ANIVERSARIO. EXPOSICIONES Y ACTOS EN EL CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE SARTRE.

El intelectual incómodo

Jean-Paul Sartre fue el padre del existencialismo y el modelo a seguir tras la Segunda Guerra Mundial.

Los críticos de su obra señalan su capacidad para equivocarse en el terreno político.

MITO. La que fue pareja ideal de Europa, Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, aparece en una recepción en París en 1974. MITO. La que fue pareja ideal de Europa, Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, aparece en una recepción en París en 1974.
MITO. La que fue pareja ideal de Europa, Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, aparece en una recepción en París en 1974.

Los mitos no se entierran, se esconden, son exiliados o pasan de moda. Jean-Paul Sartre es uno de esos mitos incómodos que, para escozor de sus muchos detractores, se resiste a desaparecer del imaginario intelectual de Occidente. Ayer se cumplieron 100 años desde su nacimiento, y el 15 de abril se conmemoraron los 25 años desde que muriera ciego y descompuesto. La ocasión ha provocado tanta polémica como su vida y su compulsiva obra.

Un EJEMPLO

Aunque parezca sorprendente, el mito de los jóvenes franceses y europeos de los años 50 y 60 era feo, bizco, alcohólico, consumidor de anfetaminas y polémico al extremo. Sartre fue el ícono de la cultura europea después de la Segunda Guerra Mundial y el padre del existencialismo: "Estamos condenados a ser libres".

La condena también le afectó a él. La libertad la conjugó en todas sus formas, hasta en la libertad de equivocarse. Se equivocó al divulgar a los cuatro vientos la libertad absoluta del régimen de Stalin en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, en los pronósticos del triunfo del marxismo, en su posterior apuesta por el maoismo...

Esos errores han sido el combustible de los ataques de sus enemigos , de aquellos que, durante las últimas dos décadas, enterraron su herencia y lo declararon un "impostor", un "pensador pasado de moda", un anatema sin derecho a los anaqueles de las librerías. Francia, su país, lo ha negado y ha buscado la manera de deshacerse de su ácida crítica.

La historia lo explica todo. Cuando los franceses trataban de reconstruir su orgullo maltrecho tras la gran guerra -con un popular programa radial llamado Ustedes son formidables-, Sartre les recordaba desde las ondas todos los errores y defectos de Francia. Cuando se le concedió el premio Nobel de Literatura (1964), se negó a recibirlo. Cuando los jóvenes tomaron las avenidas de París en mayo de 1968, Sartre se apresuró a subirse al estrado callejero y denunciar el aletargado sistema educativo.

Cuando Europa trataba de reconciliarse consigo misma, Sartre le ponía el espejo de la realidad y recordaba que cada hombre es quien decide ser, pero que su libertad "depende enteramente de la libertad de los otros". "No sería extraño que la marginación del pensamiento sartreano forme parte de una estrategia para adormecer la mala conciencia y falsificar nuestra biografía de modo que podamos engañarnos pensando que somos impecablemente formidables", escribe el filósofo José Pardo.

Recuerdo polémico

Ahora, en medio de estas barricadas ideológicas, el centenario del natalicio del filósofo, ensayista, dramaturgo y militante político, ha provocado una moderada avalancha de publicaciones y encuentros alrededor de su obra. Quizá el evento más importante es la exposición "Sartre y su siglo" que se muestra en la Biblioteca Nacional de París. La exposición navega con habilidad entre el mito y la realidad, pero también es una muestra de los tiempos que vivimos, menos auténtico quizá que los del propio Sartre. El cartel que divulga la exposición utiliza una fotografía del intelectual, pero por obra y gracia de lo políticamente correcto se ha eliminado el cigarro que Sartre sostenía en su mano (uno de los 50 que se fumaba al día).

La revisión de la obra y de la figura del filósofo es tan pasional como fue su vida. Para algunos El ser y la nada (1943) sigue siendo una obra maestra, como La Náusea (1938) o Las Palabras (1963). Esos mismos respiran con el recuerdo de la revista Les Temps Modernes y siguen bebiendo el vino del Café Flore en París... Para otros, sólo es la enrevesada herencia de un ser enfermizo y contradictorio que siendo el padre del existencialismo odiaba a los existencialistas, que abandonó la creencia en la libertad individual para abrazar el socialismo real, o que veía en Estados Unidos un modelo democrático de futuro pero que se negó a viajar allá por razones políticas.

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