La boda es importante en la vida de cada pareja, por lo que es necesario pensar y tomarse el tiempo necesario para decidir aquellos aspectos relevantes a la hora de realizar este evento.
Las bodas de noche siempre se han caracterizado tener un toque más formal.
La novia comienza su día especial con un buen desayuno, programa un masaje relajante y tiene suficiente tiempo para que su estilista la llegue a arreglar y estar tranquila para la sesión de fotos.
Una novia que se casa en la mañana debe empezarse a arreglar desde muy temprano, lo que trae como resultado menos tiempo para estar relajada antes de la boda, posiblemente una sesión de fotos corta antes de salir para la iglesia.
Lo que muchos no toman en cuenta es que un evento que se inicia de día no siempre acaba temprano, es por esta razón que las bodas que tratan de economizar en menús tipo desayuno o brunch (desayuno-almuerzo), además de economizar en otras cosas como el tipo de bebidas a ofrecer, se ven en la situación de pasar de ser de día a continuar por la noche. Por lo tanto, el resultado es un alto consumo final de licores, descorche, horas extras que cobra el hotel por el uso del salón, etc.
¿Y qué tal que nuestros invitados sean aquellos parranderos incansables que luego piensan que se seguirá hasta la cena? Puede que sean invitados con mucha más energía para la fiesta en el día que en la noche, cuando el sueño o el cansancio de toda una jornada les llega.
Por otro lado, puede optarse por la realización de eventos que no comiencen tan temprano sino más bien en la tarde (4:00 p.m.) en el que pueden disfrutar de un lindo atardecer y luego una cena. Como es el caso de bodas que se hacen en las playas o en lugares como El Valle de Antón, en donde el atractivo de su buen clima hace agradable que se tenga una boda en la tarde y que continúe hacia la noche.
(La autora es coordinadora de bodas).
