México empezará a probar una nueva arma contra la violencia: lentes para que los niños vean bien y no abandonen la escuela antes de tiempo por problemas de aprendizaje.
El gobierno del presidente Enrique Peña Nieto quiere algo más que helicópteros artillados y fusiles para restablecer la seguridad: busca impulsar orquestas juveniles, caravanas culturales, actividades deportivas, talleres e infraestructura urbana.
En un país donde una tercera parte de la población tiene menos de 14 años y muchas madres son jefas de familia y pasan jornadas completas fuera de casa, las redes criminales tienen en los jóvenes un semillero de sicarios.
La nueva estrategia contra el crimen, el Programa Nacional para la Prevención Social de la Violencia, pretende erradicar las causas que lanzan a muchos jóvenes a los brazos de la delincuencia: deserción escolar, violencia intrafamiliar, desintegración social, desempleo, un futuro sin perspectivas. “Estamos obligados, y así lo vamos a mantener, a poner el énfasis en que lo que nos toca es cambiar las condiciones sociales de la gente. Esa es nuestra lucha”, resumió el subsecretario de Prevención y Participación Ciudadana, Roberto Campa Cifrián, responsable del programa.
En los últimos 6 años hubo unos 70 mil muertos, 150 mil desplazados y miles de desaparecidos en hechos relacionados con bandas criminales, según datos oficiales y de organismos de derechos humanos como Amnistía Internacional.
Los muertos en gran parte eran jóvenes y muchos tenían menos de 10 años en 2006 cuando el anterior presidente, Felipe Calderón, inició un gran despliegue militar que tuvo como efecto indeseado que los cárteles redoblaran la violencia.
