El encanto de Venecia

Toda Venecia es un museo al aire libre, un lugar en el que cualquier edificio es una joya y cada rincón merece un elogio.

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Vista de Venecia desde una de sus emblemáticas góndolas. Vista de Venecia desde una de sus emblemáticas góndolas.

Vista de Venecia desde una de sus emblemáticas góndolas.

La Plaza de San Marcos nunca se vacía. La Plaza de San Marcos nunca se vacía.

La Plaza de San Marcos nunca se vacía.

Viajar a Venecia significa llegar a un lugar único, que vive según sus propias reglas. En Venecia no hay coches, porque la vida transcurre sobre el agua. Los únicos atascos son aquellos que forman los turistas en las callejuelas que serpentean entre los canales, iglesias y palacios de una ciudad que parece estar consagrada al arte.

Ubicada en el noreste de Italia, a unos 120 kilómetros de Verona y a solo 40 de Padua. Además, por estar a orillas del mar Adriático, solo un trayecto en ferry la separa de la costa croata.

Con mil 500 años de historia, Venecia tiene infinidad de rincones en los que deleitarse. Pero si hay un lugar emblemático en la ciudad, este es San Marcos. “Si se trata de la primera visita a Venecia, hay que empezar por la Plaza de San Marcos”, recomienda Ilaria Rizzardi, guía turística de Venecia.

Napoleón describió esta plaza como “el salón más hermoso de Europa” y hoy se podría añadir que también es uno de los más concurridos. San Marcos nunca se vacía. Los clientes de las cafeterías y las tiendas se mezclan con los paseantes y con quienes hacen cola para subir al Campanile o para visitar la catedral.

Rizzardi explica que a la Basílica de San Marcos también se le llama la basílica de oro, por sus mosaicos bizantinos dorados. “Están formados por teselas de pasta de vidrio. Cada una de ellas lleva un fina lámina de oro en el interior, según la técnica bizantina”, detalla.

Otro de los tesoros de la catedral son los cuatro caballos de San Marcos. Se cree que estas majestuosas esculturas de bronce dorado formaban parte de una cuadriga situada en el hipódromo que el emperador Constantino mandó construir en Constantinopla.

Hoy los originales se hallan en el interior de San Marcos y los que están situados en la terraza exterior de la basílica son una réplica.

Desde la terraza hay unas vistas espectaculares de la Plaza de San Marcos y de parte de la Laguna.

El Campanile, uno de los edificios más característicos de la plaza, también ofrece una gran panorámica de la ciudad. Esta torre de 92 metros de alto es una reconstrucción del anterior campanario, que se desmoronó en julio de 1902.

Junto a la Basílica de San Marcos se halla el Palacio Ducal, uno de los edificios más destacados de Venecia. “Hoy es el primer museo y mejor ejemplo de arquitectura gótica de la ciudad. Pero durante la república fue la sede del Gobierno, la morada del dux y el Palacio de Justicia con prisiones”, precisa Rizzardi.

Uno de los espacios más impresionantes del interior del palacio es la sala del consejo mayor, que fue la sala más grande del mundo sin columnas que soportasen el techo.

La Plaza de San Marcos es, sin duda, el corazón de Venecia, pero ningún viajero debería marcharse de la ciudad sin visitar algunas de sus iglesias más representativas.

“Si se dispone de poco tiempo, hay que echar un vistazo a la Plaza de San Marcos y a sus monumentos desde fuera. Luego se puede dar un paseo por los alrededores y llegar al Campo Santa María Formosa y al Campo Santi Giovanni e Paolo, el más magnífico de Venecia”, destaca Rizzardi.

En este campo se alza la estatua del condotiero Colleoni, una representación del militar a caballo que se ha convertido en una de las grandes obras de la escultura renacentista en bronce.

Otra de las recomendaciones de Rizzardi es la Basílica di Santa María Gloriosa dei Frari “con el retablo de la Asunción, una obra maestra de Tiziano”.

En el interior de este templo, junto al altar de la familia Pesaro hay una bomba, depositada allí como ofrenda, pues cayó sobre la iglesia durante la I Guerra Mundial, pero no hizo explosión. Además, en Santa María Gloriosa dei Frari se halla el sepulcro de Tiziano, que murió de peste en 1576.

Rizzardi también aconseja visitar la Scuola Grande di San Roco, muy cerca de la Basílica di Santa María Gloriosa dei Frari y que, en palabras de la guía, tiene “el mejor Tintoretto del mundo”.

Este gran pintor, llamado Jacopo Robusti, era hijo de un artesano tintorero y de ahí surgió el apodo de Tintoretto, que significa el tintorerito. Su obra más importante fue precisamente la decoración de la Scuola Grande di San Rocco, en la que invirtió casi un cuarto de siglo de trabajo. Lo mismo que Tiziano, Tintoretto también falleció debido a la peste.

Y si remontamos el Gran Canal hacia el interior de la ciudad, tras un largo paseo, hallamos el Puente de Rialto, uno de los símbolos de la ciudad. Junto a él, hay infinidad de palacios y de edificios majestuosos que ofrecen sus fachadas a las aguas del Gran Canal.

Un paseo en góndola es una manera inmejorable de disfrutar de este espectáculo. Pero también se pueden contemplar desde el vaporetto o desde cualquier otro medio de transporte acuático, como la lancha que va y viene al aeropuerto.

Toda Venecia es un museo al aire libre, un lugar en el que cualquier edificio es una joya y cada rincón merece un elogio.

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