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13 sep Adiós a Don Dimas Lidio Pitty, el príncipe de Potrerillos

El escritor chiricano Dimas Lidio Pitty murió ayer sábado dejando una labor importante en géneros como el cuento, la poesía y la novela, obras que le valieron en más de una ocasión el premio nacional Ricardo Miró.

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La obra literaria de Dimas Lidio Pitty era un estudio sobre la nacionalidad panameña y el devenir del ser humano. La obra literaria de Dimas Lidio Pitty era un estudio sobre la nacionalidad panameña y el devenir del ser humano.
La obra literaria de Dimas Lidio Pitty era un estudio sobre la nacionalidad panameña y el devenir del ser humano. LA PRENSA/Archivo

Don Dimas Lidio Pitty, quien falleció la madrugada de ayer en la ciudad de David, era un humanista de principio a fin.

Poeta, novelista, ensayista, cuentista, crítico literario y docente, este chiricano ejerció más de un oficio con un talento indiscutible como lo demuestran los varios premios nacionales Ricardo Miró que obtuvo a lo largo de su carrera literaria.

“El viernes en la tarde fue operado de corazón abierto y murió ayer sábado a la 1:00 a.m. en el hospital regional de David”, detalla Manuel Montilla, pintor y gestor cultural chiricano.

“La profesora Esperanza Martínez P., su esposa, cumplirá el deseo del poeta: cremarlo en Panamá y sus cenizas deberán ser esparcidas en el volcán Barú. Nada de misas protocolarias. En Panamá, la hija del poeta, Tatiana, será la que mandará a hacer una misa solemne”, informa Melva Miranda, integrante de la organización no gubernamental educativa Culturama.

Devenir

El artista, que estaba por cumplir 75 años, nació el 25 de septiembre de 1941 en Potrerillos Abajo, corregimiento del distrito de Dolega, provincia de Chiriquí.

Apareció en numerosas antologías istmeñas, así como continentales y de otras lenguas y latitudes.

Su obra literaria ha sido traducida al inglés, holandés, francés, alemán, polaco, checo y lituano.

Fue miembro de la Academia Panameña de la Lengua y correspondiente de la Real Academia Española. Además, fue miembro fundador del periódico La Prensa.

En cuanto a poemarios, publicó, entre otros, Camino de las cosas (1965); Tres cantos para la paz (en colaboración con Ramón Oviero y Bayard Lerma); El país azul (1969); Memorias del silencio; Crónica prohibida (1979); Sonetos desnudos (1979); Décimas chiricanas (1983); Rumor de multitud (1986); Relicario de cojos y bergantes (1991) y Coplas sobre una esperanza (1992).

En cuento tenía títulos como El centro de la noche; Los caballos estornudan en la lluvia y Recuentos (en colaboración con Pedro Rivera). Tiene novelas como Estación de navegantes (1975) y Una vida es una vida (2002).

En periodismo destacan las obras Realidades y fantasmas de América Latina (conversaciones con destacados escritores del continente, 1976), y Letra viva (encuesta a 29 autores panameños, 1986).

Impresiones

“De don Dimas destaco su gran amor a su terruño, y su constante y permanente amor por la literatura y su 'chiricanidad'. Era el escritor vivo más importante que tenía nuestra literatura. Es una debacle su pérdida. Esperemos que las nuevas generaciones encuentren en sus libros un asidero de nuestro ser panameño”, opina Montilla sobre el escritor que tuvo una sola hija, quien reside en la ciudad de Panamá, de profesión abogada y con dos hijos.

Pedro Rivera comenta que con Huellas en el agua, Dimas Lidio Pitty pensaba que había terminado su carrera literaria, pero siguió escribiendo. Todos los poemas después de Huellas son mucho más de lo que recopiló en esa antología.

“Dimas era un convencido de que la literatura y la lucha por el bienestar de nuestros pueblos eran una sola cosa”, considera otra de sus cercanas, la poeta Consuelo Tomás.

