CONTRAPUNTEO: Ayuda en la formación

Soy partidaria de la línea del conductismo, ya que mi trabajo tiene relación con seres que realmente debes modificarles sus conductas para lograr un mejor funcionamiento y adaptación a su medio social (Trastorno Asperger y Trastorno Autista).

Considero que el castigo tiene varios matices en relación con su aplicación, es una sanción o una pena impuesta a alguien que no se ajusta a las normas correctas de su entorno, causando molestias y reacciones inadecuadas a las demás personas. Como resultado se ejecuta una acción. Que “NO” debe ser física, como sería el maltrato físico corporal de pegar.

Como madre he practicado castigos a mis hijos con un sentido de modificar conductas más que sancionar estas. Recuerdo que mi hija mayor por el nacimiento de su nueva hermanita desarrolló una gama de conductas inadecuadas que nadie en el colegio podía controlar, fue al psicólogo y aún persistían sus conductas, entonces como castigo la cambiamos del colegio al que acudía a uno público.

Esta actividad no era gratificante para ella, pero así terminó su mala conducta. Como padre debes buscar soluciones a las conductas, ya que si las permites, cuando sean adultos no se ajustarán a su medio. Hoy ella es una excelente maestra en Canadá; graduada en dos prestigiosas universidades .

Igual con mi hijo, de niño aplicamos castigos de tiempo fuera, lo recluimos negándoles permisos para hacer una actividad divertida cuando presentaba conductas de berrinches.

También en su colegio le aplicaban castigos de detención en recreos y salidas, tareas extras. Sin embargo, hoy es un profesional graduado en economía en una universidad en Toronto.

Comparto el castigo con amor, siempre que le expliques al niño por qué aplicas estas acciones de castigar, a la vez que gratificamos siempre su buena conducta. De adulto si llegas tarde a tu trabajo te castigan quitándote parte de tu salario, si no eres eficiente te castigan sin ascensos o perdiendo tu estatus laboral.

Debemos preparar al individuo para funcionar en una sociedad normal y no a la medida de los antojos y caprichos de los niños. Finalmente, la sociedad no es tolerante con los inadaptados socialmente. Estos pagarán un precio muy alto a la excesiva tolerancia de sus padres.

La autora es doctora en ciencias de la educación con orientación en educación social y desarrollo humano.

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