7 de Noviembre

Ramón Díaz dirigió la Unidad Especial del Servicio Anti-Terror (UESAT) hasta el 7 de noviembre de 1989, cuando fue transferido a un destacamento en Soná, provincia de Veraguas. Dentro de la tropa, la medida fue considerada un castigo: el cuartel de Soná generalmente estaba al mando de un sargento o subteniente; Díaz tenía rango de capitán.

Las razones para semejante humillación castrense hay que encontrarlas en el fallido golpe de aquel 3 de octubre. A Díaz se le cuestionó porque no acudió al auxilio de Manuel Antonio Noriega, pese a que la sede de la UESAT estaba en isla Flamenco, Amador, relativamente cerca del cuartel central de El Chorrillo. Apareció con Noriega ya a salvo, después que Moisés Giroldi y el resto de los alzados habían depuesto las armas, y por eso siempre se especuló que tenía alguna simpatía o afinidad con los golpistas.

Ni siquiera haber sido uno de los que baleó a Giroldi en el cuartel de Tinajitas lo libró de aquellas sospechas.

El propio Díaz reconoció su participación, durante la audiencia por el homicidio de Giroldi, en el Segundo Tribunal Superior de Justicia. Ante un jurado de conciencia -el mismo que a la postre lo absolvió-, dijo que actuó siguiendo órdenes superiores y que Heráclides Sucre –jefe de la compañía de infantería Los Pumas- lo amenazó con una metralleta Uzi; si no obedecía, pagaría con su vida.

“Nadie pudo evitar esa muerte. Lo único que puedo decir es que nunca tuve la intención de asesinar a Giroldi, por eso disparé en el costado”, relató Díaz, en la audiencia celebrada en junio de 1994. Ana Belfon, actual procuradora general de la Nación, fue su abogada defensora.

Según el testimonio de Díaz, estuvo toda la noche del 3 y la madrugada del 4 de octubre interrogando a Giroldi por orden de Noriega, junto con Heráclides Sucre, Camilo Vega –jefe de la compañía de antimotines Centuriones-, el teniente Clovis Sinisterra y Lucinio Miranda, subjefe del Departamento Nacional de Investigaciones (Deni). En todo momento, Giroldi clamó tener un acuerdo con Noriega, en el que éste le prometía respetar su vida y la de su familia. Pero en Tinajitas, nadie le hizo caso.

Al concluir el interrogatorio, Giroldi recibió la orden de dirigirse a un automóvil, pero antes de llegar, Sucre “lo barrió” por la espalda con una ráfaga de su subametralladora Uzi, “desde una distancia aproximada de tres o cuatro metros”.

Ramón Díaz Ramón Díaz

Díaz contó que el capitán cayó sobre su costado izquierdo. “Acto seguido Sucre me gritó ‘Díaz, ven dispara ahuevado”. Confesó que le disparó sobre el omoplato izquierdo.

Muerto Giroldi, cada uno se retiró a su cuartel. Díaz se mantuvo en la base de la UESAT en Flamenco y tres días después, fue transferido a la escuela Panajungla en Teribe, Bocas del Toro. Al mes fue desterrado al cuartel de Santiago, donde lo sorprendió la invasión estadounidense del 20 de diciembre.

En 1994, Díaz, Miranda y Vega fueron absueltos por el homicidio del capitán Moisés Giroldi. Noriega y Sucre fueron condenados cada uno a 20 años de prisión.


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