Venezuela vivió un día histórico este martes 5 de enero. Se instaló una nueva Asamblea Nacional, de mayoría opositora, tras casi 17 años de hegemonía chavista.
Un férreo operativo de las fuerzas armadas impidió que los grupos violentos se acercaran al área del hemiciclo y, salvo incidentes aislados, como el ataque de integrantes de un grupo afín al oficialismo a dos periodistas de La Patilla y un momento tenso durante la sesión, en la que estuvieron a punto de irse a las manos, la jornada transcurrió en paz.
Los discursos, empero, reflejaron el tono de reproche y de violencia que ha caracterizado en los últimos años los debates entre el oficialismo de Hugo Chávez y luego de Nicolás Maduro y los sectores de oposición.
Los primeros insistieron en que era el retorno de una oposición burguesa, que solo rinde cuentas a sus financistas y que aupa la injerencia extranjera, al tiempo que la acusó de querer acabar con todos los programas impulsados por la “revolución”. Los opositores, en tanto, les recordaron que viven en el pasado y que mientras han pelechado por años de la cosa pública el país se ha hundido en una crisis que ha elevado los niveles de pobreza y destruido al país.
La Mesa de la Unidad Democrática había dicho que juramentaría a sus 112 diputados electos y reconocidos por el Consejo Nacional Electoral, sin embargo, la Comisión de Revisión de Credenciales no lo permitió, ya que acogió la decisión del Tribunal Supremo de Justicia de suspender provisionalmente la proclamación y juramentación de los cuatro diputados del estado Amazonas, tres de los cuales son del bloque opositor.
En total, 163 diputados fueron juramentados, 109 de la Unidad y 54 del Gran Polo Patriótico.
Entre los primeros temas de la agenda legislativa están la amnistía para los presos políticos y la reactivación de fábricas y tierras que no están produciendo.




