cabello: poco.

Sexo: a veces.

En mi entorno familiar abundan las mujeres, ergo el título del letal soneto de Darío: Lo fatal. Lideró la bandada, por décadas que parecieron siglos, mi abuela materna, chiricana. Hacerle un favor, a punta de “ajustes”, tomaba tres días con sus noches y paciencia de la que patentó el santo Job. La sentencia de mi padre llegó con el tercer mandado:

–Doña Tila hace pedidos con handicap.

No pocas veces la fatalidad se enclavaba en la propia Fábrega o Parada que la desarrollaba, como la que perdió su más prometedora cita de trabajo gracias a los “niervos”: se echó flit en vez de desodorante cuando estaba por salir.

Mucha gente adora a las divas por su glamour; su belleza; su je ne país quoi. Yo me quedo con la lengua de unas cuantas. María Félix, en primer, indiscutible, lugar. Cuando un irredento enamorado pudo espetarle “¡María, sin ti mi vida no vale nada!”, ella ni parpadeó:

–Contigo la mía valdría mucho menos.

Alguien le preguntó sobre quién le había dado el beso más ardiente.

–Pedro Almendáriz. En un filme. No se había sacado el cigarrillo de la boca.

A mi adorado Carlos Fuentes lo tildó en París, urbi et orbi, de “mujeruco”. Años atrás un periodista de los que no faltan le había preguntado si era lesbiana:

–Si todos los hombres fueran como usted, tendría que serlo.

Sigo con otra María. La Callas, que callaba al que fuera. A sus 18, en New York, llevaba años preparándose para ser la diosa de la ópera que fue. Una prima almorzaba en su apartamento mientras ella hacía escalas ante su madre.

–Tía: ¿María no se puede callar ni mientras termino la pasta?

María continúo solfeando a galillo batiente mientras daba zancadas hacia el comedor, le reventaba la fuente de spaghetti en la cabeza a la otra y regresaba, como vino, al piano.

Dicen las malas lenguas que su rivalidad con Renata Tebaldi fue mitológica: Medusa contra Esfinge. Que una vez que en La Scala la italiana enarbolaba un área superlativa, la griega aprovechó que nadie respiraba para gritar en platea:

–¡Mis joyas! ¡Me han robado mis joyas!

A Cocò Chanel le reprochó Francia que, en plena ocupación Nazi, ella –cincuentona– se hubiera enredado con un alto militar alemán. La famosa modista se puso la aguja entre los dientes:

–A estas alturas de mi vida no estoy para pedirle pasaporte a un prospecto de amante.

Ava Gardner consideraba totalmente inmerecida su fama de femme fatale. Se declaraba simple chica del sur rural estadounidense... y como tal hablaba.

Un mal día el que la entrevistaba enfatizó lo anómalo de que ella, “el animal más bello del mundo”, se hubiera emparejado con Frank Sinatra, “un tipo de 50 kilos”. Como una bala, Ava lo corrigió:

–En verdad, son 3 kilos de tipo y 47 de pito.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

15 Oct 2017

Primer premio

6 0 4 8

BDDC

Serie: 7 Folio: 8

2o premio

5559

3er premio

9849

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código