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01 jun El agua como un derecho humano

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En Panamá, la cultura del agua potable apenas supera el siglo. En Panamá, la cultura del agua potable apenas supera el siglo.
En Panamá, la cultura del agua potable apenas supera el siglo. LA PRENSA/Archivo

La vida en el planeta Tierra es posible porque dos terceras partes de esta esfera azul están cubiertas de agua. Del total del agua en el planeta, 97% es salada, 2% está congelada en los polos y el restante 1% es el agua dulce de lagos, ríos y manantiales que mantienen la vida humana.

Una persona puede estar sin oxígeno solo tres minutos, sin agua tres días, y sin comida hasta tres semanas.

El agua es protagonista de la civilización, por lo que se presenta el gran dilema del suministro y gestión de los cuerpos de agua. Todas las grandes civilizaciones se asentaron cerca de ríos y lagos, desarrollaron sistemas de riego y, en algunos casos, como el de los romanos, desarrollaron impresionantes redes de acueductos. El éxito de esas comunidades dependía, entre otras razones, de su manejo eficiente del agua.

En Panamá, la cultura del agua potable apenas supera el siglo. En casi todo el país, el suministro del agua se resolvía con un viaje al río más cercano o, si se era afortunado, extrayendo el agua de un pozo. En cambio, el agua en las ciudades de Panamá y Colón provenía de un complejo acueducto alimentado por el agua del río Chagres. Ese maravilloso líquido fue considerado por muchos años como la mejor agua del mundo, a la cual se le agregaba flúor para combatir las caries de los usuarios del sistema.

La gestión del agua potable consumida por los habitantes de las dos ciudades terminales era una tarea desarrollada en la Zona del Canal. La razón que fundamentaba el suministro de agua limpia a los panameños correspondía a la necesidad de prevenir enfermedades producidas por agua de mala calidad y de quitar a los mosquitos las facilidades para convertirse en plaga. En esta etapa temprana del siglo XX se formó un pilar de la cultura del agua potable en Panamá: un servicio barato.

Los panameños no pagamos el costo real de la producción y distribución del agua potable. Cuando en la década de 1940 Panamá recibió la administración de los acueductos en las ciudades terminales, el país no tenía conciencia de lo que era pagar por el agua. La política del Gobierno Nacional fue en gran parte del siglo XX hacer pozos o acueductos rurales que distribuyeran agua gratis o a bajo costo. Las personas debían hervir el agua si la iban a consumir o, simplemente, la utilizaban como estaba para sus fines domésticos. Esa cultura fue la principal herencia que recibió el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (Idaan) cuando fue creado por el presidente Roberto Chiari en la década de 1960.

Aquí es importante explicar el segundo desafío más relevante que enfrenta el Idaan. Sin la cultura de agua gratis que estaba ampliamente diseminada, el Idaan tiene como un problema adicional la falta de título de propiedad sobre el agua. Entendamos este punto con mayor claridad. Por ejemplo, todo lo que tenga que ver con el espacio aéreo panameño le compete a la Autoridad de Aeronáutica Civil. Igualmente, todo lo relativo a turismo, le compete a la Autoridad Panameña de Turismo. En el caso del agua, existe un conjunto de agencias gubernamentales con distintas atribuciones y criterios para usar el agua. Así tenemos al recientemente creado Consejo Nacional del Agua, al Consejo Nacional de Desarrollo Sostenible, al Ministerio de Ambiente, al Ministerio de Salud, al Ministerio de Desarrollo Agropecuario, a la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), a la Autoridad de Servicios Públicos, a la Autoridad de Recursos Acuáticos de Panamá y, por supuesto, al Idaan. En la práctica este enredo ha perjudicado la viabilidad de la institución y, por lo tanto, ha afectado la calidad de los servicios del suministro de agua potable en el país.

Existe un derecho humano al agua, como lo reconoció el 28 de julio de 2010 mediante la Resolución 64/292, la Asamblea General de las Naciones Unidas, que explícitamente afirmó que hay un derecho humano al agua y al saneamiento, y que dicho derecho humano es clave para la realización de todos los demás derechos humanos.

