La hora de Guerra

El dominicano Juan Luis Guerra es de los pocos músicos latinoamericanos que merece el calificativo de innovador. El dominicano Juan Luis Guerra es de los pocos músicos latinoamericanos que merece el calificativo de innovador.

El dominicano Juan Luis Guerra es de los pocos músicos latinoamericanos que merece el calificativo de innovador.

‘Todo tiene su hora’ obtuvo tres premios Grammy Latino. ‘Todo tiene su hora’ obtuvo tres premios Grammy Latino.

‘Todo tiene su hora’ obtuvo tres premios Grammy Latino.

El dominicano Juan Luis Guerra es para el merengue lo que el panameño Rubén Blades representa para la música afrocubana.

Cada uno en lo suyo ha revolucionado los ritmos latinoamericanos, al ser capaces de indagar con acierto y soltura en géneros que le son aparentemente ajenos.

Ambos tienen la capacidad de ser compositores, cantantes y productores de sus temas, lo que les permite ser sus propios dueños a la hora de seleccionar el rumbo que tendrán sus trabajos.

Cada uno de estos artistas, con su correspondiente estilo particular, ha logrado algo que parecía imposible e improbable: que la gente bailara mientras pensaba y viceversa.

Mientras Rubén Blades se concentra en el mensaje social desde la severidad de la crónica periodística y con una enorme capacidad de construir un universo de personajes como si de una novela épica se tratara, Juan Luis Guerra explora el tema de las relaciones afectivas y las desigualdades y lo hace desde los recovecos de una poesía que recuerda bastante a Federico García Lorca, Pablo Neruda y Amado Nervo, así como al Julio Cortázar de Rayuela.

Su paso inicial rumbo a la excelencia fue con el álbum Mudanza y acarreo (1984), al que le siguió Mientras más lo pienso, tú (1986) y el resto es ya historia dentro del pentagrama de la región.

Guerra ha formado parte de la banda sonora de más de un enamorado con temas emotivos como Frío frío, Burbujas de amor, Me enamoro de ella, Como abeja al panal, A pedir su mano y Si tú te vas, entre otros.

La más reciente producción del menor de tres hermanos que nació en 1957 es Todo tiene su hora, el número 12 grabado en un estudio y que fue incluido por la revista Billboard entre los 10 mejores discos latinos de 2014-2015.

Además, este disco ganó en noviembre pasado tres premios Grammy Latino: álbum del año, canción tropical para Tus besos (estuvo ocho semanas consecutivas en el primer lugar de la lista “Latin Airplay” de la Billboard) y álbum tropical contemporáneo.

Todo tiene su hora, nominado al Grammy estadounidense en la categoría de Mejor álbum latino tropical, incluye los temas “Cookies & Cream”, “Canto a Colombia”, “Todo tiene su hora”, “Para que sepas”, “De Moca a París”, “Dime Nora mía”, “Muchachita linda”, “El capitán”, “Todo pasa” y “Tus besos”.

En sus clases de composición y arreglos musicales en el renombrado Berkeley College of Music (Boston, Estados Unidos), aprendió a valorar y fusionar los ritmos de la unión americana con los de República Dominicana y el resto de Latinoamérica.

Una prueba de ellos es Todo tiene su hora, un álbum que merece el calificativo de innovador, pues sus tonalidades se enmarcan en el uso de la güira, las trompetas, el clarinete, los tambores, el teclado y el violín, para crear una atmósfera que va de América Latina a Europa y de sonidos autóctonos a los pertenecientes a la llamada alta cultura.

En Todo tiene su hora, Guerra no solo ofrece sus habituales canciones sobre el amor desde la bachata y el merengue, sino que también se adentra en el son, el jazz, la música clásica, el pop y la salsa, géneros que se han vuelto cada vez más habituales en sus labores.

Queda como ejemplo de esa amalgama de instrumentos Tus besos (el punto más sobresaliente del álbum), que va de la bachata tradicional al rock de los años 1960, recordando el amor que siente Juan Luis Guerra por la música de su tierra unidos con la base rítmica de Los Beatles. Así va cumpliendo uno de sus sueños, todavía no realizado, grabar una pieza con uno de los miembros del cuarteto de Liverpool: Paul McCartney.

Otra costumbre que mantiene en Todo tiene su hora es darle espacio a por lo menos un corte a la denuncia social, algo que ha hecho con maestría en las inolvidables Ojalá que llueva café, El costo de la vida y Visa para un sueño.

El que cumple este objetivo en este disco es Cookies & Cream, que además Guerra construye usando el habla coloquial del dominicano como ya hizo en el pasado con la brillante El Niágara en bicicleta.

Todo tiene su hora también mantiene su tradición de escribir desde el optimismo y el entusiasmo, desde la emoción y la esperanza, incluso cuando habla sobre desamores y desencuentros. Una fórmula que le ha permitido quedarse con tres Grammy de Estados Unidos y 18 Latin Grammy.

De igual forma, el álbum tiene un sabor a familia, ya que Muchachita linda la compuso para su hija Paulina; Dime, Nora mía es dedicado a los más de 30 años que lleva casado con su esposa Nora y algunos videos de este y otros álbumes suyos los firma Jean Grabiel, su otro hijo.

Guerra le gusta compartir estudio de grabación con colegas que admira como en el pasado ha hecho con Rubén Blades y Robi Draco Rosa en Que bonita Luna; Juanes en La calle; Lola’s Mambo con Chris Botti; Frío frío con Romeo Santos...

En Todo tiene su hora repite esa tendencia con su colega y compatriota Johnny Ventura cuando a dos voces interpretan “De Moca a París”. El dueto con el llamado padre del merengue, al ritmo de un perico ripiao, perteneciente al más puro folclor dominicano, está colmado de simbolismos.

Por un lado, Ventura fue en su momento histórico la primera figura del merengue criollo a nivel mundial hasta que llegó precisamente Juan Luis Guerra con su maquinaria imaginativa. Uno representa el pasado de un género con sus letras pegajosas, aunque muchas veces vacuas, y el segundo es la renovación con la presencia de calidad literaria en sus piezas.

Aunque Todo tiene su hora no alcanza la perfección que alcanzó Juan Luis Guerra en discos como Ojalá que llueva café (1989), Bachata Rosa (1990) y La llave de mi corazón (2007, su última obra maestra), sí es un disco funcional que estudia el costado sentimental inherente en todo ser humano, y al final, resumen la meta de su discografía: hacer feliz a los demás.

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