Francisco Rodríguez fue el último presidente de la dictadura militar. Su periodo se extiende del 1 de septiembre al 20 de diciembre de 1989. La Prensa/Archivo
El fracaso del golpe del 3 de octubre y el escarmiento al que fueron sometidos los alzados sirvió para que Manuel Antonio Noriega consolidara su poderío dentro de las filas de las Fuerzas de Defensa y del maltrecho aparato gubernamental.
Ello trajo consigo que se desfigurara el papel –ya de por sí casi protocolar- que representaba Francisco Rodríguez, el contralor general devenido en presidente “provisional” de Panamá.
Rodríguez fue el presidente improvisado ante la decisión del Tribunal Electoral (TE) de anular las elecciones del 7 de mayo, luego del evidente triunfo de la nómina opositora encabezada por Guillermo Endara Galimany. El Consejo General del Estado consideró que éste ingeniero de profesión de 50 años de edad era el indicado para remplazar al "ministro encargado de la Presidencia" Manuel Solís Palma a partir del 1 de septiembre. Y así fue: le eligieron de a dedo y la decisión fue comunicada en un acto transmitido por las televisoras.
El día del golpe de Giroldi, Rodríguez se encontraba en Nueva York para representar a Panamá en la Asamblea Anual de la Organización de Naciones Unidas (ONU).
Su ausencia del país y que la proclama que leyeron los golpistas contemplara su permanencia en el cargo hasta que la Organización de Estados Americanos (OEA) organizara unas nuevas elecciones, convirtieron a Rodríguez en una figura sospechosa para el Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa.
Tampoco ayudó que en las primeras horas del golpe guardara un prudente silencio, en lugar de aprovechar la exposición que le daba la Asamblea de la ONU para denunciar el atentado a Noriega ante la comunidad internacional.
Los militares tenían reservada una humillación pública para Rodríguez: el 15 de diciembre, la Asamblea Nacional de Representantes de Corregimiento –que había remplazado a la Asamblea Legislativa- invistió a Noriega como jefe de Gobierno, “con todas las responsabilidades que ello conlleva”.
Casi 20 años después, Noriega haría una particular exposición de lo que él consideraba era el sistema de Gobierno panameño en los 80.
El 29 de junio de 2010, durante el juicio por blanqueo de capitales que se le siguió en París, Francia, Noriega tomó la palabra para explicar que la Constitución panameña permitía al presidente “político” compartir el poder con el “mando de las Fuerzas Armadas”. Las dos partes –siempre según su testimonio- trabajaban “en equipo”.
“El papel del presidente era un papel administrativo… debidamente coordinado con las Fuerzas Armadas”, remarcó.
Se podía decir más alto, pero no más claro.
Manuel Solís Palma era el "ministro encargado de la Presidencia". Aquí con Noriega y Yolanda Púlice de Rodríguez, la presidenta del Tribunal Electoral que el 10 de mayo de 1989 anunció la nulidad de las elecciones del 7 de mayo de ese mismo año.
http://mensual.prensa.com/mensual/contenido/2010/06/30/hoy/panorama/2246207.asp
