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04 dic Los juegos del hambre: en llamas: batallas políticas

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Los juegos del hambre: en llamas, vista de reojo, es otra película industrial en serie para un público joven. Y lo es, pero tiene más de un mensaje subversivo, algo que ese sector de Hollywood acostumbra a no financiar.

Esta cinta denuncia cómo los países utilizan lo banal como una manera de distraer a los pueblos y así desviarles su atención de los problemas urgentes: la falta de libertad y de justicia, la ausencia de democracias reales, la corrupción...

Pone al descubierto a un autócrata que desprecia a la clase trabajadora, los que son disminuidos a una escoria sucia, marginada, pero necesaria.

Un régimen que busca guerreros de todas las edades y razas para que sean una aspiración ficticia entre los suyos de que sí se puede ascender a una escala de élite, que casi ninguno de los sectores más deprimidos en lo económico podrá alcanzar, salvo que cada año uno de sus miembros sea elegido para representar a su distrito en una competencia que los lleva a matar a sus semejantes en los Juegos del hambre (su solo título lo dice todo).

Este largometraje es una crítica a los medios electrónicos que ayudan a los poderosos a modificar la realidad y que acaban con el concepto de privacidad individual y grupal.

Además, deja al desnudo el peligro de la vigilancia global sin control y a los gobiernos que minan las acciones y los sueños de la mayoría.

Cuatro aspectos

Cuatro certezas sobre Los juegos del hambre: en llamas: es superior a su antecesora, su estructura es repetitiva, está compuesta por dos películas en una y le gana a Twilight.

Primero. Pocas veces una secuela hecha en Holywood ofrece más precisión y está más pulida en forma y fondo que la entrega original.

Dos. Es mejor que la cinta estrenada en 2012, pero es igual en su esqueleto argumental. Verla es como ir por segunda vez a la misma divertida montaña rusa.

Claro que da miedo y uno quiere volver a sentir la emoción, pero uno ya sabe en qué curvas va a temblar. La estructura de ambas es parecida: una primera parte de conflictos familiares y grupales y la otra son los ciclos de alianzas, traiciones y peleas.

Tres. Su primer tramo es un bien intencionado drama con un contenido que deja entrever la horrible sociedad global actual. Este segmento ofrece más de un discurso ideológico a través de sus parlamentos y escenas.

Por eso, el espectador entusiasta, más pendiente de las batallas que de las ideas, puede que lo considere largo y lento. La otra parte es de acción cuando comienza un nuevo ciclo de combates, esta vez entre los mejores ganadores de los Juegos del hambre.

Obviamente, es más dinámica, aunque debió ser más intensa, si tomamos en cuenta que era una batalla letal entre los mejores guerreros de los 12 distritos.

Cuarto. Los juegos del hambre pertenecen al subgénero temático de adaptaciones de libros para jóvenes. En este renglón deja atrás a casi todas las entregas fílmicas de Harry Potter (salvo dos que son admirables) y, definitivamente, vence a todas las visitas de Twilight a la pantalla grande, aunque el triángulo amoroso que aparecen entre los luchadores y los vampiros, hombres lobos y una mortal decepciona un tanto.

¿Les gustó más la primera o la segunda entrega de Los juegos del hambre? ¿Algún parecido su contenido con la política regional o nacional?

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