El templo de moda de Panamá

Ubicado en la avenida Central, al frente del parque de Santa Ana, el Bazar Francés fue el almacén de la élite panameña.

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La avenida Central durante la década de 1930-1939.Tomada del libro ‘Santa Ana’, de J. Conte Porras y Enoch Castillero Calvo. La avenida Central durante la década de 1930-1939.Tomada del libro ‘Santa Ana’, de J. Conte Porras y Enoch Castillero Calvo.

La avenida Central durante la década de 1930-1939.Tomada del libro ‘Santa Ana’, de J. Conte Porras y Enoch Castillero Calvo.

Santa Ana durante la década de 1950.Tomada del libro ‘Santa Ana’, de J. Conte Porras y Enoch Castillero Calvo. Santa Ana durante la década de 1950.Tomada del libro ‘Santa Ana’, de J. Conte Porras y Enoch Castillero Calvo.

Santa Ana durante la década de 1950.Tomada del libro ‘Santa Ana’, de J. Conte Porras y Enoch Castillero Calvo.

El Bazar Francés fue uno de los primeros almacenes en ofrecer mercancía para la élite panameña.LA El Bazar Francés fue uno de los primeros almacenes en ofrecer mercancía para la élite panameña.LA

El Bazar Francés fue uno de los primeros almacenes en ofrecer mercancía para la élite panameña.LA Foto por: Jorge Fernández

Con el aumento de la población, ha ido creciendo la ciudad y su extensión.

Se crean nuevas barriadas y almacenes para suplir la demanda de consumo, como lo muestran centros comerciales como Soho Mall, Street Mall y Balboa Boutiques. Antes eran otros almacenes los que recibían las mercancías más anheladas y monopolizaban la actividad comercial.

Por muchos años, el punto de referencia era el barrio de Santa Ana, donde el Bazar Francés no solo cambió la fachada de la urbe, sino que vistió a más de una generación de panameños.

Los inicios

Establecido por emigrantes franceses que llegaron a Panamá a finales del siglo XIX por motivo de la construcción del Canal Interoceánico, Lefevre y su socio Roussel se habían dedicado a la importación de mercancía de Francia.

Al retirarse en 1858, el sobrino de Lefevre, Máximo Heurtematte, tomó control de la firma.

Máximo Heurtematte era un hábil vendedor con una gran visión de mercadeo y un excelente trato con los clientes. Los dueños de la empresa le vendieron las acciones y la razón social cambió a Heurtematte y Cía, pero conservó el nombre del almacén.

Ansioso por abrirse a nuevos mercados, inauguró almacenes en Colón y Colombia, e incluyó la venta y compra de platino y oro.

El motor del bazar

A Roberto Heurtematte Espinosa, nieto de Máximo Heurtematte, se le atribuye haber sido el motor de las renovaciones que tuvo el Bazar Francés.

“Le hace innovaciones, modernizó el negocio familiar y lo constituyó no solo en un lugar de compras de grandes marcas internacionales, sino también en un lugar de encuentro de las damas de la sociedad panameña”, menciona un documento que reposa en el Museo del Canal Interoceánico.

Estuvo encargado de modernizar las instalaciones de la empresa y buscó una ubicación más céntrica. Finalmente, dio con la construcción del edificio en un terreno al frente de la plaza de Santa Ana, donde quedaba el hotel Metropole.

El Bazar Francés se inauguró como tienda por departamentos el 14 de septiembre de 1935. Tenía grandes ventanas que daban hacia la avenida Central.

Con 200 metros cuadrados de terreno, tenía un desnivel natural que se utilizó para construir garajes o un estacionamiento para sus clientes, una idea novedosa para la época en Panamá.

El almacén

Desde que se entraba al bazar se sentían aires de exclusividad.

Tenía fama de poseer mercancía de calidad, respaldada por la reputación que llevaba su nombre. Había departamentos especializados en perfumes, sedas, zapatos, ropa de caballeros y vestidos de damas. Se podía adquirir chalecos de piqué, pantalones de cachemir, perfumes de Roger & Gallet, calzados Emerson y mucho más, luciendo ejemplares de la moda europea.

La sastrería del bazar elaboraba los mejores trajes y vestidos de la sociedad panameña, y era el sitio donde muchas novias iban en busca del traje que lucirían el día más especial de su vida: su boda.

El Bazar Francés era uno de los almacenes que frecuentaban las damas de la sociedad panameña, y se encontraba a escasos metros de las residencias. Era una época en la que no se necesitaba disponer de dinero en efectivo, ya que la mayoría de las familias tenían cuentas en las tiendas más importantes y a medida que iban comprando mercancía, solo tenían que anotarlo en una libreta que se cancelaba a fin de mes.

Cuando se fueron mudando las familias para establecerse en la nueva ciudad de Panamá, muchos de los grandes establecimientos comerciales comenzaron a trasladarse paulatinamente con ellas.

Casi ninguno quedó en el barrio de San Felipe, pero aquellos que pudieron caminar y comprar en el Bazar Francés jamás se olvidarán de aquel prestigioso almacén que estuvo abierto por varias décadas en la avenida Central.

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