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07 dic Changmarín, voz solidaria

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Era de esos narradores y ciudadanos íntegros. Hombre de respeto dentro y fuera del ámbito literario.

Un campesino que escribía sobre los suyos y lo decía con orgullo; un artista que supo contar las injusticias y los anhelos de los de abajo.

El poeta Manuel Orestes Nieto define a este autor como “uno de nuestros gigantes literarios.  Su vida y obra enaltecen esta tierra ístmica y a su pueblo.  Talentosísimo y orgulloso de sus raíces campesinas, culto, generoso y  leal a su ideología comunista,  Chico hizo inseparable obra, vida y pensamiento”.

Héctor Collado, bardo y cuentista, señala que “cuando se hable de Changmarín habrá que hacerlo en presente, pues se estará  nombrando  a un hombre con todas sus letras. Inobjetable ejemplo de verticalidad y perseverancia”.

“Fiel  a su credo y honrado en sus actos ciudadanos como pocos hijos del istmo. Sus actos contenían sus palabras”, indica Collado.

“Su partida es una gran baja en el corpus de la literatura panameña”, anota el cuentista Carlos Fong.

Para Lil María Herrera, poeta y periodista, era un modelo de ciudadanía. “Nos lega la verticalidad de sus principios patrióticos y políticos que jamás cedió a intereses mercantilistas y politiqueros. Además, su vocación de maestro, que hasta lo último honraba esparciendo semillas para poblar de árboles la tierra y de palabras el alma del pueblo”.

Ariel Barría, novelista y profesor, opina que Changmarín “hacía que uno sintiera orgullo por nuestra tierra, por nuestra historia. Y se va cuando nos quieren despojar de ambas”.

De cigarras y leones

El Instituto Nacional de Cultura creó en 2008 el Premio Nacional de Literatura Infantil Carlos Francisco Changmarín. Un año está dedicado a la poesía y al siguiente al cuento.

La primera versión fue de relatos, y la ganadora fue Gloria Melania Rodríguez con El jardín de Mamá Charo.

Ella recuerda que cuando era niña leyó Las tonadas y los cuentos de la cigarra, de Changmarín, y “sentí honda admiración por esa prosa tan cercana a uno mismo, que quizás percibí así por tratarse de un hombre nacido en mi provincia, Veraguas”.

Luego comprobaría que “en verdad las letras de Changmarín son muy cercanas a cualquier persona, basta que sea de este planeta”.

Todavía no tenía la conciencia suficiente “para entender que aquellas tonadas, en las que hablaban cigarras y caimanes, loros y pericos, no necesariamente eran fábulas”. Con el andar del tiempo, “con otras lecturas, con otras experiencias, vine a entender que aquellas fábulas hablaban del dolor de una patria herida por una afrenta que había generado casi un siglo de luchas por reivindicar a la nación”.

"Hoy el Maestro se ha ido cantando su tonada en la proa, 'en el barco de cristal/ donde la Patria saloma'. Pero la audacia de El León de decir cosas trascendentales basándose en lo más cotidiano, será el legado que seguiremos para llevar a los niños mensajes importantes y lograr en ellos el mismo efecto que él logró en mí", recuerda la escritora.

Un humanista

El poeta Manuel Orestes Nieto lo confirma al decir que Changmarín “construyó una admirable obra literaria, vasta y polivalente: poeta, narrador, pionero brillante del género de la literatura infantil, decimero impecable, compositor y dramaturgo. Ostentó, con humildad, una prodigiosa fertilidad creativa”.

Nieto agrega que el aporte de Chico “a nuestra literatura estará siempre signado por un poder de comunicación que dominó su pluma y su ardiente corazón”.

Orígenes

Changmarín nació en la comunidad de Los Leones (Veraguas) el 26 de febrero de 1922.

Hizo su escuela primaria en Santiago y  en la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena obtuvo en 1943 el título de maestro de escuela primaria.

Mientras que en la Universidad de Chile hizo un año de estudios de pintura.

