El puente entre el ayer y el hoy tiene un representante: el abuelo y la abuela, que son la intergeneracionalidad, una clase de unidad entre la etapa de la niñez y las personas de edad avanzada, intercambiando experiencias, ayudando a enseñar a los nietos valores y educándolos y apoyándolos en su socialización.
Cuidar a los nietos les permite a los abuelos y abuelas, recuperar su ternura.
Los abuelos y abuelas de hoy son diferentes: trabajan, son más jóvenes, están más actualizados y se les facilita vincularse afectivamente a sus nietos, transmitirles las costumbres familiares; son el vínculo con la historia familiar, con las raíces.
Deben ejercer autoridad, pero recordando que no son los padres, sino respetando los límites, evitando celos y conflictos.
Lo que hace único el apoyo de los abuelos y abuelas, al cuidar a sus nietos, es la alegría que dan, al recoger la segunda cosecha (los nietos), sin la ansiedad y responsabilidad de equilibrar el agobio que tienen los padres de dejar a sus hijos con extraños.
El abuelo y la abuela saben escuchar sin prisas y son la comprensión en cualquier crisis. Comparten experiencias con besos, mimos y abrazos.
No le tengamos miedo al amor que no malcría, sino que se necesita en este siglo XXI, tan escaso de cariño y afectos.
Confianza en la convivencia y respeto mutuo, cuidado y amor es igual a intimidad familiar. La autora es directora fundadora de la Universidad del Trabajo y la Tercera Edad.