 

Rafael Ruiloba, presidente del Consejo Nacional de Escritores y Escritoras de Panamá, colectivo del que Dimas Lidio Pitty fue su primer líder, recuerda que este autor chiricano también “ayudó a configurar la biblioteca de la nacionalidad y a cimentar la universidad en Chiriquí. Fue un hombre crítico de la dictadura militar y crítico frente a las limitaciones de la democracia que salió de allí”.

Por su lado, la promotora cultural Itzel Cortez, integrante de la organización educativa chiricana Culturama, plantea que como lectora admira que su obra refleja la enorme capacidad que “tenía para escribir literalmente de todo”.

En tanto, Antonio Singh, pintor y promotor cultural, considera que “para la provincia chiricana y para el país es una gran pérdida. Debimos darle más en vida de lo que ahora que ha partido podamos ofrecer”.

 

Memorial de una nación

Grupo de amigos, admiradores y lectores de don Dimas Lidio Pitty comparten su impresión del hombre, su obra y su legado.

Manuel Montilla, pintor y gestor cultural: “Don Dimas era un hombre de campo. Era humilde a pesar de sus tantos viajes y de su obra tan importante. Siempre se mantuvo arraigado a la tierra. Era esencialmente un chiricano. Sus memorias están en sus cuentos y novelas, en su amor por la familia. La última vez que lo vi fue el domingo pasado, cuando participé de una reunión de amigos. Llegamos para animarlo. Estaba muy contento. Fue un momento de compartir. Ahora solo queda la memoria y darle el apoyo a su esposa y a su hija. Lo que resta es sustentar su obra y que Panamá sea consciente del gran legado que nos deja. Hay que motivar a las nuevas generaciones a que encuentren en sus palabras a una patria que está en una etapa bastante oscura. Don Dimas escribía mucho, estaba poniendo en orden todos sus escritos. Él pensaba hacer un balanza al estilo de Huellas en el agua (dos tomos que reúnen su poesía entre 1965 y 2005). Quería poner las cosas en orden. Escribió bastante, cada día. Nos dejó más de 4 mil páginas inéditas, y hay que rescatarlas en alguna medida”.

Cariño y hermandad

Pedro Rivera, poeta, periodista y cineasta: “A Dimas lo conocí en la década de 1960 en la Universidad de Panamá. Era dos años menor que yo, y ese primer día me enseñó un poema suyo para que yo se lo revisara. La amistad comenzó entonces y duró hasta ayer. Nos comunicábamos con mucha frecuencia. Era un hombre muy especial. Tenía pocos amigos. Era una especie de ermitaño. Lo que demuestra por qué se fue a vivir a Potrerillos. Era un hombre enamorado del paisaje chiricano y mucha de su literatura tiene que ver con ese paisaje, con esa vida campestre de la cual se sentía orgulloso. Escribimos un libro juntos, Recuento; cada uno escribió cuatro cuentos y siempre nos colaboramos dentro del quehacer literario. Lo nuestro era un asunto de hermandad estrecha. Yo le presentaba sus libros y él presentaba los míos. Había entre nosotros cariño. Dimas es un pilar de la literatura panameña, es un referente especial y fuerte, no solo en Panamá, aunque en nuestro país se le ha dado poca importancia. Su libro que más me entusiasmó es Los caballos estornudan en la lluvia, aunque toda su literatura es fuerte y sostenida, no hay alzas ni bajas”.

Humor y bienestar

Consuelo Tomás, cuentista, poeta y ensayista: “Él se hacía llamar ' un humilde campesino de Potrerillos', dueño de un sentido del humor extraordinario y una dicción perfecta. Leía sus poemas como si los estuviera escribiendo con las palabras mientras salían de su boca. Gran amigo de sus amigos, que confesaba tener pocos; me privilegio de estar en ese combo. A pesar de que vivía lejos, hacía las visitas telefónicas a menudo. En las últimas manifestaba su preocupación por la operación que le iban a hacer, y reconocía que su salud se había deteriorado. La última vez que lo vi, en enero pasado, nos recibió en su casa y estuvo feliz, éramos un montón de mujeres que lo rodeamos con cariño y nos dio un recital de su poesía, que por fortuna logré grabar. Era un gran coqueto, pero siempre confesada que seguía enamorado de su esposa, Esperanza. No le gustaba el halago, o la zalamería. Se burlaba de eso todo el tiempo. Tenía mucha claridad en sus odios y sus amores, pero conociéndolo, jamás hubiera atentado contra nadie a pesar de ser crítico y analítico de la conducta humana”.