Consuelo Tomás, poeta y novelista, resalta que Changmarín “adquirió el gusto por la música, escuchando cantar a su madre y el afán, por el trabajo con su padre”.

“Fue un hombre de una sola pieza, fiel a sus convicciones políticas, lector incansable, escritor riguroso,  tolerante con la juventud, hombre compasivo y dulce, que vivía como pensaba”, añade Tomás.

Destaca su vocación docente “para con gente de toda edad y procedencia, y no olvidemos la  familia que crió como una tribu, como un clan en permanente búsqueda de la luz del entendimiento, el arte, el humanismo y la razón”.

“Pocos como él conocen el significado de un canto de un hombre junto al trapiche al filo de la madrugada; de las travesuras de un lucero al florecer la noche y de la agonía de la estrella que palidece”, dijo Dora P. de Zárate en el prólogo de una de las obras de Changmarín, Los versos del pueblo.

Distinciones

Changmarín  recibió el premio nacional Ricardo Miró por los poemarios Punto e’ llanto (1948) y Poemas corporales (1956), así como por el libro de cuentos Faragual (1959) y la novela histórica El guerrillero transparente (1982).

Fue, además, merecedor del Premio Universidad 2002, otorgado por el Consejo Académico de la Universidad de Panamá, y de la Condecoración Rogelio Sinán en  2006, concedida por el Consejo Nacional de Escritores y Escritoras de Panamá.

Obtuvo el premio del concurso literario Rubén Martínez Villena y y la medalla Víctor Jara, ambas por parte de la Central de Trabajadores de Cuba.

También conquistó una mención en el certamen de la revista mexicana “Plural” del diario Excelsior, por el cuento Gallo fuego, gallo gente.

Sin olvidar que varios de sus relatos aparecieron en antologías en España y Cuba.

Una parte de su labor literaria ha sido traducida al chino, el búlgaro, el francés y el ruso.

Publicaciones

Es autor de novelas como En ese pueblo no mataban a nadie (1992) y Nochebuena mala (1995), y de poemarios como Los versos de Muchachita (1974, para niños), Crónica de siete nombres memorables (1974), Versos para entrar en la Zona del Canal (1979), Las tonadas y los cuentos de la cigarra (1987, para chicos), El gallo de las horas (1992)  y La muñeca de tusa (2001).

También se interesó por el cuento, como queda demostrado en Vida en la oscuridad (1964),  Las mentiras encantadas (1997) y Cuentos para matar el estrés (2002).

Entre sus libros de décima destacan: Socabón (1959), Los versos del pueblo (1972) y Cantadera (1995).

Su labor como periodista comenzó con el periódico mimeografiado El Cholo (Santiago de Veraguas, 1951) y su recordada columna “Las famosas cartas a Tula” en el diario Crítica.

¡Ah!, también fue pintor, músico, fotógrafo, dirigente político, docente y autor de canciones como Tío Caimán.

En opinión del cuentista Carlos Fong, el principal legado de Changmarín “fue su amor a la patria. Sus cuentos y poemas son una muestra representativa de cómo se hace patria a través de la literatura. Toda su obra da cuenta de ello. Tenía un profundo amor por la lectura y nuestra tradición oral”.

“Su legado es inmenso, no solo en las obras literarias que dejó. También en su ejemplo de lucha por los más oprimidos”, anota Consuelo Tomás.

Para Lil María Herrera, poeta y comunicadora social,   “es importante resaltar la sencillez y la autenticidad con que se ocupó, a través de la décima y el cuento, de tantos y tantos temas cotidianos, así como  trascendentales como la soberanía de la patria, el Canal de Panamá, la educación y la lucha de los indígenas”.

En opinión de Herrera, la compilación de sus décimas y sus libros de cuentos, como  Las mentiras encantadas, “deben estar disponibles en todas las bibliotecas y librerías del país, por siempre”.

Cuando Consuelo Tomás le preguntaba por su identidad, “él siempre decía lo mismo: soy un campesino. Fue el campesino que declaró alguna vez querer sembrar un maíz en la Zona del Canal.  Creo que sembró todo un maizal en los corazones de quienes lo conocimos”.

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