Un derecho humano es intrínseco a cada persona. Por lo tanto, es inalienable y el costo de la realización y pleno cumplimiento de ese derecho no puede estar a cargo del individuo. ¿Cómo se aplica esto al caso del agua? Esto implicaría que en Panamá cada persona debería tener un acceso equitativo al agua potable. Para cumplir con este propósito, la gestión del agua potable debería tener un esquema unitario, en otras palabras, el encargado de todos los asuntos relativos al agua en Panamá tendría que ser una sola entidad. Como se estaría priorizando el agua para el consumo humano, esta entidad debería ser el Idaan.

Actualmente, el Idaan tiene un importante déficit operativo y una larga lista de proyectos para ampliar la red de distribución de agua potable. Los políticos de distintas banderas han limitado la capacidad del Idaan de cobrar el costo real del agua a aquellos usuarios de gran tamaño, con lo cual el Idaan estaría en mejores condiciones económicas para proveer una dotación mínima de agua potable para todas las familias, totalmente gratis.

Si se cambia la titularidad de los derechos de propiedad del agua hacia el Idaan, empiezan a suceder cosas maravillosas para los estados financieros de la institución. Por ejemplo, el Idaan le paga más de 40 millones de dólares al año a la Autoridad del Canal por el agua que consumimos casi 2 millones de habitantes. Al cambiarse el título de propiedad, la ACP le tendría que pagar al Idaan por el agua dulce que se usa para cada tránsito por el Canal de Panamá. Digamos que se cobraran 5 mil dólares por tránsito, la ACP debería pagarle al Idaan 70 millones de dólares al año. Si, además, descontamos los 40 millones que el Idaan paga, los estados financieros de la institución mejoran sus ingresos por 110 millones de dólares.

Con el cambio del título de propiedad sobre el agua, el Idaan sería el socio de las principales hidroeléctricas del país: Fortuna, Changuinola 1 y Bayano. Las utilidades para el Idaan podrían ser de otros 70 millones de dólares al año. Los grandes usuarios del agua como cervecerías, embotelladoras de soda y comercializadoras de aguas pagarían una sobretasa. Además, las empresas que generan energía con fuentes térmicas tendrían que pagar más por el agua que utilizan para enfriar sus equipos. Haciendo un ejercicio especulativo, digamos que todo lo anterior produce otros 70 millones de dólares más para el Idaan. El resultado sería de 250 millones en nuevos ingresos. Esto sin incluir novedosas líneas de productos para distintos segmentos, tales como agua embotellada, plantas desalinizadoras, programas de riego agropecuario, exportación de agua, por solo mencionar algunos ejemplos.

¿Cuál es el impacto sobre las mayorías de las familias?

La teoría económica nos dice que lo que no nos cuesta lo hacemos fiesta y, por lo tanto, esto produciría despilfarro. Por un lado, el agua de consumo humano para uso familiar estaría siendo pagada por los impuestos a cervezas y sodas, aguas embotelladas y otros productos que pagarían sus costos reales por el consumo del agua. Esto pudiera considerarse una forma de clientelismo y de paternalismo al entregarse agua gratis a la mayoría de la población. En realidad esto es una inversión en la calidad de vida de la gente que se enfermará menos, comerá mejor, tendrá mejores condiciones sanitarias y por lo tanto mayor productividad. Una persona enferma es una carga social para su familia y representa un alto costo para la economía. Al subirle los impuestos a las cervezas y a las sodas, se disminuirá su consumo, lo que ayudará también a la salud. La disponibilidad de nuevos recursos para el Idaan ayudará a combatir las fugas de agua y garantizar un mejor servicio, mejorar su fuerza de trabajo y actualizar su modelo administrativo.

Despedazar al Idaan y a los servicios de agua y saneamiento para tercerizarlos o para otorgar jugosas concesiones es darle la espalda al derecho humano del agua y del saneamiento. En la mayoría de los países los Estados o los municipios son los que asumen la tarea de suministrar agua a su población. Esto es así porque se ha entendido que el agua no es un negocio, sino un bien público que debe estar disponible para todos.

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