La casa de las hadas madrinas

La Asociación Hogar de la Infancia, ubicada en el Terraplén, está regentada por seis hermanas Bethlemitas. Se educa a 230 niños.

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Entre los pasillos del Hogar de la Infancia los niños corren contentos. Se está acabando el año escolar y, con ello, vienen visitas con regalos, más días libres.LA Entre los pasillos del Hogar de la Infancia los niños corren contentos. Se está acabando el año escolar y, con ello, vienen visitas con regalos, más días libres.LA

Entre los pasillos del Hogar de la Infancia los niños corren contentos. Se está acabando el año escolar y, con ello, vienen visitas con regalos, más días libres.LA Foto por: Maydée Romero

En la clase de educación física de quinto grado, el profesor pasa lista.LA En la clase de educación física de quinto grado, el profesor pasa lista.LA

En la clase de educación física de quinto grado, el profesor pasa lista.LA Foto por: Maydée Romero

Los niños contentos están porque se acabó el día de clases y se encuentran ansiosos por el desfile de los días patrios.LA Los niños contentos están porque se acabó el día de clases y se encuentran ansiosos por el desfile de los días patrios.LA

Los niños contentos están porque se acabó el día de clases y se encuentran ansiosos por el desfile de los días patrios.LA Foto por: Maydée Romero

En la entrada del edificio, escrito en piedra, se lee: Asilo de la Infancia. En la entrada del edificio, escrito en piedra, se lee: Asilo de la Infancia.

En la entrada del edificio, escrito en piedra, se lee: Asilo de la Infancia. Foto por: Maydée Romero

Con una fachada muy parecida a un castillo, el edificio se levanta orgulloso cerca de la entrada al Casco Antiguo de la ciudad, después del Mercado del Marisco y frente a la calle Pablo Arosemena. Cautiva la mirada, ya que rompe con la estética de los edificios de su calle.

Solo los vehículos bloquean la vista a la entrada del edificio, pero a su alrededor se han confabulado tienditas y toldas.

“No entiendo por qué colocaron en la entrada la palabra ‘asilo’. Desde que comenzamos hace 95 años, el enfoque fue hacia los niños”, explica la hermana María Teresa Suárez, la administradora.

Inicios de la labor

En la Gaceta Oficial del 15 de enero de 1920, aparece el inicio de los trámites para la obra conocida como Asilo de la Infancia.

El presidente Belisario Porras (1920-1924) realizó una donación para que el inmueble pudiera construirse. El 20 de junio, cuenta la hermana Suárez, abrió el Asilo de la Infancia y se firmó el contrato de la fundación entre el Gobierno y la madre superiora Sofía Portillo.

Este 2015 cumplió 95 años de presencia en Panamá. Desde el inicio de la obra, las hermanas Bethlemitas se han caracterizado por su abnegación y voluntad de ayudar a la niñez, sobre todo la que está desamparada. “Llegó un momento que tenían 60 niños internos”, recuerda la hermana Suárez, “muchas veces sacándolos de la calle”.

Actualidad

Las hermanas Bethlemitas ayudan a 230 niños a mejorar su calidad de vida y dar un paso más hacia un futuro mejor. Acogen a 30 niños provenientes de áreas de Darién, Guna Yala, Arraiján, La Chorrera y Tocumen, cuyos padres carecen de los medios económicos necesarios para brindarles una buena educación y los cuidados básicos de salud.

Ahí seis hermanas les inculcan disciplina y responsabilidad a los niños, con mucho ahínco y cariño. María Teresa Suárez, Elvira García, Lucélida Castaño, Trinidad Hernández, María Teresa Marín y Laura Arias desempeñan distintas funciones para llevar orden y paz.

“Algunos internos no tienen madre ni padre y los traen alguna tía. El resto tiene mamá y papá, pero a veces están inmersos en drogas o vienen de situaciones familiares difíciles. Se van los viernes por la tarde para compartir con su familia, para no desintegrarla. Además, cuando los internos se van a su casa, se les prepara un paquete para que lleven arroz, frijol o lenteja, carne, lo que haya”, comparte la hermana Suárez.

Además, el Hogar de la Infancia también es escuela y educa a los niños de los corregimientos de San Felipe, Santa Ana y Curundú, entre otros.

Instalaciones

Con la ayuda que reciben del Ministerio de Desarrollo Social (Mides), tienen ocho empleados que mantienen pulcras las instalaciones del hogar.

En el patio interno, un jardín con flores, arbustos y árboles llena los pasillos de aire fresco.

Un comedor con varias mesas y sillas plásticas se observa en el fondo, donde las colaboradoras están a la espera de la orden de la hermana Arias para comenzar a cocinar. “Ahí, los niños comen el desayuno, la media mañana, el almuerzo, ‘las onces’ y la cena”, dice la hermana Suárez, acompañada de la hermana Arias.

Los salones de los más pequeños están ubicados en el primer piso, mientras que los grados mayores, en el segundo. Los dormitorios de los pequeños y los grandes están arriba, al igual que la biblioteca. Tienen un patio amplio y techado donde se practican deportes y corren durante el recreo.

Ayudas

“Florencio me pateó”, anuncia corriendo un niño hacia las hermanas. “¿Cómo va a ser?, dígaselo a su maestra”, le dicen, y mientras desaparece el niño, que no pasa de los 7 años, la hermana Arias afirma que hace falta más ayuda para poder supervisar a todos los menores.

Aunque reciben apoyo del Mides, el Ministerio de Educación aún no les ha nombrado un profesor de educación física y un psicólogo. Con el dinero que reciben de auxilio, les pagan a estos profesores faltantes.

Además, en uno de los dormitorios falta cambiar una puerta. “Muchas personas han visitado el hogar y han prometido ayudar y nunca vuelven”, reflexiona la hermana Suárez.

Por otro lado, la hermana Hernández resalta que un mapamundi o un globo terráqueo hace falta, además de un acondicionador de aire y abanicos de pared para la habitación de los internos mayores.

Si quiere donar, el número de cuenta 0100696484, a nombre de la Asociación Hogar de la Infancia, en Banistmo, se presta para apoyar esta noble causa.

Ya es mediodía y los niños practican para el desfile de fiestas patrias. Suenan los tambores, las panderetas y platillos. Es un ambiente alegre, los más grandes tienen 11 años y los más pequeños, 5.

El profesor de educación física intenta mantener el orden y lograr que formen una fila, sin mucho éxito. Los chicos están más pendientes de sus instrumentos y tienen ansias de salir a la calle y desfilar.

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