Walter cambia de piel

Walter White pasa de ser un docente abnegado y decente a un narcotraficante violento y peligroso.
Bryan Cranston y Aaron Paul son los pilares de ‘Breaking Bad’. AP. Bryan Cranston y Aaron Paul son los pilares de ‘Breaking Bad’. AP.
Bryan Cranston y Aaron Paul son los pilares de ‘Breaking Bad’. AP.

Walter White es un pasivo profesor de química que reside en la ciudad de Nuevo México.

Este personaje, encarnado por el actor Bryan Cranston, es un miembro de la clase media trabajadora de Estados Unidos, con una esposa que no lo apoya lo suficiente porque lo considera una persona sin ambición y un hijo que admira más a otros adultos que a su progenitor, porque piensa que es débil.

Fuera del santo hogar no le sobran alegrías, pues White es una víctima de un sistema escolar inoperante y de un sistema de salud excluyente.

Acorralado por las deudas, con un futuro que se le cierra sin misericordia a causa de que sufre de un cáncer terminal y con el orgullo destrozado, el timorato Walter White pasa a ser un sangre fría conocido como Heisenberg, un respetado fabricante de metanfetaminas de Estados Unidos, en la serie televisiva Breaking Bad, que se alzó el domingo con el Emmy a la mejor serie dramática (ver la tabla con el resto de los premiados entregados por los integrantes de la Academia de Artes y Ciencias de la Televisión).

PELIGROSO Y EDUCADO

White no es un inmigrante ilegal proveniente de América Latina, ni tampoco ingresó de forma sospechosa al anhelado Norte, proveniente del Medio Oriente o de Europa del este.

Es un caucásico nacido en Estados Unidos, que descubre que, a veces, para conseguir el proclamado sueño americano hay que torcer las reglas del juego limpio.

Este personaje es una versión lúgubre, pero educada, en la línea de otros antihéroes de la pantalla chica como Tony Soprano (Los Soprano) o Enoch Nucky Thompson (Boardwalk Empire).

Como señor que acata las normas, Walter obtuvo sobras, pero como criminal se vuelve un individuo próspero, pues parece que la lección de Breaking Bad es que en un mundo sin escrúpulos los White son fáciles blancos para ser aplastados y que los métodos sin escrúpulos de los Heisenberg los conduce a la gloria y a la prosperidad.

Gracias a saber cómo se debe violar la ley, Walter White pasa de ser un pequeño productor de drogas ilegales a un enigmático hombre de negocios.

Ya no es un don nadie que dejará en la calle a su clan, tampoco es el tipo a quien todos pisotean, incluyendo sus vecinos, colegas, estudiantes y su propia familia.

Ahora, al ser un narcotraficante en alza, puede pagarse un buen tratamiento médico y dejarle un fondo monetario a su familia cuando realice ese viaje que todos haremos algún día.

Breaking Bad, en un sórdido tono de humor negro, pone de relieve la importancia de una materia escolar como la química (aunque de forma retorcida), de cómo la sociedad puede transformar a un individuo decente en un ser despreciable, y los beneficios de comprender rápido los mecanismos de la premisa de la oferta y la demanda.

La atmósfera de Breaking Bad recuerda a la paleta de colores que utilizó el director Steven Soderberg para su premiada película Traffic.

Breaking Bad es arenosa como el alma de Walter White a medida que pasan las temporadas del programa; es una textura seca como la ausencia de optimismo de una parte de la población estadounidense que no ve un mañana seguro debido a la desigualdad social.

ALTIBAJOS

Como ha pasado con otras series exitosas de la televisión estadounidense en el pasado, desde Los Soprano, pasando por Friends, Breaking Bad ha tenido sus escollos por resolver.

Sus productores decían saber más que el creador y los guionistas sobre el rumbo que debían tomar las vidas de los personajes, los contables de la televisión querían reducir el presupuesto de los rodajes de los episodios y, encima, la petición de aumento salarial del equipo interpretativo que veía cómo su espacio semanal se convertía en una serie de culto cada vez más rentable.

Todos estos enredos llevaron a que su cuarta temporada se demorara, y que su final se hiciera realidad de una forma más veloz.

Breaking Bad está a un capítulo de terminar su sexta y última temporada en Estados Unidos, una noticia que pone triste a sus millones de admiradores, pero que es una decisión lógica en términos argumentales, tomando en cuenta que parte del quid dramático del programa es un hombre enfermo de muerte que hace lo impensable para ser un buen padre para los suyos.

Su triunfo en los Emmy deja claro que la televisión por cable es, por mucho, el lugar perfecto para producir programas audaces.

Recordemos que la cadena AMC no solo es la responsable de Breaking Bad, sino también de otras excelencias como The Walking Dead y Mad Men.

O que HBO es la creadora de bellezas actuales como Game of Thrones, Boardwalk Empire, Tru Blood y The Newsroom.

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