La conciencia nacional

Rafael Ruiloba, novelista, profesor y presidente del Consejo Nacional de Escritores y Escritoras de Panamá: “Don Dimas representa a los escritores que definen la práctica literaria en función de la construcción de la identidad y en función de valores humanistas. Su novela Estación de navegantes configura un perfil de la identidad panameña desde una mirada crítica. Los caballos estornudan en la lluvia nos trae a la raíz y a la idisoncracia de nuestra cultura. En don Dimas se confirma el hecho de que la cultura es la que la salva la conciencia de la humanidad. Dimas era un niño muy pobre que venía con su tío de Chiriquí a vender frutas al Terraplén en Panamá, y su tío lo dejaba a los siete años leyendo en la Biblioteca Nacional, cuando estaba frente a la Asamblea Legislativa, mientras él iba a hacer las labores de su oficio. Allí construyó una personalidad definida por los valores culturales. Hay que poner su obra en valor, nuevamente. Fue un poeta con una cultura clásica y puso su poesía al servicio de las causas de la nacionalidad panameña, pero no como una propaganda política sino como parte de la necesidad de construir la condición del ser panameño y sus circunstancias. Yo también soy oriundo de Potrerillos y teníamos una amistad grande. El viernes le mandé mi libro de sonetos Perfume del universo para que él me santificara, si él decía que era buenos, eran buenos, porque era un marco de referencia de la crítica literaria”.

 

La soledad de la araña

Margarita Vásquez, profesora, escritora y presidenta de la Academia Panameña de la Lengua: “Él escribió siempre tratando de experimentar dentro de la literatura. Por ejemplo, su cuento La noche de las arañas (1977), nos retrata una ciudad desde el punto de vista nocturno, en la que ingresamos a la profundidades de esa ciudad y se escuchan voces, tiempos, lugares, formas, narradores, la prisión, el destierro, el 9 de enero de 1964, homicidas, prostitutas, cine, literatura, la ciudad nocturna como una araña gigantesca, intenta atrapar la multiplicidad de elementos de la ciudad que funcionan como las patas de una araña. Es de 1977, el año de la firma de los tratados Torrijos- Carter. En 1968 escribe la Casa muda, caracterizada por una apretada unidad y coherencia. En Los caballos estornudan en la lluvia su característica es la autenticidad, estar vivo con naturalidad, vivir sin estridencias. En esta obra hay una espera que no es angustiosa, sino que es la espera del nacimiento de la vida”.

Gran pérdida

Antonio Singh, promotor cultural en Chiriquí y pintor: “Fue un gran ser humano, cuando su amigo, el pintor Latouche partió, le causó gran pena. Y lo dejó plasmado en un escrito. Desde que abrimos Casa Cultural La Guaricha, siempre estuvo pendiente de nuestro quehacer, y cuando no nos podía visitar, nos llamaba para saber cómo estaba todo funcionando”.

Itzel Cortez, promotora cultural de Culturama (Chiriquí): “Descubrí su poesía hace tres años cuando en Culturama le entregamos el premio a la Excelencia Cultural Juan B. Gómez Amador, en 2013. Él era todo un contraste. Por un lado, era la sencillez del hombre del campo, ese que ama y conoce la belleza y grandeza de la naturaleza. En sus conversaciones se apreciaba la gran inteligencia y el cúmulo de conocimientos adquiridos. Era un pragmático recalcitrante, sus opiniones eran claras y lo veíamos en su hablar pausado y calmo; una contradicción con el que escribía ardientes y tiernos poemas de amor”.

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