Para el cineasta español Pablo Berger, su filme Blancanieves le ha permitido entrar con paso firme en el mercado latinoamericano.
Su mayor atractivo quizás sea su historia gris y la emotividad que provoca, o toda la “españolidad” que se desenvuelve durante su trama silente. Ciertamente, “es una película muy diferente al resto de las que están en las salas”, aseguró el realizador vasco en entrevista con este diario.
Para Berger, su filme mudo rompe con los prejuicios establecidos en torno a lo que es o no es comercial.
“Muchos pensaron que Blancanieves no era un proyecto viable porque no iban a recuperar su inversión, cuando ha resultado ser lo contrario”, dijo.
Más que una condición fílmica, Berger mira el cine mudo como una opción o una nueva paleta que permite a los realizadores desarrollar con mayor libertad.
Otras cintas contemporáneas como The Artist (2011) o Tabú (2012), aunque esta última no sea silente en su totalidad, han sido en opinión de Berger un llamado de atención a la industria sobre el “hablar por hablar” en la trama, y un recordatorio sobre la importancia de la imagen como expresión artística.
“Es un recurso que sí volvería a utilizar”, aseguró el director, quien además explicó que es una condición ya presente en sus otras películas suyas (Mamá y Torremolinos 73), aunque no con la misma rigurosidad de Blancanieves.
Para el director nacido en Bilbao, los sonidos, la música y los pequeños detalles son los recursos clave que complementan mejor una historia. Estas “soluciones visuales” como las califica, quizás encuentran su inspiración en el cine mudo europeo de 1920, su época favorita según detalló.
Algunas cintas como Napoleón del francés Abel Gance (1927) y La carreta fantasma de Víctor Östrom (1929) se encuentran entre sus filmes predilectos.
“Apostar por películas diferentes” es un tema de importancia para Berger en la industria cinematográfica, quien además asegura que en América Latina se está produciendo una gran ola de cambio con respecto al cine que hoy produce.

