Alcanzamos por fin los tratados

Alcanzamos por fin los tratados
Alcanzamos por fin los tratados

En sus afanes por conseguir los fines que se propuso, algunos de carácter histórico, Panamá no se dio tregua ni advirtió límites en el horizonte. Torrijos y miembros de su equipo viajaron incansablemente, y de la mano de Tito de Yugoslavia inscribió nuestro país en el Movimiento de Países No alineados. Fortaleció los vínculos con países del Caribe afroantillano como Jamaica, Grenada, Guyana, Trinidad-Tobago y otros, y logró que presidentes como Alfonso López Michelsen de Colombia, Daniel Oduber de Costa Rica y Carlos Andrés Pérez de Venezuela adoptasen como propias las luchas de Panamá por un tratado justo. Echeverría y López Portillo de México, Juan Domingo Perón de Argentina, Adolfo Suárez de España, Helmuth Kohl de Alemania, Olof Palme de Suecia y muchos otros de Occidente y Oriente, respaldaron a Panamá.

Al haber sido elegido como presidente de Estados Unidos en noviembre de 1976, Jimmy Carter envió una comisión encabezada por Sol Linowitz, prestigioso abogado de Nueva York, para que viajase por diversos países de América Latina, con el fin de afianzar las relaciones y detectar problemas.

A su regreso, Linowitz le contó las impresiones de cada país y afirmó que varios de estos habían señalado la necesidad de que Estados Unidos le hiciese justicia a Panamá. Carter le pidió a Linowitz que participase junto con Ellsworth Bunker en las negociaciones del Canal que llevaban varios años de trabajos, pero sin resultados concluyentes ni definitivos. El jurista neoyorkino le dijo al Presidente que él no podría, pues para el mes de agosto tenía compromisos profesionales que asumir. Si es por eso no se preocupe que para agosto de 1977 tendremos listos los tratados, le respondió Carter.

No es que los negociadores panameños conociésemos los procedimientos norteamericanos en materia de conversaciones sobre temas delicados. Al ver que no avanzábamos mucho en la mesa de negociaciones ubicadas en el Departamento de Estado, decidimos solicitar un encuentro privado a los negociadores Bunker y Linowitz.

Ellos escogieron como sitio un club localizado en la calle H. Les expusimos que había una serie de temas que teníamos que plantearles, pero antes deseábamos saber hasta dónde podrían llegar ellos en sus respuestas, con el fin de ahorrar tiempo y saber también dónde estábamos parados. Bunker, con el movimiento afirmativo constante de la cabeza de Linowitz, nos dijo que esa reunión no la consideraban como efectuada. Sería muy peligroso que se enterasen en el Capitolio que ellos nos habían indicado cuáles serían las concesiones y cuáles las negaciones, y que todo lo que deseásemos plantear tendría que ser en los encuentros grabados en el Departamento de Estado. Comprendimos y nos dedicamos a charlar sobre los plenilunios y el sabor del sirope natural de arce en Vermont y la azarosa vida de Alexander Hamilton, a quien había matado en duelo Aron Burr. Los imperios son malamañosos, me decía Rómulo al término de la reunión.

En el mes de junio, Gabriel, que ya entraba en la Casa Blanca como en su casa, nos llevó a una reunión con el presidente Carter. Estaban allí los negociadores norteamericanos, y entre ellos los panameños, les hicimos un resumen del estado de las negociaciones, especialmente un recuento de lo acordado. Al final de la sesión, Carter se nos acercó y bajo el marco de la puerta del salón, luego de hacernos un reconocimiento por nuestro trabajo, nos dijo estas palabras que nunca he olvidado: “Please, be generous with us”, es decir, “por favor, sean generosos con nosotros”. Esa frase fue motivo de hondas reflexiones por nuestra parte, y concluimos que nos estaba sugiriendo que no fuésemos demasiado exigentes.

Tiempo después, cuando se alcanzaron los acuerdos y los tratados fueron llevados a la colina del Capitolio, comprendimos la profundidad de la petición presidencial. Carter desplegó todos sus esfuerzos y llamó a todos los senadores para convencerlos de que diesen su voto afirmativo y le hiciesen justicia a Panamá. Fue una tarea ardua y muchas veces imposible, pues muchos habían crecido con la idea de que Estados Unidos había construido, pagado y defendido el Canal y, por ende, no podía ni debía desprenderse de un bien tan valioso militar y comercialmente.

Los tratados estuvieron listos el 13 de agosto de 1977, Linowitz volvió a sus obligaciones profesionales y los tratados fueron ratificados por un voto en 1978. Quisiera aprovechar estos comentarios para expresar que profesionales muy valiosos al servicio del Departamento de Estado colaboraron en la redacción final de los tratados Torrijos-Carter. Me refiero a tres de ellos principalmente, Ambler Moss, quien luego fue embajador en Panamá y se ha dedicado a las tareas universitarias y de investigación en Florida; Gerry Chester, excelente abogada; y Michael Kozak, quien luego desempeñó puestos importantes en el servicio exterior de su país e intervino como mediador para solucionar la crisis entre Estados Unidos y Panamá en los tiempos de Noriega.

Fue una tarea colectiva, realizada con la esperanza de que los tratados repararían años de conflictos y con la confianza puesta por Estados Unidos en que nadie podría administrar el Canal de Panamá mejor que los panameños.

FUENTES

Editor: Ricardo López Arias.

Autor: Aristides Royo. Expresidente de la República, negociador de los tratados y miembro de la Academia Panameña de la Lengua.

Fotografía: Fundación G. Lewis Galindo. Colección RLA/AVSU

Comentarios: raíces@prensa.com

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